INFERNO

El héroe que enfrenta a las conspiraciones místicas

Tom Hanks habla de su regreso al mundo de El Código Da Vinci, que se estrena hoy.

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Tom Hanks y el regreso al mundo de El Código Da Vinci. Foto: Difusión

Tom Hanks (1956, Concord, Estados Unidos) es el héroe cotidiano de América. Lleva años siéndolo con sus personajes corrientes, comunes, personas con las que cualquiera puede sentirse identificado, en ningún caso con superpoderes, fuerza inhumana o habilidades extraordinarias. Desde el enfermo de Filadelfia al piloto Sully en la última película de Clint Eastwood (que le puede otorgar su sexta candidatura al Oscar) pasando por el profesor de instituto que debe liderar a un grupo de soldados en el desembarco de Normandía en Rescatando al soldado Ryan.

Lo más cerca del arquetipo de héroe es Robert Langdon, creado por el escritor Dan Brown en El código Da Vinci. Un personaje que retoma por tercera vez en Inferno que hoy se estrena en Uruguay.

En esta tercera entrega, Langdon debe salvar a la sobrepoblada humanidad de una amenaza global. "No puedo ser el tipo más duro del mundo. Con este físico y a mi edad es la mayor oportunidad para mí de poder interpretar al héroe que lo sabe todo", dice el actor.

Hanks entra en la sala del Fuerte Belvedere de Florencia donde atiende a los periodistas con sus lentes de sol puestos y siempre dispuesto a contentar a todo el mundo, a mitad de la primera respuesta y tras un gesto de una de sus publicistas, se retira las gafas y comienza su profesional exhibición de cómico simpático.

"Lo que me encanta del profesor Langdon es que ha envejecido, pero lo ha hecho con sus propias reglas. Todavía vive solo y sigue fascinado por la simbología, sigue apreciando pautas en la historia y en la arquitectura", defiende Hanks a su personaje.

"Lo único que busco como actor, en cualquier papel, es la autenticidad, que haya un reflejo del comportamiento humano", comenta Hanks, sentado junto al director del película, Ron Howard (Una mente brillante y las dos anteriores películas de la saga).

En Inferno, Langdon se enfrenta a los misterios del poeta renacentista Dante y su visión del infierno, y a la amenaza de Zobrist, un villano preocupado porque la humanidad no hace más que multiplicarse. Un antagonista que a Hanks le hubiera gustado interpretar para no ser siempre el héroe corriente. "Los grandes villanos que yo podía haber interpretado en el cine son los que tienen sentido, los que hacen lo que hacen por un buen motivo que se pueda entender", dice. "La exposición de Zobrist al principio de la película es verdad, es algo matemáticamente puro".

Inferno comienza cuando Langdon despierta en un hospital de Florencia y sufre amnesia; tiene aterradoras reminiscencias retrospectivas y visiones inexplicables, pero no sabe cómo llegó ahí. Una de sus doctoras, Sienna Brooks (Felicity Jones) le informa que sufrió una conmoción debido a que lo rozó una bala.

Unos minutos después Langdon está en grave peligro otra vez cuando una asesina llega al hospital para matarlo. Con ayuda de Brooks, logra escapar y se oculta en el apartamento de la doctora, donde descubre en su saco un cilindro con un signo de peligro biológico.

Éste es el primero de una serie de indicios vinculados con Dante Alighieri.

Langdon se ve inmerso en una carrera contra el tiempo donde los peligros no podrían ser más graves pues el futuro mismo de la humanidad está en riesgo.

Conspiraciones.

"Así como las otras dos películas (El código Da Vinci y Ángeles y demonios) crearon pasión sobre teorías y conceptos, en esta hay algo que realmente puede suceder, no hay que mirar muy lejos para ver lo que la sobrepoblación puede llegar a provocar. Hay naciones y áreas donde el medioambiente o el caos económico empeoran porque hay demasiada gente", dice Hanks.

Para el director de la película, "a todo el mundo le atrae una teoría de la conspiración". "Lo interesante para nosotros es contar una historia que sea divertida de ver, con suspenso, que sea una experiencia cinematográfica, pero que después haga que se hable sobre el tema", dice Howard.

Después de bromear sobre el lujo de trabajar tres meses en Florencia, Venecia y Estambul, Hanks defiende su aparición en esta saga, muy aclamada por el público y no tanto por la crítica: "Este trabajo solo para pasarlo bien no es, para eso juego con mis hijos. La combinación es siempre tener buenos compañeros así como el tema a examinar, y creo que Dan Brown ha logrado esta fórmula eterna de búsqueda del tesoro que engancha mucho al espectador y que, francamente, es muy divertida de hacer", dice.

"No hemos llevado a la pantalla todas las obras", señala. "Había otro libro (El símbolo perdido) el cual analizamos y dijimos: Está bien, pero no percibimos el nuevo contenido. No tenemos que hacer estas películas, no estamos bajo un contrato, solo trabajamos en ellas porque opinamos: Esto es grandioso, mira lo que descubrimos", había dicho Hanks en una entrevista cedida por su compañía. "En este caso, por el tema de la sobrepoblación, que es muy fácil de entender aunque la solución que se ofrece es horrible, también es fácil de entender".

El actor remata la defensa de su trabajo en tono más bromista: "Además, nadie en su sano juicio puede rechazar un viaje de tres meses gratis a Florencia, comer bien y poder rodar en el salón de los Quinientos. Hay que ser muy tonto para no aceptar el trabajo. Y yo no soy ningún tonto".

LOS MOMENTOS DE ROBERT LANGDON.

El código Da Vinci - 2006.

Empieza en Louvre y termina en el Vaticano en una odisea de suspenso que abarca al Opus Dei y la búsqueda del Santo Grial. Más allá de la crítica de millones de lectores, la novela de Dan Brown se leía fluidamente y hasta los lugares comunes funcionaban. Lo mismo pasa con la película. Ron Howard es un director impersonal pero el resultado es puro pasatiempo. Tom Hanks fue, por vez primera, Robert Langdon.

Ángeles y demonios - 2009.

Ahora Robert Langdon va tras los Illuminati, una institución misteriosa y ancestral, que podrían estar detrás del secuestro de cuatro cardenales. Además de que son verdaderamente peligrosos, tienen una bomba antimateria que no queda claro qué es, pero es un peligro. Otra vez lo acompaña una asistente (antes Audrey Tatou, ahora Ayelet Zurer) en una misión para salvar al mundo de una conspiración espantosa y apocalíptica.

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