Crítica

Una historia de amor que debate sobre otras cosas

Hoy se estrena Una mujer fantástica, la película chilena que se llevó el Oscar a película extranjera

Una mujer fantástica
Una mujer fantástica, Daniela Vega

Una mujer fantástica, el drama chileno que ganó el Oscar a mejor película extranjera, deja en claro un par de cosas sobre Chile. Una, el estado de su cine, capaz de una presencia y una narrativa globalizada. Esta película de Sebastián Lelio es la segunda chilena en cinco años en llegar al Oscar (la otra fue No de Pablo Larrain, uno de los productores de Una mujer fantástica), lo que demuestra un grado de confección que cumple con los protocolos de la industria. Eso se logra con perseverancia, talentos y ojo avizor.

La otra cosa que se ve es el momento del debate sobre la identidad de género que vive Chile. Considerado uno de los países más conservadores de la región, cierta simplicidad en los planteos y en la construcción de los personajes secundarios, deja en claro que intenta dar un mensaje directo: en Chile, las personas transgénero aún deben luchar por ser respetadas oficial y socialmente. El maniqueísmo para retratar la burguesía y el Estado (los grandes villanos) parece más cerca del teleteatro que del melodrama. Capaz que era necesario plantear el tema en esos términos.

Que esto va por el lado del melodrama queda claro desde el comienzo con los créditos sobre un paisaje de las cataratas del Iguazú, un disparador de la historia que, además, funciona como un reflejo de la pasión que vive Marina Vidal, el personaje que interpreta Daniela Vega y que es una mujer fantástica propiamente dicha.

Marina es una mujer transexual de novia con un industrial que un día se despierta a su lado, como perdido y con los síntomas de un infarto. Muere y Marina se ve envuelta en la suspicacia oficial (hay un leve perfume a thriller que se evapora enseguida), el desprecio de la familia del finado y la soledad de aquel al que no se le permite ser quién es. Una mujer fantástica se centra en la lucha de Marina por despedirse de su pareja, mientras lidia con una parentela conservadora, rica y ambiciosa. Con gente así se han llenado horas de telenovelas de la tarde.

Lo que la distancia de esa referencia es una capacidad visual que Lelio ya había demostrado en Gloria en 2012. Esos rojos y azules intensos que bañan escenas o pintan el rostro de la protagonista, ese aprovechamiento de la pantalla ancha con ella en el centro aportan una intensidad en la que pasa mucho del interés en la película y se debe al trabajo del colaborador habitual del director, el fotógrafo Benjamín Echazarreta.

Daniela Vega en "Una mujer fantástica"
Vea el trailer de "Una mujer fantástica", la película chilena ganadora del Oscar

El propio Lelio aporta, además, un par de buenos momentos aunque con una tendencia al efectismo o la repetición. En la primera categoría hay que incluir a Marina luchando contra un viento cinematográfico que representa sus obstáculos en la vida (parece sacada del Pino Solanas de la década de 1980) que es una escena de gran impacto. Insiste un poco con la presencia de espejos que representan la dualidad del personaje. Ambos recursos le dan un aire poético a la película.

Otra idea narrativa son los travelling que acompañan a los protagonistas a subsuelos (un restaurante, un sauna, una discoteca, una sala de cremación) que revelan ese mundo subterráneo de los amores prohibidos y de los no aceptados. En ese sentido, el encuentro con la exmujer del muerto que transcurre en un piso -4, revela que hay cosas que no se quieren ver, que no se quieren mostrar.

La referencia más clara, acá, parece Pedro Almodovar, un cultor un poco más avanzado del melodrama y de cierta temática similar. La música (firmada por el inglés Matthew Herbert y la española Nani García) tiene la misma presencia de las partituras almodovarianas de Alberto Iglesias, y hay un par de rojos que remiten al manchego, al igual que esa inclinación por el melodrama más clásico. Un número musical que termina en un primer plano agridulce es un apunte interesante.

Pero todo, claro, pasa por esa mujer fantástica que intepreta Vega y cuya omnipresencia en pantalla debió representar un desafío actoral. Marina es un personaje lleno de vulnerabilidades pero capaz de desatar esa tormenta que representa un mural en su habitación. Es todo lo amable que puede ser alguien que atraviesa el duelo más estresado del mundo y que es vejada moral y físicamente.

Más allá de reivindicaciones y de que hay una agenda política detrás de ella, Una mujer fantástica es, en definitiva, la historia de amor de una mujer y un hombre enfrentados a las circunstancias y los prejuicios. Nada nuevo, cierto, pero es en su aplicación a los estereotipos en donde la película revela una urgencia por la que, ya desde el título, toma partido.

ficha
Una mujer fantástica * * * *
OrigenChile/Alemania/España/Estados Unidos
Duración104 minutos
Estreno15 de marzo

 Director: Sebastián Lelio. Guión: Lelio y Gonzalo Maza. Sebastián Escofet. Fotografía: Benjamín Echazarreta. Edición: Soledad Salfate. Música: Nani García y Matthew Herbert. Diseño de producción: Estefanía Larrain. Con: Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco, Aline Küppenheim. 

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