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Festival de cine de Punta del Este: entre el glamour brasileño y la vida de Ástor Piazzolla

La actriz brasileña Marieta Severo fue homenajeada en el festival esteño

Marieta Severo fue homenajeada en el Festival de Cine de Punta del Este. Foto: Ricardo Figueredo
Marieta Severo fue homenajeada en el Festival de Cine de Punta del Este. Foto: Ricardo Figueredo

Las calles de Punta del Este están casi vacías, pero sus salas de cine están llenas. Digamos entonces que el objetivo del festival está resultando. La otra meta, la de ofrecer una buena selección de obras, también. Aparte, esta edición se siente más profesional, porque su organización incorporó un taller de crítica para espectadores y clases maestras en la Casa de la Cultura de Maldonado, con los directores Carlos Sorín y Krzystof Zanussi.

La primera jornada transcurrió entre homenajes y política. Primero, todos los aplausos se los llevó la estrella de TV Globo Marieta Severo. La actriz -que fue pareja de Chico Buarque, de quien hoy a las 20.30 horas se exhibirá el documental Chico, un artista brasilero- debutó en la pantalla chica a los 19 años, y tiene el récord de ser una de las protagonistas de la telenovela A grande familia, que se emitió desde 2001 hasta 2014.

La trajo a Punta del Este la presentación de La voz del silencio (André Ristum), un retrato coral que denuncia la crueldad del viraje social que está ocurriendo en Brasil. Es cierto que al estar tan familiarizados con esta estructura ya sabemos qué esperar, y así, cuando una historia se cruza con otra, se sienten como fichas de dominó que van cayendo. Sin embargo, Ristum -premiado como mejor director en Gramado- logra muy buenos momentos para transmitir una sinfonía de almas vacías, que sufren en soledad, en una ciudad -San Pablo- que parece engullirlos entre desempleo, miseria, violencia y locura. La única salida, sugiere la película, es la generosidad: una mano rescatando a la otra.

Esto mismo fue lo que Severo expresó en su discurso. Dijo: “Vivimos un peligro de retroceso en Brasil. Tememos perder nuestra conquista de igualdad de raza, de géneros, de derechos. Esta noche, en Uruguay, que siempre ha sido un faro para nosotros, siento un nuevo aliento”.

Un vecino de lujo

Del chileno Orlando Lübbert se exhibió Cirqo, un drama disfrazado de comedia que toma una terrible escena ocurrida en Paine durante la dictadura de Augusto Pinochet, y la vuelve a narrar pintándola de esperanza. Un grupo de campesinos fueron fusilados sobre un puente. Para darle un tratamiento distinto, Lübbert quería recurrir al humor como un bálsamo, así que imaginó que estas víctimas escapaban y se escondían en un circo. Sin embargo, la sombra del régimen les pisa los talones en la representación de un militar que los persigue como un lobo, aunque esta vez ellos podrán hacer justicia por mano propia.

Mientras el público se amontonaba para ver el muy buen documental Los años del tiburón, un perfil del fantástico compositor Ástor Piazzolla, algunos espectadores comenzaron a hacer correr el rumor de que Mirtha Legrand había muerto… Cosas de festivales.

Imagen de la película Los años del tiburón
Tráiler del documental "Los años del tiburón"

En otras salas se exhibió Transit, del prestigioso director alemán Cristian Petzold (Bárbara, Ave Fénix), y el documental argentino Los corroboradores (Luis Bernardez), que desentierra la historia de la logia formada por caballeros de la alta sociedad porteña de fines de siglo XIX, decididos a replicar la arquitectura y la idiosincrasia de París, lo que explicaría el parecido estético entre ambas ciudades.

La jornada se cerró con una lluvia de aplausos para Ástor Piazzolla, cuya fascinante personalidad quedó muy bien plasmada en el documental de Daniel Rosenfeld, que fue muy creativo y preciso en el uso del material de archivo. Mediante este recurso, el director reconstruye los pasos de una figura excéntrica, genial, testaruda -durante 10 años no le dirigió la palabra a su hijo porque este le dijo, luego de escuchar una composición que no le gustó: “estás dando un paso atrás”- que supo dar elocuentes declaraciones en entrevistas que aquí se rescatan.

El film comienza con un plano del mar de Punta del Este, donde Piazzolla pasó la última década de su vida pescando tiburones, ya que decía que la pesca es un ejercicio de paciencia silencioso, durante el cual podía pensar en nuevas composiciones. Protagonizado por su hijo Daniel y su hija Diana, la película recopila pequeñas anécdotas fantásticas, como que Piazzolla perdía hasta dos kilos en cada show por el desgaste de tocar el bandoneón; sus enfrentamientos con quienes lo acusaban fervorosamente de no estar haciendo tango -incluye la amenaza a un periodista radial-; y cómo, tras varias décadas de la muerte de Gardel -con quien actúo en El día que me quieras y estuvo a punto de tocar durante la gira que nunca llegó a concretar-, volvió a sus manos un regalo chamuscado que él le había entregado al cantante, antes de que se subiera al avión.

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