EN PRIMERA PERSONA

La historia de cómo se hizo "25 Watts", contada por uno de sus directores, Pablo Stoll

La película con Daniel Hendler, Alfonso Tort y más, cumplió 18 años y volvió a salas. Se la puede ver en Sala B y Cinemateca, y esta es su historia

25 Watts

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Se estrenó oficialmente el 1° de junio de 2001, por lo que 25 Watts cumplió la mayoría de edad, y eso la ha vuelto a traer a las salas. Fue una película fundacional de un cine uruguayo que, desde entonces, ha tenido repercusión internacional, interés del público y una madurez que hoy, por ejemplo, se ve en el éxito de Así habló el cambista (dirigida por Federico Veiroj e interpretada por Daniel Hendler, o sea, Gerardito y el Leche, respectivamente, en 25 Watts).

Lo que sigue es, en primera persona, el relato de Pablo Stoll, codirector junto con el fallecido Juan Pablo Rebella, sobre cómo se hizo 25 Watts.

EN PRIMERA PERSONa

Palabra de Stoll

El guion lo empezamos en 1996 cuando estábamos en tercer año de la Universidad Católica. Escribíamos mucha boludez, sketches, cosas sueltas con Juan (Pablo Rebella) y Arauco (Hernández), y en un momento se me ocurrió una estructura: 24 horas en la vida de tres personajes. La primera versión era una mezcolanza de páginas escritas a máquina de escribir, a mano y en computadora. Lo pusimos todo en el piso de la casa de Arauco como una alfombre delirante. Y ese verano me dediqué a pasarlo: las dos primeras páginas en WordStar, y el resto a máquina de escribir.

Ahí nos empezamos a juntar para trabajarlo: juntarnos era mirar tele y tomar cerveza y decir: “che, me pasó una cosa re-Stooges”, que era el nombre original: eran tres pibes a los que les daban un cassette de los Stooges y entre cada track había una escenita con ellos escuchando el cassette; era una estructura supercomplicada.

En un momento Arauco se fue a México y cuando volvió no quiso seguir, y con Juan empezamos a transformarlo. El guion tenía como 170 páginas de diálogos. Y con Juan en Estados Unidos y yo acá sin laburo, hice una edición que a Juan le gustó, y arrancamos.

El último día antes de presentarlo al Fondo Nacional del Audiovisual (el FONA) terminamos de pasarlo en mi casa a la madrugada. Me había quedado dormido y cuando me desperté, Juan había hecho una lista de 60 nombres. Se llamaba Maldición de Ultratón, pero no nos gustaba. Y en esa lista estaba 25 Watts, que era el nombre de una canción de él que está al final de la película. Vinieron Hendler y Veiroj a buscarnos para llevarlo a la Intendencia y fueron ellos los que eligieron el nombre.

En el FONA nos dieron una mención en un jurado en el que estaba Homero Alsina Thevenet, quien avisaba que la película tenía malas palabras. Nos hicimos famosos por eso, aunque no lo ganamos. La llevamos a un fondo del ICAU y compartimos el segundo puesto con el primero declarado desierto; eran 500 dólares, o sea, menos plata que el tercero. No alcanzaba para nada, pero en 1999 nos presentamos al Fondo Capital, que nos dio 15.000 dólares. Había quienes decían que los usáramos para irnos a estudiar un guion porque no estaba bueno, o que no íbamos a poder dirigirla. Pero un amigo dijo: “nunca más van a tener esa plata, háganla”. Y así, el rodaje se hizo con 25.000 dólares.

A Hendler lo conocíamos por Cote (Veiroj), que estaba dos generaciones más abajo que nosotros, pero con el que nos hicimos amigos en Cinemateca. Con ellos habíamos filmado Víctor y los elegidos y 31 de diciembre en la casa de Juan, en Santa Lucía del Este. Y con Dani hicimos el trabajo final de la carrera, Buenos y santos. Por entonces él ya había hecho Esperando al mesías en Buenos Aires, así que pensamos en él y se sumó al proyecto. Y a partir de ahí aparecieron Jorge (Temponi) y (Alfonso) Tort, que era cuñado de un amigo de Fernando (Epstein).

El rodaje fueron 23 días en febrero de 2000 en el barrio Larrañaga, que era ideal porque en algunos lados era como Malvín, en otro como Pocitos, en otros no se parecía a nada; era retranqui y pasaba un solo bondi. Le fuimos a decir a Martín Papich, quien era director de locaciones, que no teníamos plata para cortar la calle, y nos dijo: “ustedes vayan y corten y si ven a llegar unos inspectores le dicen que yo los autoricé”. Llegaron los inspectores y no sabían quién era Papich, pero los convidamos con sandwichitos y se arregló todo.

La filmación estuvo buena. Con Juan teníamos un poco de terror a los rodajes asambleísticos de la facultad, y encima teníamos que demostrar que podíamos llevar adelante la película y honrar a toda la gente que estaba poniendo su sueldo en veremos y dejando su verano ahí. Decidimos que él hablaba con los actores y yo con los técnicos, y fue una separación de roles tajante. Solo discutimos una vez, pero habíamos estado trabajando 48 horas de corrido.

Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, los directores de "25 Watts". Foto: Archivo El País
Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, los directores de "25 Watts". Foto: Archivo El País

Un inconveniente fue que el autoparlante iba a ser un Ford y conseguimos dos, pero con los dos hubo problemas, así que Nicole Davrieux recorrió el barrio en una motito y encontró uno. ¡Y esa noche lo robaron! Terminamos usando el auto de la producción, que era del padre de Epstein.

El montaje llevó un año, mucho tiempo. Fernando aportaba su sueldo de edición, pero debía hacerse de las ocho hasta las dos de la madrugada. Y además, se fue a Estados Unidos y ahí estuvimos parados dos meses, en los que empezamos a escribir Whisky.

Así se fue todo el 2000, terminándola. Cuando quedó pronta, después de muchísimas versiones, la mandamos a Sundance donde nos dijeron que no les interesaba, y también a Rotterdam donde quedamos. En ese momento te exigían mandarla en 35 mm, así que nos dieron 20.000 dólares para hacerlo en Argentina y los 10.000 dólares que nos faltaban nos lo prestó Hendler, que había cobrado una buena plata por un comercial.

Llegamos a Rotterdam antes que la película y Fernando quedó trabajando en el montaje. No entendíamos mucho qué significaba el festival y todo fue muy raro: era enorme y estaba lleno de gente. Fuimos a ver una película y estaba repleto y cuando llegó Fernando -después de pasarlo muy mal en el aeropuerto, tratando de subir a un avión con los cinco rollos de la película- hicimos un pase para la prensa y a la noche para el público.

Fue increíble: la gente se mataba de la risa y todo era un delirio, nos felicitaban, y nosotros seguíamos sin entender nada. Y además, se dieron los premios y ganamos.

Así que con esa plata hicimos cuatro copias y la estrenamos acá. Primero en el cierre del festival de Cinemateca y después en el Central, y tres MovieCenter. Y fueron 44.000 personas a verla. Un montón.

REGRESO

Cómo volver a ver “25 watts”

La semana pasada, 25 Watts se exhibió en el Festival Detour de Nuevo Cine, en copia 35 mm y ante una sala llena en Cinemateca Uruguaya. Y desde ayer está de nuevo en cartelera, con exhibiciones en Sala B y en Cinemateca Uruguaya, donde hoy estarán los actores Jorge Temponi y Alfonso Tort; el martes el director de arte, Gonzalo Delgado, y el miércoles, el productor y montajista Fernando Epstein. Todas las actividades son a las 21.00. En Sala B del Auditori Nelly Goitiño, la película va todos los viernes de octubre y el 1° de noviembre a las 19.00.

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