Resumen

Los Globos de Oro se vistieron de protesta

La violencia sexual y la desigualdad en Hollywood tiñeron la ceremonia

Reese Witherspoon, Eva Longoria, Salma Hayek y Ashley Judd Foto: AFP
Reese Witherspoon, Eva Longoria, Salma Hayek y Ashley Judd Foto: AFP

cuatro segundos fueron lo que necesitó el maestro de ceremonias de los Globos de Oro, Seth Meyers, para marcar el tono de los premios entregados por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood el domingo.

“Buenas noches a las damas y a los caballeros que quedan”, dijo Meyers en el arranque de su monólogo, en el que enseguida hizo hincapié en un tema que estaba en boca de todos, tanto en los invitados presentes en el hotel Beverly Hilton como en los televidentes.

La 75° edición de los Globos de Oro fue la primera gran premiación de la industria estadounidense del entretenimiento después de las denuncias contra el productor Harvey Weinstein.

Tras una investigación del New York Times sobre el comportamiento detrás de escena del empresario, una ola de denuncias a actores, directores, productores y otros trabajadores acusados de violación, abuso y acoso sexual, sacude a Hollywood desde octubre.

Omitir esa polémica desde la organización de los Globos de Oro hubiese sido una postura inadmisible. A Meyers le tocó ser el primero de una serie de anfitriones encargados de conducir, en los próximos meses camino a los Oscar, las celebraciones tradicionales de la labor de las estrellas y trabajadores del cine y la televisión de Estados Unidos.

Desde su figura -un conductor masculino y blanco- el comediante y conductor atacó el reciente desbalance en las estructuras de poder de esa industria. Al hacerlo, la premiación de los Globos de Oro generó tanto momentos de regocijo como de reflexión.

Si el año pasado muchos de los discursos de los actores premiados fueron dirigidos hacia el entonces reciente electo presidente Donald Trump (un crítico de Hollywood, industria ubicada en el estado demócrata de California) este año el blanco fue hacia adentro.

Incluso desde la alfombra roja, la antesala e instancia de mayor glamour en este tipo de ceremonias, los Globos de Oro se volvieron un espacio de discusión y difusión de movimientos como Time’s Up (“El tiempo se acabó”).
Respaldado por cientos de miembros de la industria, esa iniciativa motivó a que varias actrices -Meryl Streep y Natalie Portman entre varias de - desfilarán por la alfombra vestidas de negro en señal de protesta.

Unidas bajo un mismo color y mensaje, las actrices destinaron una instancia televisiva usualmente dedicada al origen de sus vestidos y zapatos para hablar de la misoginia y desigualdad de oportunidades que las mujeres enfrentan, tanto en Hollywood como en otros sectores laborales.

Ante esa reversión de lo tradicional, la transmisión a cargo de la señal de cable E! no estuvo a la altura. Sus conductores, que suelen anteceder a los premios desde un discurso más concentrado en aspectos superficiales de la moda o vida de las celebridades, generó que el formato de la transmisión no se acomodara al reclamo de los invitados.

El resto de la ceremonia de los Globos de Oro, en tanto, también mantuvo una sensación que se mezcló entre la algarabía y el amargor.
Si bien el monólogo de Meyers lidió de una forma entretenida con la problemática, por momentos el guion elaborado para el conductor se vio forzado a a la hora de tratar otras temáticas que no fueran la violencia sexual. Incluso los dardos hacia Trump parecían fuera de tono.

En esa misma línea, también se generaron momentos de improvisación que motivaron el asombro de los espectadores, fuera y dentro de la premiación.

A la hora de entregar el premio a Mejor director, por ejemplo, Portman intervino en su presentación de los nominados junto al cineasta Ron Howard y reclamó por la falta de mujeres en esa categoría.

El mexicano Guillermo Del Toro, quien ganó ese premio por su película La forma del agua, no tuvo otra opción que reaccionar en silencio, un recurso a los que acudieron varios de los hombres partícipes de la ceremonia.

La naturaleza de cómo y quiénes votan en los premios Globos de Oro ha sido puesta en cuestionamiento antes y año a año la ceremonia deja entrever varios huecos. No solo la película ¡Huye! y la serie Game of Thrones no obtuvieron premio alguno, sino que la directora Greta Gerwig -una revelación de la temporada- no estuvo nominada como Mejor directora pese a que su ópera prima Lady Bird ganó como mejor película musical o de comedia y el premio a mejor actriz de ese rubro.

De todas formas, el evento sigue funcionando como un generador instantáneo de entusiasmo para las películas que desean posicionarse como las candidatas más fuertes para el Oscar.

Además, se entiende que la propia estructura de los premios provee a los actores y actrices un ambiente más relajado que los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Pero más allá de esa aparente soltura, este año las estrellas de Hollywood demostraron que hablaban en serio. Uno de los momentos más memorables del evento fue el discurso brindado por la magnate conductora de televisión y actriz Oprah Winfrey, quien recibió el premio honorífico Cecil B. DeMille.

“Durante demasiado tiempo, las mujeres no han sido escuchadas o no se les ha creído si se atrevían a contar la verdad sobre estos hombres. ¡Pero su tiempo ha terminado!”, expresó. “Por lo que quiero que todas las niñas que estén viendo esto sepan ¡que hay un nuevo día en el horizonte!”.

Winfrey, además, recordó el caso de Recy Taylor, una mujer negra que en 1944 fue secuestrada, violada y abandonada por seis hombres blancos que nunca fueron condenados y que murió hace solo diez días.

Y así, entre reclamos y discursos que mezclaron la emoción y la denuncia por parte de las mujeres como las actrices ganadores Frances McDormand (Tres anuncios por un crimen) Laura Dern, Nicole Kidman (Big Little Lies) y Elizabeth Moss (The Handmaid’s Tale), los Globos de Oro sucedieron como una premiación en la que la ficción quedó relegada, al menos por ahora, ante la dureza de la realidad.

En marzo, el turno es de los Oscar y será el anfitirón Jimmy Kimmel quien deba lidiar con la tarea de engalanar una industria que intenta limpiar una de sus manchas más feas hasta ahora. Si los Globos de Oro sirven de lección, lo mejor es no guardar silencio alguno. Ya no hay tiempo para eso.

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