A LOS 73 AÑOS

Falleció un maestro moderno del cine

Jonathan Demme dirigió El silencio de los inocentes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: AFP

Su cine tiene un encanto difícil de definir que incluía una capacidad de narrar que unía lo clásico y lo independiente. Estuvo nominado y ganó un Oscar y algunas de sus películas tienen muchos seguidores, pero el cine de Jonathan Demme siempre tuvo una impronta personal e irreverente.

Demme, cuya película más conocida es El silencio de los inocentes, falleció ayer a los 73 años, tras batallar con un cáncer de esófago.

Su etapa más conocida (la de El silencio de los inocentes y Filadelfia, o sea la de mediados de la década de 1990) es bastante atípica del cine de Demme. Antes y después de eso, hizo películas tan distintas como recitales de rock filmados (uno de los grandes de todos los tiempos, Stop Making Sense de Talking Heads), comedias alocadas (Casada con la mafia, Totalmente salvaje), dramas (El casamiento de Raquel, la adaptación de Ibsen de A Master Builder), una remake de una película clásica (El embajador del miedo) y un documental sobre un presidente (Jimmy Carter en Man from plains).

Pero, sí, quizás su obra más importante haya sido El silencio de los inocentes. No sólo por sus cinco Oscar (mejor película; director; guión y actores principales, o sea Anthony Hopkins y Jodie Foster) sino porque es su construcción más ambiciosa, con dos personajes importantes (el Hannibal Lecter de Hopkins) y una manera de contar que tenía tanto de clásico como de independiente.

Esa combinación le venía de su pasaje por la factoría de Roger Corman, el productor de clase B que le dio su primer encargo como director en Caged Heat, una película de explotación sobre una cárcel de mujeres.

Rápidamente salió de ese circuito y su primera película Melvin & Howard ganó dos Oscar. Eso le permitió dedicarse en la década de 1980 a proyectos más personales como Totalmente salvaje o Casada con la mafia, en otra de sus etapas interesantes.

Su cine reflejó algunas de las contradicciones de su sociedad, ofreciendo una opción de colorida, cosmopolita y muy musical modernidad.

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