Ciro Guerra

La historia escondida en la selva

Se estrenó en Uruguay, El abrazo de la serpiente, la película colombiana candidata al Oscar.

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Es el film colombiano con mayor taquilla, pero demoró cuatro años en financiarse. Foto: Difusión

A Ciro Guerra le llevó cuatro años conseguir socios para filmar El abrazo de la serpiente. Nadie quería financiar una película sobre el pasado de las comunidades indígenas que habitaron la Amazonia colombiana a comienzos de 1900. La consideraban una historia enterrada. Nunca imaginaron que lograría reunir a 400.000 espectadores en las salas de cine, convertirse en un éxito de ventas internacionales, acumular premios en los principales festivales de cine, y ser nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera.

En Colombia la noticia de la nominación se recibió con asombro: la película no aparecía en ninguna de las predicciones de esas que hacen los analistas.

El primer colombiano nominado al Oscar pasó el último mes viajando. Acaba de llegar del Festival de Santa Bárbara, donde estuvo rodeado de las principales figuras que integran la Academia. Este trajín lo llevó a retrasar el rodaje de su próxima producción —Pájaros de verano, una historia de género que rodará en el desierto de La Guajira—, y a interrumpir su ritual de ver un film diario en un cine.

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Fue haciendo películas que Ciro Guerra, el director de El abrazo de la serpiente, estudió y conoció a Colombia. En sus tres largometrajes se repite la misma estructura narrativa: un personaje tiene una misión y otro lo guía en el recorrido. En La sombra del caminante (2004) el escenario era la Bogotá de la década del 2000 y para Los viajes del viento (2009) se movió al nordeste y a fines de 1960. El abrazo de la serpiente retrata la selva amazónica a comienzos y a mitad del siglo XX.

"Me llama mucho la atención la cantidad de historias para contar que tiene Colombia y que sin embargo sea un país que no se conoce a sí mismo", le dice Guerra a El País. "Esto me parece una razón poderosa para querer hacer cine en mi país".

En su trabajo siempre se guía por la intuición. "Simplemente me intereso por una historia, por lo general por una imagen que me trae, y empiezo a crear una voz que va surgiendo del tema. Trato de no saber qué hay detrás de mi elección y, sobre todo, nunca calculo si la película funcionará mejor o peor con el público para decidirme a hacerla".

El abrazo de la serpiente nació cuando el protagonista de su primera película —que además de actor es antropólogo— le mostró los diarios de viaje de los exploradores Theodor Koch-Grünberg y Richard Evans Schultes. Le habló del intercambio que tuvieron con indígenas de la zona y le mostró algunas de las fotografías que tomaron hace más de 100 años. "Sentí una profunda identificación con ellos porque para mí hacer cine también implica abandonar a mi familia, a mi ciudad, y si lo haces de una manera honesta se siente como un viaje a lo desconocido", dice.

Para escribir el guión, Guerra se instaló en la selva, convivió con chamanes y distintas comunidades indígenas. "La escritura fue la parte más compleja", dice. "Por tres años intenté comprender un universo muy distinto al nuestro, con otras reglas, otras tradiciones y otras formas de entender. Tuve que cambiar mi forma de ver el mundo para poder dar una mirada nueva".

Ese tiempo en la Amazonia le provocó un "profundo cuestionamiento sobre las bases en las que construí mi entendimiento del mundo", dice. "En la película intenté comunicarle lo mismo al espectador: usé mi conexión personal con la selva y con su cultura para invitarlo a descubrir este mundo".

Guerra está convencido que desde que viajó a la selva la energía que rodeaba a la película cambió. Pronto se abrieron puertas y consiguió el apoyo de Caracol Televisión cuando uno de sus directores se apasionó con su investigación.

—Debe haber sido una filmación complicada...

—Filmar esta película fue el triple de complicado que las otras. Pasamos tres meses en la selva rodando. Tuvimos que exigirnos mucho más. La considero mi última locura de juventud.

—¿Por qué optó por narrar la historia en blanco y negro?

—Era una Amazonia totalmente distinta y me di cuenta de que sería imposible transmitir todos sus colores y lo que significan para sus habitantes. Pensé que el blanco y negro reactivaría la imaginación del espectador.

El blanco y negro además, recuerda las fotografías que tomaron los exploradores de la región.

El momento de mayor felicidad lo vivió cuando los actores —muchos de ellos indígenas— vieron la película.

"Vi mucha felicidad y mucho asombro en sus miradas", dice. "Sentí que hacer cine tenía sentido, porque hacer una película es como escribir un mensaje en una botella y lanzarlo al mar, por eso cada vez tengo menos claridad sobre el impacto que pueden tener mis películas en el espectador", reflexiona.

Guerra guarda un recuerdo de cada una de sus películas. En su casa de Bogotá tiene colgado el collar de cuarzo que simboliza la sabiduría del chamán Kamarakate en El abrazo de la serpiente. "Siento que es muy poderoso", dice este director, que quiso quitarle el polvo a una historia que su país prefirió olvidar y se convirtió en el cineasta latinoamericano del momento.

"Antes de la ley este film era impensable".

Ciro Guerra decidió que sería cineasta a los 12 años, después de ver la película de Federico Fellini 8 y1/2: "Vengo de una familia de abogados y cuando dije que quería ser director de cine fue una locura similar a querer ser astronauta", recuerda.

El éxito de El abrazo de la serpiente es su confirmación como uno de los directores más interesantes de la región, pero también es una muestra de la buena salud de la industria cinematográfica colombiana. Desde que en 2003 el gobierno aprobó la ley de cine, se multiplicó la cantidad de producciones y se duplicó el número de espectadores de cine nacional.

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