Futuro

El gigante que engulle gigantes: Disney se hizo de Fox y se apronta a enfrentarse a Netflix

Ayer se concretó el negocio de 71.300 millones de dólares que convierte a Walt Disney en la compañía de entretenimientos más grande de la historia

Disney
La puerta de Alameda de los estudios de Disney en California. Foto: AFP

Nunca nadie fue tan grande. La compra, ayer finalmente concretada, de 21st Fox por parte de la Walt Disney Co., convierte a la empresa que se fundó alrededor de un ratón, en el mayor conglomerado de entretenimiento de la historia.

El paquete, por el que pagó 71.300 millones de dólares, incluye uno de los estudios históricos de Hollywood, 20th Century Fox, que viene con series como Los Simpson y franquicias como Avatar (que aporta la película más taquillera de la historia y las cuatro secuelas que prometió James Cameron), Deadpool y X-Men; el estudio de películas “indies”, Fox Searchlight; los canales de cable FX y National Geographic; Blue Sky, el estudio de animación detrás de La era del hielo; la mayoría accionaria de Hulu, un servicio de streaming y Star, un canal de televisión de gran presencia en India.

Todo eso pertenecía al magnate australiano Rupert Murdoch, quien se quedó con Fox News y Fox Sports 1, un canal de noticias y uno de deportes. Esas son las otras dos patas rentables del entretenimiento doméstico actual. La familia Murdoch se lleva unos 12.000 millones de dólares de la venta.

A sus nuevas adquisiciones Disney las suma un patrimonio que ya abarca Pixar, Lucasfilm (o sea, todo lo que salga de Star Wars) y Marvel (del que ahora tiene lleno el álbum de figuritas con Deadpool, X-Men y Los cuatro fantásticos). Son las tres marcas más lucrativas del cine contemporáneo.

Nunca nadie fue tan grande: a partir de hoy Disney es dueño del 40 % de la taquilla cinematográfica de Estados Unidos.

Es la primera vez que una de las majors (los estudios históricos que dominan el negocio del cine desde hace 100 años) se engulle a otra. Disney anunció que seguirá manteniendo las marcas 21st Century Fox y Fox Searchlight.

La compañía de Walt Disney, empezó, hace 96 años, con una tabla de dibujo. Durante años fue vista con recelo por los otros estudios y entendió, desde antes que todos, que el negocio iba más allá del cine. Su imperio se fundó a partir de un persona (el ratón Mickey), y alrededor de las ideas de que un niño siempre arrastra un adulto al cine y de que el que mucho abarca, mucho aprieta.

Con ese espíritu, creó una marca de impronta familiar, una idea que extendió a los parques de atracciones, otro rubro en el que es figura dominante. Aunque ha diversificado su negocio (es dueña de ESPN, entre otras marcas globales) ha mantenido una conducta empresarial solo comparable en magnitud con su voracidad comercial.

“Lo que nos espera es la desafiante tarea de unir nuestros negocios para crear una compañía global de entretenimiento con el contenido, las plataformas y el alcance para entregar experiencias que sean hitos en la industria que involucren a consumidores alrededor del mundo para las próximas generaciones”, escribió en un mensaje a sus empleados Bob Iger, el mandamás de Disney, quien desde hoy es el hombre más poderoso de una industria que ha conocido hombres poderosos a lo largo de su historia.

Ya sabe cómo concretar esa expresión de deseo.

negocio

El futuro en su casa

Con el negocio ya concretado Iger puede concentrarse en su legado, Disney+, una plataforma de streaming que sale, derecho, a competirle a Netflix. En realidad, sale a pelearla (con el arsenal más potente) en un rubro para el que Apple tiene planeado anunciar el próximo lunes sus planes de producción de contenidos de cine y televisión y Comcast y WarnerMedia ajustan los detalles de su plataforma de streaming. Amazon también ha estado invirtiendo fuerte en ese terreno.

Disney —que en en 1995 compró Capital Cities y la cadena ABC (donde venía ESPN) por, en plata de ahora, 32.000 millones de dólares— está viendo cómo está decayendo su negocio de cable. La tendencia ha venido siendo imparable desde la llegada de Netflix.

Todo eso tendrá una incidencia directa en la manera en que consumimos entretenimiento y en la forma en que está armada una industria que empieza a tomar la forma de aquellos oligopolios que dominaban el cine hace 70 años. Ahora, unos pocos gigantes dominarán, verdaderamente, la producción, la distribución y la exhibición de contenidos. Hay quienes hablan de que un daño colateral es la capacidad de elección de la clientela: una industria basada en marcas tiene poca tendencia a la diversidad.

“Pienso que esto es malo para los consumidores y es anticompetencia, Muy anticompetencia”, le dijo a la revista especializada Variety, el presidente de Sony Pictures (y exjefe máximo de los estudios de Fox), Tom Rothman. “Y los que van a sufrir de última son los consumidores que van a tener una gran pérdida de originalidad. Esa es la amenaza más grande que enfrenta el negocio de las películas”.

La compra de Fox por Disney es, entonces, el primer gran paso hacia el más importante cambio de paradigma más importante del cine en su historia; ni la televisión fue tan amenazante para su modelo.

Este negocio influirá en la manera de entretenernos de aquí en más. Conseguirlo por 71.300 millones quizás sea una ganga.

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