Crítica

Historia eterna de amor eterno

No está nada mal, esta nueva versión de una historia algo anticuada, Nace una estrella

Lady Gaga y Bradley Cooper en Nace una estrella
Lady Gaga y Bradley Cooper en Nace una estrella

Esta anécdota anda en la vuelta de Hollywood desde 1932. Camuflada, aquella vez como El precio de la fama, una película de George Cukor, inauguró una línea argumental que luego conocería tres versiones, ya como Nace una estrella, y se establecería como un recurso al que Hollywood tiende a apelar.

La primera versión es de 1937 y la dirigió William A. Wellman, un director correcto con chispazos de talento. Contaba la historia de un actor alcohólico que en plena bajada de su carrera se cruza con una aspirante actriz de talento y carisma inmensos que viene en el repecho del éxito. Es una historia de amor bien dramática.

Los papeles principales eran para Fredric March y Janet Gaynor, dos nombres que se han perdido en la memoria, pero que fueron en su época gente muy cotizadas. La versión se ve algo rústica para públicos actuales pero tiene su encanto.

El propio Cukor, el involuntario iniciador de la franquicia, estrenó su versión en 1954 con James Mason y Judy Garland, quien interpretaba, en un cambio de rubro, a una cantante rumbo a la fama. Garland y Cukor están detrás de la permanencia de esta versión que, hasta ahora, es la mejor.

Kris Kristofferson y Barbra Streisand ocuparon los protagónicos en la remake que en 1976 dirigió Frank Pierson, con guion de Joan Didion y John Gregory Dunne. El resultado es un poco kitsch aunque Streisand es, como en todas las películas de sus años mozos, un encanto, Pierson es un director menor y las canciones han quedado pasadas de moda.

Aunque en los créditos deja constancia de todos esos antecedentes, esta nueva Nace una estrella -que se estrenó ayer en Uruguay y ya se menciona como una de las candidatas al Oscar- es una remake de la de Streisand y Kristoferson. La dirige y protagoniza Bradley Cooper aunque se la roba, su coprotagonista Lady Gaga. Su presencia y su voz deberían ser reconocidas.

Gaga interpreta a Ally (en las otras siempre se la conoció por el menos pop apelativo de “Esther”), una empleado de hotel y cantante de gran talento que revela en bares divertidos pero de poco potencial para su carrera. Allí va a dar Jackson Maine (Cooper), una megaestrella a quien acabamos de ver en escena ante una concurrencia importante, pero ahora anda como alma en pena buscando un trago. Así va a dar a un drag bar en el que Ally justo está dando una histriónica versión de “La vie en rose”.

Ella es un talento natural y de eso se da cuenta enseguida Jackson aun ahogado en alcohol y pastillas. Se vuelve su mentor, se enamoran y permanecen así a pesar de que él tiene un problema con los excesos y las formalidades y ella va en un disciplinado camino hacia el estrellato pop para el que esa clase de cosas suelen ser un lastre. Es un melodrama con canciones.

El guion está firmado por Cooper, Will Fetters y Eric Roth, quien escribió el de Forrest Gump y se ganó un Oscar por eso. Se limita a contar la historia principal y hacer algunos apuntes sobre la familia (el vínculo de Jack con su hermano), las clases sociales (el padre de ella es remisero), la nueva popularidad de las selfies y, principalmente, la construcción de una estrella y el sacrificio y las concesiones que un artista debe hacer sobre su arte.

Todo (sus pretensiones, su forma, su género) es un poco pasado de moda y un poco sensiblero de más. Pero funciona.

Porque lo importante acá son la historia de amor y las canciones. Para manejar un material clásico, Cooper es un director correcto que va por una puesta de escena, valga la redundancia, clásica. El uso de los colores (esos rojos del mundo de Jack) y el recurso de la cámara en mano casi documental en las escenas de los shows (que estaba en la versión de Pierson, para ser justos) parece ser su mayor aporte. Es una película que se ve muy bien.

Y están muy bien las canciones (firmadas por Lujas Nelson, hijo de Willie Nelson), una colección que pasa por country, al rock sureño y el pop. Gaga es una gran cantante y está justa para el papel. Cooper, un actor dúctil y acá de varonil voz profunda, no desentona.

Pero todo pasa por Gaga. Es un papel atrevido sobre una mujer abnegada en el amor a su marido. Canta, además, con una voz que da al papel esa cosa poderosa que seduce al pobre Jack y al público, por lo visto, desde hace un montonazo de años.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)