AHÍ ESTUVE

El glamour del cine bañado en chocolate

La noche en que Cecilia Roth caminó por la alfombra roja del Festival de Cine de Gramado había lluvia, viento y una niebla blanquísima. La humedad se sentía en la garganta con cada bocanada de aire, pero a la actriz le preocupaba que no arruinara su peinado.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cecilia Roth. Foto: Edison Vara

Una cámara acompañó sus pasos por la pasarela que se monta durante nueve días de agosto y tiene la incómoda longitud de una cuadra. La tela estaba empapada. La musa de Pedro Almodóvar mantuvo la sonrisa mientras se acomodaba el pelo mojado con ambas manos y echaba una discreta pero constante mirada hacia sus pies. Cecilia Roth estaba allí para celebrar una impecable carrera de medio siglo y no estaba dispuesta a protagonizar una caída vergonzosa en vivo y en directo.

En el Palacio de los Festivales unas 500 personas observaban su procesión comiendo medallones de chocolate con naranja. Los más audaces sostenían bolsas de pop con un intenso olor a parmesano y a churrasco: los sabores estrella de la gastronomía gramadense.

Antes de la espinosa caminata, Roth brindó una conferencia de prensa en la fábrica de cristales más famosa de la región. Llegó tarde. Los empleados entretuvieron a los periodistas demostrando cómo en apenas tres minutos convertían una bola de fuego sólida en un elefante o en un cisne o en un mate. Cuando la actriz apareció, un articulado operativo le acomodó la butaca, le sirvió agua, le dio un micrófono y la guió en los pasos que debía seguir para cumplir con un ritual del festival. Cuidando la postura para la foto, la celebridad presionó un molde con la forma de un sol. La cabeza circular, que representa la alegría brasileña, se coloca sobre un cuerpo a escala. Este es el Kikito de Cristal que recibirá otra figura dorada en 2017. En las chocolaterías de Gramado los galardones se hacen de varios tamaños, con pasas de uva y con castañas.

La estrella argentina llegó al evento cinematográfico más importante de Brasil en helicóptero. También llegan volando los turistas que gastan miles de dólares para disfrutar de una fiesta de tres días en el marco del festival. Cansados de enriquecerlos, la muestra les vendió su marca. Ahora, el dinero que se recauda se paga a los cineastas premiados en cada edición. Aunque se benefician mutuamente, estos son dos mundos paralelos. Cuando Cecilia Roth estiró sus manos hacia la cámara y lanzó un beso, en el encuadre se podía ver a un grupo de jóvenes esculturales que bailaban electrónica y gritaban del otro lado del vallado. La inmensa mayoría de ese público no pisó el cine, pero gastó en una sola noche 750.000 dólares en espumante.

Gramado es un rincón de la Europa más tranquila en América del Sur. Fue fundado por alemanes. No hay delincuencia. Cada mes de julio, nieva. Celebra la Navidad más larga del mundo, porque los festejos se fingen desde octubre hasta febrero. Al mediodía la jornada se interrumpe para la siesta y a las 23.00 los chefs se van a dormir. Por la noche, desierta, la ciudad se parece a un set construido con decorados. Por eso, los bares de los hoteles se convierten en boliches donde se reúnen cineastas, jurados y periodistas. Junto a una estufa a leña, brindando con un mal vino carísimo, allí se cantan sambas. Los mozos aplauden con una sonrisa. El mejunje de nacionalidades e idiomas que trae el festival llega cada agosto para sacudirle la nieve artificial a un paraíso que al fin y al cabo es brasileño.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)