Allen recicla con cierta dosis de ingenio sus obsesiones en su nueva película

Hombre irracional: entre el humor negro y el policial

La llegada del nuevo profesor de filosofía (Joaquin Phoenix) genera un pequeño revuelo entre los alumnos, y especialmente entre las alumnas del instituto.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El protagonista se percibe a si mismo más allá del bien y del mal.

Sin duda es un tipo atrayente, y dice algunas cosas que algunos colegas probablemente comparten pero difícilmente se atreverían a proclamar en público sobre filósofos famosos, aunque la estudiante (Emma Stone) que inicia una relación con él puede razonar correctamente a cierta altura que hay aspectos más oscuros en ese en el personaje.

Lo que comienza como una comedia con pinceladas de humor negro y un diálogo epigramático, que es el rasgo más persistente del cine de Woody Allen, pronto se interna en aguas más serias: el cínico Phoenix lleva hasta sus últimas consecuencias algunos de los razonamientos impartidos en sus clases y, con resonancias de Nietszche y del Raskolnikov de Crimen y castigo (el texto de Dostoievski es citado expresamente en el film), llega a la conclusión de que el mundo sería un mejor lugar si alguna gente estuviera muerta. Un juez particularmente despreciable se convierte en su blanco inmediato, y la película vira de comedia a policial de serie negra, género que Allen cultivara con variantes en Crímenes y pecados (1989), Un misterioso asesinato en Manhattan (1993), Match Point (2005) y El sueño de Cassandra (2007), y al que se acercara con mayor distancia en Disparos sobre Broadway (1994), La maldición del escorpión de jade (2001) y Scoop, la primicia (2006). En un momento hay una muerte, y puede haber alguna otra cerca del final, con razonables dosis de inquietud por parte de un espectador que a esas alturas ha podido identificarse ya con uno de los personajes.

A lo largo de casi medio siglo, Woody Allen ha realizado una cuarentena larga de películas que pueden colocarse, aproximadamente, en tres o cuatro casilleros diferentes. En el mejor extremo hay un puñado de obras maestras o casi (Dos extraños amantes, 1977; La rosa púrpura del Cairo, 1985; Hannah y sus hermanas, 1986; Días de radio, 1987; Medianoche en París, 2011) y en el otro dos o tres cosas que resultan insoportables plano a plano (Recuerdos, 1980; Celebrity, 1998; La vida y todo lo demás, 2003). El resto de su obra se ubica, con desniveles, entre esos dos polos, desde lo muy bueno a lo "más o menos", aunque rara vez carece totalmente de interés. Ver un Woody Allen mediano o mediocre casi siempre es (con las excepciones ya anotadas) algo así como reencontrarse con un viejo amigo: se disfruta con el encuentro, a veces mucho, a veces no tanto, pero pocas veces se lamenta haber ido a la reunión.


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Hombre irracional se ubica en un estante alto del bloque del medio. No es una obra maestra pero sí una película inteligente y sumamente atendible, a la que si cabe reprocharle algo es, en todo caso, cierta reiteración: las referencias cultas, el diálogo irónico y frecuentemente agudo, el toque de humor que adquiere de a poco tonalidades más serias, no son necesariamente un descubrimiento o una revelación en la obra de Allen.

Tienen de todos modos el suficiente nivel como para hacer que su película resulte considerablemente disfrutable, un dato que va a agradecer casi cualquier espectador que esté harto del esquema "robot malo quiere romper la Tierra, robot bueno nos defiende, el que se rompe al final es el robot malo" o "familia se traslada a casa sobre la cual pesa una antigua maldición, y empiezan a ocurrir cosas raras". ¿Podría ser mejor? Seguramente. ¿Podría ser peor? Hay abundantes pruebas de esa segunda posibilidad, varias de ellas en cartelera, y algunas más en la carrera del propio Allen.

Sin pedanterías, entonces: espectador inteligente se busca, y es probable que Woody lo encuentre una vez más. Si se es lo suficientemente escéptico con respecto a la real grandeza de algunos grandes pensadores, uno puede quedarse, simplemente, con la idea de que no puede ser totalmente mala una película que se atreve a decir que el Imperativo Categórico de Kant (esa tontería que se opone a la más mínima mentira, y que obligaría en la práctica a avisar a los nazis que vienen a buscar a Anna Frank que "los judíos están escondidos detrás del armario") es basura filosófica. Pero Hombre irracional tiene, por lo menos, un par de virtudes suplementarias.

En un primer nivel, funciona razonablemente como comedia cínica, con ese profesor que editorializa sobre la vaciedad de muchas de las presuntas trascendencias que enseña, y sus colegas y alumnos que se sorprenden o se solidarizan con él. Y hay un par de vueltas de tuerca ingeniosas de libreto cuando el asunto vira hacia el policial, con la planificación de un crimen perfecto que puede no serlo tanto, gente que discute sobre la forma en que podría cometerse, y un arco dramático para un par de personajes, por lo menos, que cambian a medida que viven algunas experiencias a lo largo del relato.

Allen sabe que está por cumplir 80 años y tiene el buen criterio de no colocarse delante de la cámara en una historia que no necesitaba de su edad. Su lado más oscuro está presente, sin embargo, en mucho del personaje de Phoenix, que cita a Kant, Dostoievski, Kierkegaard, Husserl, Gauguin o Simone de Beauvoir mientras planea su crimen no tan perfecto. Por su parte, Emma Stone juega (borrosamente) el papel de una nueva Louise Lasser o una nueva Diane Keaton: la mujer inteligente que le da la réplica al protagonista, y aporta la reserva moral que al otro le falta.

De acuerdo, no va a marcar una fecha en la historia (reconozcámoslo: Allen no es un verdadero gran cineasta, aunque sea con cierta frecuencia un gran escritor), pero corresponde agradecer su empeño en hacer un cine que no está dirigido a idiotas. El elenco secundario está en su sitio, y no cabe objetar tampoco los rubros técnicos, desde la excelente fotografía de Dariusz Khondji hasta el diseño de producción del insistido Santo Loquasto.

Crimen y castigo: de Dostoievski a Woody.


No se necesita ser particularmente sagaz para conectar esta película de Woody Allen con el antecedente de Crimen y castigo de Dostoievski: está presente la discusión filosófica (a la que tampoco fue ajeno Nietszche) de la "moralidad" del asesinato de los indeseables.

En la trayectoria de Allen, el antecedente más directo es probablemente Crímenes y pecados, una película inteligente que algún bromista rebautizara Crimencito y castiguito, y en la que Martin Landau racionalizaba igualmente su voluntad de asesinar a su amante Anjelica Houston.

Un colega agudo señalaba hace poco que de todos modos hay diferencias de enfoque entre ambas películas, y las atribuía acaso al paso del tiempo, que ha vuelto a Woody Allen un poco más viejo y un poco menos cínico. Sin entrar en demasiados detalles acerca del guión de Hombre irracional (no hay que estropearle al espectador el factor sorpresa de algunos episodios cercanos al final), puede señalarse a propósito del nuevo film que su actitud acerca de la "moral del Superhombre" parece haber cambiado un tanto durante el intervalo. En Crímenes y pecados Landau se salía con la suya e incluso la conciencia dejaba de molestarlo. Las cosas no se desarrollan exactamente del mismo modo en la nueva película.

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Hombre irracional [***]


Estados Unidos 2015 - Título original: Irrational Man - Dirección y guión: Woody Allen - Música: Ramsey Lewis - Fotografía: Dariusz Khondji - Producción: Sony Pictures Classics/Gravier Production - Con: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips - Duración: 95 minutos. Estreno: 1° de octubre de 2015.

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