estreno de "el 5 de talleres", con Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg

La gran pasión de las multitudes

A los 35 años pensar en retirarse de lo que uno ha hecho para ganarse la vida parece ilógico. Esa fue la edad con la que, por ejemplo, Adrián Biniez debutó como director con la recordada Gigante (2009).

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"Que seamos pareja suma, pero ella no están buena como en la película"

Pero esa es también la edad que tiene el protagonista de su segundo largometraje, El 5 de Talleres, que se estrena hoy en Uruguay. "Patón" Bonassiolle (Esteban Lamothe) es el centrocampista raspador a la uruguaya del modesto Talleres de Escalada. Queda claro al principio, cuando una patada descalificadora le vale una suspensión de ocho partidos. Volvería para las últimas fechas del campeonato. Alejado de las canchas por varias semanas, el protagonista le dará vueltas a la idea de dejar el fútbol.

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Podría trazarse un paralelismo entre la historia del protagonista y la historia real de Lamothe, quien jugó al tenis en su infancia. Desde los cinco años, Lamothe compitió a nivel regional, jugando partidos todas las semanas y viajando por la Provincia de Buenos Aires como joven promesa. Pero cuando cumplió 13 años decidió retirarse prematuramente. "En un momento me pasó que a los que les había ganado siempre me empezaron a ganar o a hacerme partido", dice el actor argentino en conversación con El País. "Me gustaba una chica, empecé a ir a asados, a los boliches, a fumar algunos cigarros, a tomar cerveza. Fue un momento de vacío. Retirarse a los 13 es ridículo. Dejé de entrenar y me entregué a la joda, que estaba bueno también".

Después, Lamothe hizo de todo un poco: estudió en la facultad ("me fue mal"), trabajó de mozo por diez años y luego pintando casas. En un momento se anotó en un curso de teatro. "Sin querer ya era actor: hice una obra, después una película y dije una vez que hago algo bien me quedo".

Fue justamente en el teatro, representando una obra de teatro semimontado (donde los actores leen e interpretan a medias sus papeles) en el Instituto Goethe de Buenos Aires que conoció a Julieta Zylberberg. Están en pareja desde hace ocho años y tienen un hijo de dos, Luis Ernesto. Y en El 5 de Talleres también son pareja. "El proyecto no está concebido con una pareja real, pero es verdad que el hecho de que seamos pareja le suma porque hay mucha confianza", explica Lamothe, y agrega: "Ella no es tan buena como la chica de la película". Zylberberg lo respalda: "Yo no tengo tanta paciencia".

Ambos coinciden en que el guión de Biniez fue más importante que el hecho de ser pareja en la vida real. "Era tan bueno el guión que no había que hacer mucho. Esa es la verdad: para el actor cuando hay un buen guión y un buen director es bastante fácil el trabajo que hay que hacer, cualquiera lo puede hacer relativamente bien", dice Lamothe.

Una gran diferencia entre los personajes y los actores es que la pareja de El 5 de Talleres no tiene un hijo de dos años. Cuando se rodó la película, Luis Esteban era muy chico, así que el rodaje fue como una salida de pareja. "Era una manera de salir del enfrascamiento y la asfixia que produce un niño. Son una bendición y es hermoso, pero también con un primer hijo se genera una situación un poco asfixiante. En vez de ir a tomar un café o una birra y una pizza íbamos a filmar. Había un vínculo bastante festivo con el hecho del trabajo. Ser actor y tener trabajo siempre es una bendición, pero en este caso más todavía".

La película llega al espectador cargada de diálogos muy espontáneos y una muy buena química espontánea. Eso, dicen, ya se había generado en el rodaje, gracias a la personalidad de Biniez. "Estaba de joda, disfrutando de su película", recuerda Zylberberg. "La energía del rodaje se transmite mucho en la película después. Supongo que los actores de Lars von Trier la pasan como el orto. Esta necesitaba otra cosa". "No tenía ninguna neurosis", agrega Lamothe. "Yo dije: es una joda, esta es la primera semana, después el chabón va a quebrar y se va a volver loco. Pero nunca pasó. La mayor habilidad de un director tiene que ser crear el clima pertinente para esa película, que siempre es distinto".

Lo que sí abunda en El 5 de Talleres, y acompaña este tono coloquial, son los insultos. "Nosotros hablamos así, pero es la idiosincrasia. "Che, pajero, pasame eso" o "boluda, dame eso otro". Todo el tiempo se habla así y nada tiene que ver con ningún tipo de agresión", dice Lamothe. "La puteada está muy a la orden del día". Zylberberg también cree que esto se relaciona con el modo de vida. "Nosotros los vemos tan tranquilos viviendo acá. Todos los uruguayos dicen yo voy a Buenos Aires y me vuelvo loco".

Más allá de eso, la película habla de temas universales. "El amor, básicamente, que es el tema que atraviesa la humanidad. La vida, la muerte, el amor: no hay muchos más temas. Es un drama, pero no es para nada melancólica".

Un director argentino de trayectoria uruguaya.


El director y guionista Adrián Biniez está radicado en Uruguay desde los 29 años (actualmente tiene 41). Biniez vivió toda su juventud en la localidad de Remedios de Escalada, en la provincia de Buenos Aires, donde se desarrolla la película, que utiliza al equipio de esa localidad, Talleres, para situar su acción. El director, conocido en el medio local por haber colaborado en programas como Reporte Descomunal (que se emitió en TV Ciudad) y también por su actividad como músico, debutó en 2009 con el largometraje Gigante, gracias al cual obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. Según confirmó a El País en una reciente entrevista, tiene dos proyectos en carpeta.

Una relación delante y detrás de cámaras.


Durante la entrervista que conceden a El País en Montevideo, los actores conversan entre ellos, discuten las respuestas y a veces las completan. Cuando se conocieron, Lamothe (37 años) y Zylberberg (32) estaban ambos en pareja con otras personas. Aunque hicieron dos funciones juntos en una obra del Instituto Goethe de Buenos Aires, por el momento solo se quedó en eso. "Mirábamos y todo eso pero no pasó nada", recuerda Lamothe. Un año después, Zylberberg celebró su cumpleaños y Lamothe fue el primero en llegar. Ambos ya estaban en condiciones de inciar una relación, algo que dura hasta hoy (no están casados todavía) y que también los hizo padres, hace dos años, de Luis Ernesto, su primer hijo.

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