Crítica

Gran paso de la humanidad y un dolido drama personal

Se estrenó, "El primer hombre en la Luna",  lo nuevo del director de La La Land sobre la carrera espacial

Imagen promocional de "El primer Hombre en la Luna"
Imagen promocional de "El primer Hombre en la Luna"

Que alguien piense que La La Land, lo anterior de este Damien Chazelle que ahora estrena El primer hombre en la Luna, es una película “atrozmente sobrevalorada” es un pecado: es, en todo caso, infravalorarla atrozmente. Con 31 años, Chazelle se atrevió entonces, a hacer un homenaje y deconstruir el cine musical, una tradición clásica de Hollywood con demorada sentencia de muerte en trámite urgente.

Es una gran película y, al igual que Cantando en la lluvia resumía los alcances y planteaba los potenciales del género, La La Land tomaba ese protocolo y conseguía redefinirlo siendo dócilmente respetuoso. El epílogo compila todos los estandares narrativos del género aportando una nueva mirada sobre toda la historia.

Quizás por toda la carga que viene con un antecedente así, El primer hombre en la Luna —la siguiente película de Chazelle después de ganar el Óscar a mejor director y rasguñar, gracias a Warren Beatty, el de mejor película— es en cierto sentido decepcionante. No es que esté mal (en sus mejores momentos, muestra algo de aquel vigor) pero eso suena a premio consuelo.

Primer hombre en la luna
Vea el tráiler de "El primer hombre en la luna" con Ryan Gosling como Neil Armstrong

La carrera espacial, por sus decorados, su vestuario y por lo apasionante de la aventura, es un recurrente nicho cinematográfico. El año pasado, sin ir más lejos, se estrenó Talentos ocultos sobre la participación olvidada de matemáticas afroestadounidense en la conquista del universo. Y no hace tanto, en 1995, Tom Hanks le avisaba a Houston que había problemas con el Apolo 13.

Igual, seguramente, la película más importante del género aún sea Elegidos para lo gloria de Philip Kauffman sobre novela de Tom Wolfe que, al contar la historia de los primeros astronautas de la NASA, comparte algunos secundarios con El primer hombre en la Luna. Aunque no el protagonista.

Es que el que no estaba ahí era Neil Armstrong que acá es el centro dramático de la historia. De hecho, a Chazelle, le interesa más el devenir personal del héroe que dio un pequeño paso, enorme para la humanidad que la parafernalia astronáutica. La película, así, muestra con el rostro de Ryan Gosling, el mundo interior de un hombre que abrió la puerta del mundo exterior.

Ese encierro emocional de Armstrong, provocado por el dolor por la muerte de una hija pequeña, queda claro en la primera escena, en la que es zarandeado dentro de un avión de pruebas. Esos sacudones, queda claro, son también los del héroe. Chazelle consigue transmitir la claustrofobia con un uso apropiado del sonido y la edición; repite la idea y la alegoría un par de veces sin la misma eficacia.

Paralelamente, porque también se trata de eso, va avanzando la carrera espacial en los territorios conocidos: la ventaja de los rusos, las pruebas fallidas, los compañeros caídos, la victoria final.

El guion es de Josh Singer (que ganó un Óscar por En primera plana, aquella sobre la investigación periodística por los casos de pedofilia entre sacerdotes de Boston) a partir de una biografía de Armstrong, escrita por James R. Hansen y publicada en 2005. Esa es una diferencia importante con Whiplash y La La Land, escritos por el propio director. Este es un trabajo de otros que originalmente iba a dirigir Clint Eastwood (quien fantaseó con el tema en Cowboys del espacio) y que fue a dar a Chazelle.

Lo más importante, sin duda, es lo que sucede con Armstrong y todo lo que lo rodea, y eso incluye a su devota esposa (Claire Foy), está mostrado con una superficialidad que, entre otras cosas, va generando cierta morosidad en el relato. Gosling, con su cara tristona, está justo en el papel porque, por lo que se cuenta acá, Armstrong era un ser introvertido que encontró en la proeza que le tocó vivir, una forma de esconder urgencias personales. Principalmente la pérdida de esa hija (sobre la que película abunda en flashbacks) que, como se revela en la escena final, quizás haya sido el verdadero motor de tanta temeridad.

Ese aire de instrospección es otra de las diferencias de El primer hombre en la Luna con el resto de la obra de Chazelle, más expansiva, menos convencional. Con esas películas, eso sí, la une una preocupación por los debates personales de un héroe que intenta superar obstáculos para cumplir sus sueños, sea tocar la batería, tener un club de jazz o, un poco más ambicioso, conquistar el espacio.

No es que esté mal, se repite, sino que el tono monótono, la tendencia al drama humano, es un lastre y termina convirtiendo El primer hombre en la Luna en un paisaje lunar: estremecedor, lindo de ver por un rato pero todo demasiado parecido. Acá no hay números de baile, ni profesores exigentes, hay un viaje a la Luna contado desde una perspectiva personal. Como idea no estaba nada mal, aunque el logro sea un tanto desparejo.

Ficha
El primer hombre en la Luna * * *
OrigenEstados Unidos, 2018
Título originalFirst Man
Duración133 minutos

 Director: Damnien Chazelle. Guion: Nicole Perlman, Josh Singer sobre libro de James R. Hansen. Edición: Tom Cross. Fotografía: Linus Sandgren. Música: Justin Hurwitz. Con Ryan Gosling, Jason Clarke, Claire Foy, Kyle Chandler, Corey Stoll, Patrick Fugit, Lukas Haas. 

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