CRÍTICA - CINE

Los fantasmas de la libertad

El Sereno [***]Uruguay, 2017. Dirigida por Juacko Mauad y Óscar Estévez. Guión: Óscar Estévez y Federico Roca. Fotografía: Diego Pavese. Dirección de Arte: Augusto Gordillo. Montaje: Karen Antunes. Sonido: Andrés Costa. Productores: Yvonne Ruocco, Lucía Tomas y Esteban Mentasti. Con: Gastón Pauls, César Troncoso, Álvaro Armand Ugón, Cecilia Caballero, Valentina Barrios y Lalo Labat. Duración: 90 minutos. Estreno: 8 de marzo.

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Sereno: Gastón Pauls en el primer estreno nacional de 2017. Foto: Difusión

Es la primera película uruguaya que se estrena en el año y uno de esos escasos intentos nacionales de un cine de género: los directores Óscar Estevez y Juacko Mauad se atreven con una historia de suspenso que coquetea con el terror. Pero también hablan de otras cosas.

El punto de partida se parece bastante al de otras dos películas que escribió Estévez, Dios local y La casa muda. Acá también hay una sola locación que funciona como un personaje; agonistas acosados por alguna presencia maligna que se manifiesta en un par de sustos, y una sensación de irrealidad que gana la historia.

El personaje central es Fernando (Gastón Pauls), que empieza trabar de sereno en un laberíntico galpón a punto de ser demolido. Algo no anda bien en él, y Pauls consigue transmitir la desolación personal que vive su personaje.

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Pero algo tampoco está bien a su alrededor. Algunos compañeros de trabajo se comportan de manera extraña y, principalmente, a la noche hay algunos ruidos que indican que, quizás, no esté tan solo como parece. Aunque le avisaron que no esté dando vueltas por lugares a donde no debería ir, Fernando se atreve y la cosa se le complica; no se debería abrir la puerta que te dicen que no abras.

Todo se vuelve ominoso y algunas cosas parecen estar refiriendo a algún momento de la vida de Fernando que no conocemos. Por ahí se menciona un accidente que lo culpabiliza, quizás sea una novia la que no le atiende el teléfono, y se manifiestan alguna adicción y una vieja recriminación. No es fácil ser sereno.

Estévez y Mauad (un egresado de la Escuela de Cine del Uruguay que aquí debuta en el largometraje) consiguen una puesta interesante a pesar de cierta austeridad de producción. Algunos recursos funcionan mejor que otros, pero nada altera la idea de hacer una película de suspenso. Alguna resolución parece un poco precaria.

Los problemas aparecen por el lado del guión que revela información clave antes de lo previsto. Eso puede llegar a arruinar una interesante vuelta de tuerca, quizás no era eso lo que se proponían. Acá importa tanto el drama personal como lo otro.

Así, la repetición de escenas avisan temprano que Fernando está luchando tanto con sus demonios interiores (que aparecen en sueños) y quizás eso explique algo de lo que le pasa.

Nunca le fue fácil al cine uruguayo meterse con géneros tan vinculados al cine industrial. La casa muda y Dios local eran, precisamente, dos buenos intentos. El sereno quizás no consiga tanta unanimidad.

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