Entrevista

"La gente no sabe lo que quiere ver hasta que lo ve"

María José Santacreu, la directora de Cinemateca Uruguaya, habla de las nuevas salas y del futuro de la institución

María José Santacreu
María José Santacreu, directora de Cinemateca Uruguaya. Foto: Darwin Borrelli

Sala Cinemateca, ahí en Lorenzo Carnelli, está despidiéndose y un montón de cajas, butacas rotas y afiches aportan el paisaje de una despedida. Cuando espero en la puerta a que venga a recibirme María José Santacreu, la directora de Cinemateca Uruguaya, es imposible que no se arrimen, ahí entre todos esos bultos, un montón de recuerdos de aquel adolescente que descubría la fascinación por el cine en esas butacas siempre destartaladas o en proyecciones que distaban de colmar incluso las expectativas más bajas. El aspecto de mudanza es porque Cinemateca Uruguaya abre hoy su nueva sede en el flamante edificio de la Comisión Andina de Fomento en el viejo Mercado Central, ahí atrás del Teatro Solís. La charla con Santacreu, que tiene lugar en la primera fila de esa sala cargada de recuerdos y a la que no vamos a entrar nunca más, es sobre lo que pasó allí y sobre el renacer de una institución que, a pesar de sus penurias siempre tuvo claro el objetivo de pasar el mejor cine en la vuelta. Este es un resumen de esa charla

—¿Cuándo empezó este proceso que lleva a tener tres nuevas salas?

—Empezó en 2012 y culmina hoy. Eso me parece increíble. Fue un proceso largo porque primero fue una idea, después se empezó a viabilizar y surgió esto de la Comisión Andina de Fomento y del comodato con la Intendencia de Montevideo.

—Cinemateca Uruguaya ha trabajado todos estos años en condiciones complicadas. ¿Cuánto tiempo robaba de la tarea diaria, el tapar agujeros?

—La parte buena de trabajar en una cinemateca era el 20% del tiempo. Siempre estábamos tamizados por los problemas. Lo que tiene de malo, cuando tenés muchas dificultades edilicias y de equipamiento es que una gran parte del tiempo estás resolviendo problemas. Y encima sin plata. De lo que estamos más orgullosos es haber podido mantener la Cinemateca andando en esa precariedad pero sin perder la línea. Acá se siguió haciendo lo que se debía hacer y por eso el cariño de las personas sigue siendo el mismo. Pero fueron muchos años de dificultades. Hubo una épica de la cinemateca y a nosotros nos tocó la parte cruel de agarrarla en caída y mantenerla.

—¿Crees que esos problemas de infraestructura fueron la razón de que la gente abandonase la institución?

—Antes veías la película y no importaba si sonaba o se veía mal. Lo importante era estar viendo Wajda, por ejemplo. Antes, también, estaba eso que decía Manuel Martínez Carril (el histórico coordinador de Cinemateca Uruguaya) de que si no la veías en la Cinemateca no lo ibas a ver. Si querías ver una película de Szabó o Tanner, dónde la ibas a ver si tenías apenas cuatro canales en blanco y negro. Todo eso cambió de manera dramática. Fue multicausal: las salas, sus dificultades y que los 15.000 socios que se tenían en 1987 no eran todos cinéfilos, no venían solo por el cine.Venían por otra cosa.

—Y además, tienen un archivo fílmico...

—Eso hace difícil mantenerla andando. Por algo en el mundo las cinematecas son públicas. Es como que le dijeras a la Biblioteca Nacional que tiene que comprar los libros, pagar alquiler y los salarios, fumigar, lo que sea, todo cobrando 200 pesos por leer los libros. No duraría nada. Y el cine es más caro. El de Cinemateca Uruguaya es un modelo inviable y en el extranjero no lo pueden creer.

—¿Y cómo ves lo que está sucediendo ahora?

—Para nosotros es muy importante tener estas salas. Para empezar porque te da ilusión de que vuelva a suceder eso que lograba Martínez Carril: que la Cinemateca tuviera una inserción tan grande como para que no fuera necesario explicar qué era la Cinemateca. Y que las nuevas generaciones vean películas que nunca hubieran visto porque por más que estén accesibles: el hecho de ponerlas allí y hables sobre ella de repente lleva a la gente a verlas. No tengo dudas que las personas terminan buscando las mismas películas que saben que existen porque la gente no sabe lo que quiere ver hasta que lo ve. Y Cinemateca aporta eso. Y además la ciudad se merece esto. La ciudad y la gente que mantuvo la Cinemateca.

Programación renovada

El nuevo complejo de Cinemateca en el novísimo edificio de la Comisión Andina de Fomento incluye tres salas de última generación con 420 butacas. Hoy empiezan las exhibiciones regulares con el estreno de Roma, la película de Alfonso Cuarón que al día siguiente se estrena en Netflix pero fue concebida como una experiencia cinematográfica. Además comienza la Muestra de cine Radical (un festival que incluye lo último de Jean Luc Godard y Abbas Kiarostami, entre otras películas importantes) y un ciclo con ocho películas de Ingmar Bergman.

—¿Va a cambiar el tipo de gestión?

—Sí, obviamente va a haber cambios en la manera de gestionar y en la manera de programar. Partíamos de una Cinemateca mucho más rígida y ahora nuestra intención es tener una flexibilidad mayor para poder responder a las oportunidades que se planteen. Por ejemplo, pasar Roma. Y eso en un modelo de programar con un mes y medio de anticipación, era imposible. Antes todo dependía del socio ahora la gente se comporta de otra manera y quiere ir y ver una película. La pertenencia a la institución era lo más importante y con esto del “Socio Refundador” hemos encontrado un nuevo entusiasmo por pertenecer que está bueno que exista. El modelo de Cinemateca siempre fue el de extraer los recursos fundamentales de la exhibición y va a seguir siendo así.

—¿Cómo ha cambiado el público?

—Antes descubríamos cosas y ahora es más dificil que la gente quiera identificar a los, digamos, Kiarostami de hoy. Hay gente que no se da cuenta cuánto ha dejado de ver cine. Piensa que está viendo la de Tarantino y está viendo “el cine” y así gente muy culta y formada no se da cuenta que dejó de hacer lo que antes hacía, por ejemplo, ver la película de alguien desconocido que va a ser importante en 20 años. Si no viniste a los festivales de Cinemateca Uruguaya en 10 años no tenés idea de dónde está el cine. Nosotros antes íbamos a los festivales y descubríamos cosas. Ahora hay que recuperar esas ganas de perder el tiempo en el sentido que lo que veas en el cine no sea lo que esperabas que ibas a ver. Y eso te aporte cosas nuevas. Ese es el espíritu de siempre.

—¿Y hay un público dispuesto a ese “sacrificio”?

—Y yo creo que sí. La desvalorización del esfuerzo es lo que nos va a matar. Antes tu padre te decía “lo que cuesta vale” y yo estoy convencida de eso. Hasta que no se revalorice el esfuerzo de descubrir cosas y que no todo sea tan fácil, vamos a seguir decayendo como cultura.

Campaña de socios

Actualmente, Cinemateca Uruguaya está en una campaña que va hasta el 30 de diciembre para convertirse en Socio Refundador por 390 pesos por mes. La cuota individual será de 520 pesos y el precio de las entradas de 220 pesos. El nuevo complejo, al que se ingresa por Bartolomé Mitre y Buenos Aires, también tiene una cafetería.

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