Entrevista

Héctor Alterio, el actor argentino cuenta cómo llegar a los 91, activo y vigente

Acaba de presentarse en un escenario de Madrid, lo que muestra que uno de los grandes actores en español sigue teniendo trabajo y cosas para decir; acá dice cómo lo hace

Hector Alterio
Héctor Alterio

A Héctor Alterio, quien tiene 91 años, le decían que si se le “había caído un bandoneón” al hablar cuando empezó a actuar en España, exiliado de su Argentina natal hace ya medio siglo. Desde entonces, ha domado el acento a su exclusivo gusto a base de la misma memoria y disciplina de la que hace gala al recitar, de memoria, la alineación del Chacarita Juniors de 1940 con que nos regala en el vídeo que acompaña a esta entrevista. Cortés y cordialísimo, Alterio no puede evitar una sombra de angustia al hablar de una pandemia a la que él, testigo de tantas glorias y miserias, no pensó enfrentarse en su vida. Mientras tanto, actúa, que para él es sinónimo de vida. La semana pasado volvió a recitar a León Felipe en la función Como hace 3.000 años, en el teatro Infanta Isabel de Madrid.

—Héctor Benjamino Alterio Onorato. Ese nombre predestina a algo grande.

—Bueno, no fue ex profeso, supongo. Héctor fue un guerrero. Alterio, el otro yo, es el apellido de la familia, italiana de toda la vida. Onorato, significa honorable. Y lo de Benjamino es porque fui el pequeño de la familia. Éramos cuatro hermanos. Fallecieron todos. Soy huérfano de hermanos desde hace 10 o 15 años, y aquí sigo.

—¿Cómo se lleva ser el último superviviente de una estirpe?

—Con nostalgia, con cariño, con recuerdos que te asaltan de cosas que nos pasaron, buenas y malas. Cada vez quedamos menos.

—¿Cuál es la mejor edad para quien ha vivido casi un siglo?

—Cada uno tendrá la suya. Para mí, de los 40 a los 50 años.

—Otros, en esa década, están en plena crisis de la mediana edad.

—Eso dicen. Para mí fue magnífica: el despertar a cosas que estaban ahí y que había que aprovechar entonces o nunca. A los 40 me casé, comencé a vivir de esta profesión, porque hasta entonces hacía teatro independiente aficionado. A los 40 nació Ernesto, mi primer hijo. A los 43, Malena, y a los 44 años estaba escapando de mi país para venirme aquí. A los 40 empezó ese otro yo de Alterio.

—¿Por qué sigue uno actuando?

—Porque vivo de esto y tengo que pagar cosas, Y porque hago lo que me gusta. Amo ese estado de alerta, ese estar en vilo que me da el teatro. Eso me mantiene vivo.

—¿En cuál de sus trabajos se quedaría a vivir para siempre?

—Tantos. El padre era una función que me dio mucho. Pero estos versos de León Felipe me dan muchas alegrías, mucho ego, en el buen sentido. Estoy manejando a un público que, desde el silencio absoluto hasta el aplauso más sonoro, me está respondiendo. Y eso me da poder. Yo sé que hago así, lo que sea, y me miran, y me siguen. Estoy peleando con mi vanidad, también. Pero de cualquier manera, me siento poderoso. En escena, aún lo soy. Abajo, no sé.

—Es uno de los grandes clásicos vivos de la escena. ¿Se lo tiene muy creído?

—Tienes que creértelo para subir ahí arriba, si no te lo crees tú, no se lo cree nadie. La vanidad juega un papel importante, pero trato de que no me afecte. Tengo compañeros que están muy pendientes de eso, y creo no ser de esa clase de vanidoso, que detecto a los 10 minutos y me produce rechazo. Lo noto y digo: “con este no; no lo voy a ver nunca más”.

—¿Con quién se queda, entonces?

—Con la persona que me agrada, con las cosas simples, pero verdaderas. Me quedo con la verdad, con la generosidad, con la simplicidad, con la alegría. Son cosas que me hacen mucho bien. No siempre se logran ni encuentran, pero bueno, me quedo con eso.

—¿De qué fuentes bebe para luego poder retratar a cualquiera?

—De la calle, de esto que estamos haciendo vos y yo ahora, de todo. La respuesta de la gente me da una riqueza que se me va acumulando dentro, que luego siembro en escena y acaban de germinar en el espectador.

—¿Pensó vivir para ver esta pandemia que nos tiene noqueados?

—Esa es una pregunta enorme. Trato de hacer lo que dicen, pero ¿cuál será el fin de todo esto? No tengo la más mínima idea de lo que va a ocurrir. Es lo más desconcertante que he vivido en la vida, y he vivido mucho.

—¿Le tiene miedo al virus?

—Bueno, el justo. Estoy contento, porque no lo he agarrado, pero lo puedo agarrar mañana. No me encierro. Salgo a cenar con amigos. En eso no he cambiado. Soy muy urbanita, aquí y en Buenos Aires. Mi mujer es más joven, tiene ese talento, y yo siempre voy detrás de ella.

—¿A qué le teme, entonces?

—A que el cuerpo no me responda, a tener que usar una silla de ruedas. A tener que esperar que me empujen, que me aseen, que me lleven y me traigan. A perder mi independencia. Sé que ese momento llegará, pero no lo pienso.

—Dormir, dormir a pierna suelta. Es horrible cuando te acuestas y te empieza a funcionar la cabeza y no te duermes, y das vueltas y vueltas. Eso lo conozco. Yo duermo siete, ocho, nueve horas seguidas. Y, además, hago la siesta.

Dato

Una larga carrera y dónde verla

El primer largometraje de Héctor Alterio fue Todo sol es amargo, una película de 1966 dirigida por Alfredo Mathe. La última, Kamikaze, es de 2014 y la dirige Alex Pina, el creador de La casa de papel. En el medio, Alterio trabajó en más de 170 proyectos, entre películas y series. Allí están algunos de los grandes momentos del cine argentino: La Patagonia rebelde, La tregua, Quebracho, Camila, La historia oficial, Yo, la peor de todas, Tango feroz, Caballos salvajes, Cenizas del paraíso, Plata quemada, El hijo de la novia. A eso hay que sumar su carrera española (Pascual Duarte, Cría Cuervos, Asignatura pendiente), sus series y toda su carrera teatral, de la que acá se ha conocido poco. En los servicios de streaming no hay mucho. En Netflix están La historia oficial y Vientos de agua, la miniserie dirigida por Juan José Campanella. En el servicio NSNow de Nuevo Siglo solo esta Memorias del angel caído, una española de terror en la que hace un personaje secundario.

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