AHÍ ESTUVE

Dos figuras del cine y mucha gente con ganas de escuchar

El País está en el Festival de Cine de Mar del Plata.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Olivier Assayas. Foto: La Nación

Apenas comenzó el festival de cine de Mar del Plata y hay entradas agotadas para casi todo el programa. Paterson de Jim Jarmusch, Personal Shopper de Olivier Assayas, Moonlight de Barry Jenkins, y las argentinas Amateur de Sebastián Perillo y No sabés con quién estás hablando de Demián Rugna ya van a sala llena.

La fila más larga del sábado —giró dos veces sobre sí misma para respetar el orden de llegada— fue la que se armó para acceder a la charla con el francés Olivier Assayas, que ingresó a la sala con timidez, tomándose las manos y mirando al piso.

El encuentro duró dos horas. El director de Clean e Irma Vep y una treintena más dijo que "con el cine le toma el pulso al mundo", y que es un arte "que en dos dimensiones debe plasmar la pregunta de qué es el mundo y cómo nuestra subjetividad lo transforma". "Me gusta el cine porque me gusta la cultura, porque me trae noticias de países que no conozco de una forma mucho más profunda que un diario", dijo Assayas.

Además cree que, ahora que las imágenes se multiplicaron y así su forma de consumirlas, el cine es la única imagen capaz de reflexionar sobre cómo el mundo se registra, la única con capacidad de observación y de ordenar este "caos". Habiendo publicado en su juventud críticas en Cahiers du Cinema, aclaró que siempre prefirió los ensayos que cuestionan la teoría ya que entiende que el cine necesita ese ida y vuelta entre el hacer y el reflexionar sobre métodos. "Respeto a la crítica pero creo que se ha ido distanciando del cineasta para hablarle al público. Se transformó en una guía para el espectador, como si se tratara de gastronomía".

Sospecha que está habiendo una renovación de cineastas pero aún no surgieron obras determinantes ni esenciales. "Veo al cine bastante cerrado sobre sí mismo, con poco diálogo con otras artes. No alcanza a cuestionarse como debería hacerlo en este momento de capitalización absoluta —incluso del cine—, pero es algo cíclico así que no que no pierdo la fe de que esté pronto de suceder".

Acerca de su nueva actriz fetiche, Kirsten Stewart —la llama Kristel—, contó que la conoció por recomendación de su productor. Se había fijado en ella en Into the wild (Sean Penn) y en En el camino (Walter Salles), pero luego se cruzó con ella en algunos festivales. "Me pareció una persona mucho más interesante en la vida que en el cine y siempre que me sucede eso quiero trabajar con esa actriz: quiero darle una película para que tenga la posibilidad de expresarse como necesita", dijo.

Confirmó que escribió el guión de la película que está rodando Roman Polanski, y que convocó a Silverter Stallone para su próximo proyecto."Soy su fan como actor y como cineasta", dijo. "Cuando charlé con él para ofrecerle el personaje fue muy fácil, porque siempre es fácil dialogar con alguien que hace cine con la mejor de las intenciones".

Otra cita.

Una estudiante de cine llegó dos horas más temprano al auditorio en el que Vittorio Storaro está a punto de dar una charla, pero fue inútil. Hay tanto público que los guardias de seguridad hicieron dos filas: ambas recorren tres tramos de escalinatas, dos pasillos, atraviesan el hall, la puerta de entrada y parte de la vereda. Organizar el acceso retrasa media hora el evento.

Storaro, alto, canoso, de 76 años, viste traje marrón claro y prefiere ponerse de pie para dar su "charla maestra". Habló una hora sin hacer una sola pausa. Lo hizo en italiano, y casi la mitad de la sala desfiló a la puerta en busca de auriculares para escuchar la traducción en simultáneo. Así empieza su exposición: "Llevo 60 películas filmadas, 59 en analógico".

La última que rodó fue con Woody Allen, Café Society. Storaro cuenta que en cada rodaje exige dos monitores: uno para él y otro para el director. "La productora ejecutiva me dice que Woody lleva toda su carrera sin usar monitor, que por qué no nos ahorrábamos esa plata, pero le expliqué que mi forma de fotografiar es el resultado final que se va a ver en pantalla. No tolero eso de: después se resuelve en posproducción y menos la pantalla verde. Un día noto que uno de los actores tiene una ropa que no es la adecuada para la escena y le pido a Woody que observe, me da la razón y pide cambio de vestuario. A la mañana siguiente, lo primero que hizo al llegar al set fue pedir su monitor", lanza Storaro con orgullo.

Storaro no es de los que creen que el digital se robó la poesía. Sin embargo, le preocupa que se lo celebre como un material inmortal considerando que tiene una vida útil de cinco años, "mientras que los rollos Kodak podían sobrevivir 60 años sin cuidados especiales".

"Cuando recibí el guión de Apocalipsis now estaba mal traducido, así que lo primero que sentí fueron dudas, ¿qué quería decir Coppola con esa historia? Entonces me dijo que no era una película de guerra, sino sobre cómo una civilización se destruye al querer imponerse a otra. Empezó a ser mi historia también, porque es un tema universal". "Luego del tifón que destruyó el set me mandaron a casa. Solo usaba dos pijamas que me había regalado Coppola: uno blanco y otro negro. No comía. No hablaba. Me parecía al personaje de Martin Sheen en la primera escena", relató.

Por último, dijo que las imágenes que lo conmueven son de todo tipo: "Mi perro apoyando la cabeza sobre un muro. Un bostezo de mi hija. Un abrazo de mi mujer. Un pensamiento. Una pintura. Darme cuenta en una discusión de que mi hijo es más maduro que yo. Nosotros vivimos gracias a estos pensamientos y eso es lo que intento transmitir en las películas: imágenes de nuestra vida".

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