Cine - crítica

La fantasía masculina según grupo de tontos de Hollywood

Entourage [*]Estados Unidos 2015. Título original: Entourage. Dirección y libreto: Doug Ellin. Producción: Mark Wahlberg, Stephen Levinson, Doug Ellin. Fotografía: Steven Fierberg. Montaje: Jeff Groth. Protagonistas: Kevin Connolly, Adrian Grenier, Kevin Dillon, Jerry Ferrara, Jeremy Piven.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
De izquierda a derecha, Eric, Turtle, Vincent y Drama viviendo la vida loca en Hollywood.

Alguien podría ser tan temerario como para concluir que una película como Entourage puede ser una mirada tan sarcástica hacia el estado del cine como en 1992, fue la de Robert Altman en Las reglas del juego. Se equivocaría. Una película como Entourage no es un diagnóstico: es el síntoma.

Para empezar por lo más obvio, Altman, que empezó en televisión y se convirtió en un maestro del cine estadounidense, está muy lejos de Doug Elin, el director de Entourage, quien también empezó en la televisión pero parece como poco probable que llegue a otras alturas. Eso es una desventaja. Y en lo que en Las reglas del juego era menosprecio e ironía, en Entourage es envidia y admiración.

Pero hay más. En aquélla, el altísimo ejecutivo de un estudio de cine que interpreta Tim Robbins era un cobarde, sí, pero tenía por lo menos sentimientos y se sabe parte de la tradición histórica. En ésta, el altísimo ejecutivo de un estudio de cine que interpreta Jeremy Piven es prepotente e inescrupuloso, y anda por Hollywood como si todo hubiera surgido por generación espontánea. Es un crápula y va a ser salir indemne; Altman nunca lo hubiera perdonado.

Entourage, en realidad, está más cerca de Sex and the City. De hecho es Sex and the City con varones y en otra ciudad, aunque igual de frívolos e intolerables.

Es una traslación al cine de un serie de ocho temporadas en HBO, quien aquí figura como productora, que narra las aventuras de un grupo de amigos cuyo macho alfa es Vince (Adrian Grenier), una estrella de cine joven y muy bonita. El entourage refiere al entorno, el séquito de amigos que acompaña a un famoso, con derecho a disfrutar su estilo de vida sin aparecer en las páginas de sociales, ni hacer ningún esfuerzo.

Son tres buenos para nada que de alguna manera representan tres tipologías masculinas: el tonto que solo piensa en una cosa, el tonto romántico que piensa en alguna cosa más y el tonto bueno que apenas piensa en alguna cosa. A ellos se suma el jefe de estudio que interpreta Piven quien en la serie era el agente de la estrella. Como tal le da luz verde a una película dirigida por Elin que, aunque por las pocas escenas que vemos es una reverenda porquería, para el universo que habitan estos seres, es un prestigioso éxito.

Es que viven, por lo visto, en una galaxia paralela, en la que las mujeres son sólo un decorado y una compañía a la que se acude compulsivamente, la fiesta es constante, no es necesario respetar las reglas de tránsito y no hay mayores preocupaciones. Todo es invadido por una ambición que, por lo visto, tiene muchos fanáticos que les perdonan la vacuidad y el sexismo ramplón.

Quizás quienes hayan seguido las ocho temporadas encuentren simpáticos a estos personajes. Para el que recién los conoce —y todos saben lo importante que es una primera impresión— no hacen nada para que uno los quiera. La película, encima, no es capaz siquiera de castigarlos: aunque representan todo lo detestable de la industria del entretenimiento (de hecho de la vida misma) finalmente se salen con la suya. Así, la película no aprovecha nada de la ironía para la que tiene material de sobra y se limita a cumplir con lo que, presumen, es la fantasía del hombre moderno: autos, fiestas, mujeres facilísimas (todas parecen serlo en la película) y ningún compromiso afectivo o moral. Ni siquiera fue un buen negocio: Entourage llega con malas críticas y peor recaudación. Es que, a veces, el público y la crítica comparten los juicios. Hay película que se aman o se odian sin término medio. Entourage sencillamente se odia.

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