Perfil

Hoy cumple 90 años, Clint Eastwood el héroe (y el maestro) más viejo del mundo

Nació el 31 de mayo de 1930 en San Francisco y hoy es una de las estrellas más longevas del cine mundial

Clint Eastwood, spaghetti western
Clint Eastwood en tiempos de spaghetti westens

Una de las combinaciones genéticas más logradas en la historia de la humanidad, Clint Eastwood no podía ser otra cosa que una estrella de cine. A pesar de sus limitaciones actorales confinadas a un gesto con dos variantes, se ha convertido, en una de las estrellas más perecederas y reconocibles de los últimos 60 años en el cine mundial

Eastwood no consiguió eso con una cara bonita y un solo mohín: en los últimos 30 años se volvió un director de un talante y un talento comparables con los canónicos de la tradición clásica americana. Al cumplir hoy 90 años, además, es seguramente el director (y actor y productor) más longevo de los que están en actividad.

Es cierto que, con malicia, uno puede pensar en que Eastwood ha sido un hombre afortunado. Esa es una excepcionalidad que a los biógrafos maliciosos les encanta destacar junto con su debilidad por los encantos femeninos y cierto desdén egocéntrico hacia los demás. Una biografía en especial, la de Patrick McGilligan (disponible en librerías), dedica particular ahínco a esa faceta.

Pero, vamos, algo de suerte hay. Oriundo de San Francisco, donde nació el 31 de mayo de 1930, pasó su conscripción lejos del frente y cerca de casa. A la vuelta fue parte de la plantilla de los estudios Universal, educándose en su arte y en la industria. Después de una serie de papeles secundarios en películas secundarias y cierto temor a un futuro incierto, Eastwood recaló en Rowdy Yates, el héroe (secundario) de Rawhide, una serial que cada semana seguía el camino de una caravana arriando ganado hacia el Pacífico; la travesía les llevó media docena de temporadas.

A esa altura, al igual que Rick Dalton, el personaje de Leonardo Di Caprio en Había una vez en Hollywod, su carrera estaba estancada en un único personaje y una única fuente laboral.

Así, cuando le dijeron que se había abierto un mercado de trabajo en Italia, le pareció un pase indigno pero indispensable. Esos biógrafos maliciosos hablan de que el exilio fue para alejarse de un problema de faldas, pero lo cierto es que volvería hecho una de las grandes estrellas del cine transoceánico, luego de cruzarse con Sergio Leone, el más relevante de los directores de uno de los géneros de apariencia más ridícula del cine mundial, el spaghetti western.

La reunión de Leone —un maestro del barroquismo y la hipérbole— y Eastwood —y el minimalismo lacónico que le imprimió a su personaje, "El hombre sin nombre"— cubrió tres películas, Por un puñado de dólares, Por unos dólares más y, principalmente El bueno, el malo y el feo, que fueron un éxito internacional que le permitió volver a Hollywood con otras pretensiones. Cuando aceptó el viaje, pensaba que, en todo caso, volvería un poco más rico pero desempleado, un riesgo que aceptó tomar; regresó convertido en el chico del momento

Y dispuesto a aprovecharlo. Pasó por las inevitables películas de compromiso, hasta que en 1971 se convirtió en estrella del cine americano y en director, los dos rubros a los que dedicaría el resto de su carrera.

Lo primero lo consiguió gracias a Harry Calahan, también conocido como "Harry, el sucio", un policía de San Francisco de métodos drásticos. Aún hoy es un policial bien contado por Don Siegel, el director que sería influencia directa en el cine de Eastwood. Nacido para ser icónico, repitió el personaje, sin tanta suerte, unas cuantas veces, algunas de las cuales dirigió él mismo. Además, aportó motivos de camisetas con el slogan “Come on, punk, make my day”, que le espetaba a un maleante indefenso al que amenazaba con matar a quemarropa. Es una gran escena, cierto.

Simultáneamente, estrenó su primera película como director, un berretín que venía aguantando desde sus primeros trabajos. Obsesión mortal, su ópera prima, es un thriller misógino en que Eastwood interpretaba a un locutor radial seductor que era víctima del acoso de una fanática. Estaba contado con una austeridad de principiante y un pulso profesional y de un rango que se le desconocía como intérprete.

Visto en perspectiva, los siguientes años de su carrera, serían una especie de educación en los protocolos del cine clásico, afilando sus herramientas artísticas. Lo hizo visitando géneros (comedias, dramas, westerns, bélicas, policiales) con mayor o menor fortuna pero buscando su propia forma narrativa. Es claro que la graduación llegó a fines de la década de 1980 con Bird sobre Charlie Parker y Cazador blanco, corazón negro, sobre John Huston en rodaje africano. Eran, respectivamente, un homenaje al jazz y al trabajo del director de cine, dos de sus pasiones.

A pesar de esos certificados, cuando salió al mundo con Los imperdonables, pareció salir de la nada. Eastwood recuperaba su personaje (el hombre violento) y lo presentaba retirado, curado de espanto pero aún capaz de generar terror, en otro estudio sobre el papel del héroe, que es parte fundamental de cualquier lectura de su carrera. Es un western crepuscular en el que se presentaba un mundo violento y sin esperanzas. La película ganó cuatro Oscar: dos para Eastwood (mejor película y director) y uno para Gene Hackman (actor secundario) y Joel Cox (edición). Tuvo nueve nominaciones.

Desde entonces y merecidamente colgado al camión de los grandes maestros, construyó una filmografía sólida que incluye hitos como Río místico, Million Dollar Baby (que le volvió a dar Oscar) el díptico de Las cartas de Iwo Jima y La conquista del honor, y Gran Torino, todas reflexiones sobre el papel de la violencia en la sociedad estadounidense y sobre el concepto de heroísmo. En ese período hay que agregar, en una línea de su cine en la que se limita a adaptar best sellers, a Los puentes de Madison, uno de los grandes melodramas del cine americano.

Aunque su figura pública se vincula con un conservadurismo vinculado al Partido Republicano, su cine puede ser liberal y humanista.

En la última etapa, ha seguido desarrollando su idea del héroe mostrando figuras populares (J. Edgar Hoover, Nelson Mandela) aunque prefiriendo las historias de héroes anónimos y los obstáculos (sociales, individuales y políticos) que deben sortear. Eso está en películas como Francotirador, Sully, 15:17 Tren a Paris o El caso Richard Jewell, su película del año pasado. En 2018 volvió a dirigirse como actor en La mula, donde interpretaba a un octogenario que cambiaba la paz de sus últimos años, por un lucrativo negocio con narcotraficantes.

Es una película rara pero que deja claro el estilo minimalista y humanista que ha ido imprimiendo Eastwood a su obra. Su cine se ha vuelto más austero artísticamente, un testimonio de que cuando uno dominad su arte no necesita hacer alharacas.

Es simplemente un narrador de historias. Y ese, se sabe, es el oficio más viejo y respetable del mundo.


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