CRÍTICA 

Un festín audiovisual

Batman vs Superman: el origen de la justicia [***]Dirección: Zack Snyder. Guión: Chris Terrio, David S. Goyer. Fotografía: Larry Fong. Edición: David Brenner. Diseño de producción : Patrick Tatopoulos. Elenco: Ben Affleck, Henry Cavill, Gal Gadot, Amy Adams, Jesse Eisenberg, Jeremy Irons, Holly Hunter, Laurence Fishburne, Diane Lane.

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Affleck se pone de todo para enfrentar a Superman. Foto: Difusión

Hay varias cosas para objetarle a esta película, pero no se trata del "desastre" que le han endilgado varios influyentes medios en Estados Unidos.

Nunca estuvo en duda que la película no aspiraría a más (ni menos) que un espectacular entretenimiento —un pasatiempo vistoso y ruidoso que justificaría el pago de la entrada, el "pororó" y la bebida—, ser más o menos fiel a personajes que cuentan con millones de fanáticos y dar pie, en su desarrollo narrativo, para nuevas películas con superhéroes del universo de DC Comics (Aquaman, Flash y muchos más). Pensándolo bien, es bastante a lo que la película aspira. Solo "entretener" durante dos horas y media es difícil. Si no, pregúntenle a Christopher Nolan, que consiguió un auténtico bodrio cuando cerró su trilogía sobre Batman (las dos primeras, eso sí, fueron muy buenas).

Zack Snyder no es un director tan capaz como Nolan, pero tampoco es tan malo como dicen ahora. Su adaptación homónima de la historieta Watchmen fue mejor que lo cabría esperar para una historia con tantos vericuetos y desvíos. Y cuando dirigió El hombre de acero (2013) logró no solo revitalizar al hijo de Kriptón como proyecto comercial, sino también involucrarnos en una historia que mezcla con gracia, y hasta ternura, lo fantástico con lo terrenal: la relación de Clark Kent con sus padres adoptivos es —en esa película— casi tan interesante como las increíbles hazañas de Superman, que además cerraba la película desafiando a las mismísimas Fuerzas Armadas de Estados Unidos cuando éstas querían vigilarlo, como vigilan a tantos. Esa escena final seguramente obtendría el sello de aprobación de Edward Snowden, Julian Assange y Chelsea Manning, además de decir bastante sobre quién podría resguardar su privacidad del panóptico del complejo militar-industrial estadounidense.

Es probable que parte de los comentarios negativos sobre esta película se deban —con razón— al menjunge argumental y narrativo. Sobre todo al principio. Como indecisos sobre a quién darle más peso narrativo, los responsables saltan de un superhéroe a otro para presentar las motivaciones de cada uno a la hora de enfrentarse. No es ningún "spoiler" decir que Batman tiene razones de peso para desconfiar de Superman, eso queda claro en los trailers de la película: Superman tiene tanto poder que es, básicamente, un dios. ¿Y quién quiere vivir con un dios, capaz de destruir todo si un día se levanta de muy mal humor? ¿Usted querría?

En ese planteo inicial están algunos de los tópicos más interesantes a nivel del guión. No hay casi película de superhéroes —con este nivel de producción— que haya tratado las implicancias de convivir con seres que destruyen todo a su paso sin preocuparse demasiado por los "civiles". Además, también acá se retoma otra preocupación que ya había aparecido en los X Men: ¿Tiene sentido un sistema político como el democrático cuando anda por ahí gente con poderes tan grandes que no necesitan rendir cuentas? ¿Tiene sentido un ejército de miles y miles de millones de dólares cuando un Hulk destruye algunos tanques de guerra y un par de helicópteros en unos minutos?

Pero estamos en el terreno de la fantasía, y la película abandona pronto todo eso para dedicarse a lo que vinimos a ver: las peleas. Ahí Snyder se destaca como uno de los más generosos realizadores, haciendo de las secuencias de acción un verdadero festín audiovisual. Es imponente el despliegue de recursos en esas escenas, en las que hay pericia, preciosismo y contundencia. En esa montaña rusa de estímulos, Snyder le quita a los superhéroes algo de la (innecesariamente excesiva) solemnidad que tanto Bryan Singer como Nolan le han dado a los superhéroes.

Entre tantas golosinas para ojos y oídos (y consfusiones argumentales) es fácil olvidar que se trata de la primera película con Ben Affleck como Batman. Y el actor sale muy bien parado del desafío. Es una opinión personal, pero Affleck es el mejor Batman del cine hasta la fecha. Que se trate de un actor menos dúctil o personal que Michael Keaton, George Clooney, Val Kilmer o Christian Bale, hace que un fanático pueda proyectar en Affleck a un Batman más cercano a la fantasía personal. "Lo que importa es el personaje, no yo", pudo haber pensado Affleck. Y tiene razón.

Lo que es imperdonable es que Batman, acá, use armas de fuego. Difícil comprender cómo le permitieron a los guionistas semejante herejía. Batman no necesita de armas: él se siempre se las arregló con su ingenio, sus "maravillosos juguetes" (como decía El Guasón de Jack Nicholson) y una ética a prueba de, valga la redundancia, fuego.

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