CINE

El futuro ya llegó y está repleto de confusiones

Hoy en HBO va Ex Machina, sobre la inteligencia artificial,

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ex Machina. Foto: Difusión

Fue una de las mejores películas del año pasado como quedó claro en todas las listas de los principales medios internacionales. Hasta se coló en los Oscars llevándose uno por mejores efectos visuales. Ambos reconocimientos están totalmente justificados.

Es que Ex Machina, que hoy a las 22.00 exhibe HBO, es una película inteligente, vistosa y moderna. Nada mal para un director debutante con prontuario de guionista y escritor, Alex Garland.

Caleb (Domhnall Gleeson), un empleado de una empresa de alta tecnología es invitado por el ermitaño dueño (una especie de Mark Zuckerberg con delirios de grandeza interpretado por un Oscar Isaac recargado de testosterona) a pasar unos días en su casa. Hay un interés: quiere que compruebe como si fuera un Blade Runner, el grado de humanidad que hay en su nuevo experimento de inteligencia artificial, un bello autómata con la cara de Alicia Vikander. Todo transcurre en un futuro aterradoramente cercana y en un ambiente aterradoramente cerrado.

Lo que la película plantea es el debate de qué hacer con tanta tecnología y cómo a esto que estamos jugando cuestiona, en definitiva, nuestra propia humanidad. También revela como el cine sigue siendo un ámbito interesante para discutir esta clase de cosas.

La película funciona en varios planos. Hay una historia de amor cercana a la de Ella de Spike Jonze que va armándose lentamente. Está ese terror al futuro computarizado al que inevitable vamos con prisa y sin pausa que estaba presente en Stanley Kubrick. También hay una historia tirando a thriller a medida que Caleb va descubriendo que los fines del patrón no son tan loables, algo que no era muy difícil de esperar. Finalmente está el vínculo entre ese alfeñique y el megalómano creador de inteligencia artificial, que tiene mucho de aquel Kurtz de Apocalypse Now. Rápidamente todas esas tensiones empiezan a hacer eclosión en esa casa que tiene tanto de infierno como de nave espacial.

Ex Machina es visualmente perfecta con su paleta de colores básicos que tiñen las escenas. Hay un fuerte uso del rojo, por ejemplo, y todo el universo de sensaciones en el que mueve la película tiene su correspondencia cromática.

Las actuaciones son fundamentales. Lo de Vikander es sutil, lo de Gleeson contenido y lo de Isaac, exhuberante, las tres características que necesitaban sus personajes.

Se sabe que cuando uno lidia con cosas como crear vida se mete en territorios complicados. Ex Machina le da una vuelta a ese debate que desde un tal doctor Frankestein hasta ahora ha estado cargado de hipótesis.

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