En 1975 George Lucas fundaba Industrial Light & Magic que resultó influyenteF

La fuerza de los efectos especiales

Es sin duda una fecha en la historia del cine, aunque queda un amplio margen para la polémica acerca de si corresponde celebrarla. En mayo de 1975, es decir hace cuarenta años, nacía la empresa Industrial Light & Magic de George Lucas, que ha poblado desde entonces de efectos especiales las pantallas de cine del mundo.

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El aporte técnico de la empresa ha sido enorme aunque genere preguntas.

Lucas se encontraba en ese momento en una encrucijada de su carrera. Había estudiado cine en la escuela de la Universidad del Sur de California, realizado varios cortos y coqueteado con el largo (y con la ciencia ficción) en la historia futurista THX 1138 (1971), que alargó un corto previo, contó con el apoyo de Francis Ford Coppola y dio nombre a otras de las empresas que el cineasta crearía más tarde. Después hizo American graffiti (1973), un cuadro juvenil que tenía su sabor y que en perspectiva debe ser lo mejor que realizó como director.

Pero en 1975, Lucas se encontraba en un "impasse". La productora Twentieth Century-Fox le había dado luz verde a la primera entrega de su ambiciosa saga Star Wars, pero había cerrado su departamento de efectos especiales (dicho sea de paso, Lucas parece tener un sino con respecto al cierre de departamentos: cuando consiguió su primer empleo en Warner Brothers dijo que quería trabajar en el departamento de animación, y ese mismo día Warner lo cerró).

Emprendimiento.

Sea como fuera, Lucas necesitaba que alguien se ocupara del trucaje de su aventura galáctica, y decidió aplicar un proverbio muy estadounidense: "Si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo". Si Fox no iba a hacerle los efectos especiales, él se ocuparía de que hubiera una empresa que los hiciera. Así nació Industrial Light & Magic (ILM), como subsidiaria de su empresa Lucasfilm. El estudio se estableció en Van Nuys, California, y posteriormente se trasladó a San Rafael. Actualmente está ubicado en el Letterman Digital Arts Center, en el Presidio de San Francisco en California. También continúa usando parte del edificio de San Rafael, construido en 1991 específicamente para su tienda de modelos.

Lucas quería para dirigir su empresa al célebre Douglas Trumbull, responsable de los espléndidos efectos de 2001: Odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick. Trumbull no se mostró interesado, pero le recomendó a Lucas a su asistente John Dykstra, quien sí aceptó. Muy pronto, Dykstra reunió a un pequeño grupo de creativos que incluía a Dennis Muren, Richard Edlund, Joe Johnston y Phil Tippet. Casi todos ellos participaron en la producción de la primera La guerra de las galaxias (1977), aunque hubo recambios a partir de El imperio contraataca (1981), la segunda entrega de la serie.

Desde ese momento, Industrial Light & Magic ha venido proporcionando tecnología para las películas producidas y/o dirigidas por Lucas, pero también a casi toda otra empresa decidida a fabricar un "blockbuster" poblado de efectos especiales. Se calcula que más de doscientas películas y numerosos programas de televisión han utilizado recursos aportados por ILM, incluyendo las sagas de Indiana Jones, Harry Potter, Parque Jurásico, Volver al futuro, Star Trek, Piratas del Caribe y Transformers. También ha colaborado en películas donde el uso de efectos especiales es menos visible pero está, desde La lista de Schin- dler a Magnolia y muchas películas de Woody Allen.

Cuando se repasan los aportes técnicos de la empresa resulta difícil restarles importancia. En 1982 fueron los responsables de la primera secuencia generada totalmente con computadora ordenador (en Star Trek II: La ira de Khan). En 1985 crearon también el primer personaje totalmente producido por una computadora (el "caballero de la vidriera" de El secreto de la pirámide de Robert Zemeckis). En 1989 dieron vida al primer personaje generado con gráficos en 3D, el seudópodo de El secreto del abismo de James Cameron. En 1991 dieron vida al T-1000 de Terminator 2: juicio final. En 1992 consiguieron por primera vez que la computadora generara una apariencia de textura de piel humana en La muerte le sienta bien. En1993 lograron animar aparentes seres vivos en forma completa y extremo detalle con los dinosaurios de Parque Jurásico, que además fue galardonado con el decimotercer Oscar para ILM. En 1999 crearon el primer personaje por computadora con anatomía humana, Imhotep, para la película La momia. En 2006 desarrollaron el sistema iMocap, que utiliza técnicas de vista de personajes en movimiento por computador en el set en Piratas del Caribe: el cofre de la muerte. La lista podría seguir y hasta abrir una puerta lateral para recordar que John Lasseter trabajó para la ILM a principios de los ochenta como animador, y el departamento de informática gráfica en el que comenzó a desenvolverse se vendió luego a Steve Jobs y ahora se llama Pixar.

Influencia.

A lo largo de más de tres décadas, ILM ha recibido unos 16 Oscar por efectos visuales, otras veinte nominaciones y 22 estatuillas más en otras categorías técnicas. Es difícil encontrar una premiación de la Academia en los últimos 40 años en la que no hayan sido candidatos o ganadores de algo. Y todo indica que nos van a acompañar por un largo rato. En 2012, la empresa (junto con otras de Lucas, empezando por Lucasfilm) fue comprada por Disney, que también tiene los derechos para el cine de los cómics de Marvel. Entre más Transformers, un montón de superhéroes y la inminencia de una séptima entrega de la saga Star Wars, no va a ser fácil librarse de Industrial Light & Magic.

Cuando el progreso no es siempre un progreso

¿Cuál es el real aporte de George Lucas en general y de la empresa ILM en particular a la historia del cine? El progreso técnico es obvio y no requiere de explicaciones adicionales. Cabe otro margen de discusión acerca de su significado artístico. ¿Estamos seguros de que ha habido progreso? Hacia mediados de los años setenta comenzaron a imponerse en la industria los Lucas y los Spielberg (admitamos que este último es mejor narrador), y la calidad promedio del cine industrial ha caído en picada. ¿Quiénes son los Chaplin, los Welles, los Ford, los Hawks, los Wyler, los Wilder de hoy? Acaso, a veces, Scorsese, Eastwood y Woody Allen. El resto es silencio, o peor aún, el ruido provocado por los robots buenos que rompen a los robots malos, favorecidos por un opulento despliegue de efectos especiales.

Una generación de alumnos y herederos

Alguien ha dicho que con La guerra de las galaxias, George Lucas "cambió la ciencia ficción para siempre". Tiene razón: la hizo retroceder cuarenta años. Un género que en el papel había saltado de la maestría de Stapleton, Bradbury o Sturgeon y hasta del clasicismo menor de Anderson, Asimov, Heinlein o Clarke a la madurez de "la nueva cosa", y que en cine ya había aportado 2001: Odisea del espacio, volvió a los tiempos de Flash Gordon.

Aquí estamos, más o menos, y los herederos de Lucas se ubican en esa dirección o un poco después. No es casual que J.J. Abrams, el cocreador de Lost, haya contado con el aval de Steven Spielberg para hacer Super 8 (una película en la que había influencias de E.T. y de Los goonies), y que luego le hayan ofrecido hacerse cargo de dos sagas rivales, lo que ha enojado a los seguidores de una y otra. Abrams proporcionó ya dos decentes (aunque no memorables) regresos al universo de Star Trek, centrándose, según moda muy actual, en la juventud de los personajes. Ahora le han dado la séptima Star Wars, donde también hay jóvenes al lado de Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher.

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