Un éxito de Broadway se convierte en una película musical

Las fábulas eternas en el cine

Primero fueron los hermanos Grimm, y más atrás todavía una cantidad de historias populares de transmisión oral que esos estudiosos germánicos recopilaron y pusieron por escrito en lo que debe ser su formulación más clásica (aunque no la única). 

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La bruja Streep actúa con Rapunzel con más afecto del que podía esperarse de ella.

Después vino el cine, que llevó a la pantalla en versiones animadas o con actores a personajes como Blancanieves, la Cenicienta, Jack el matador de gigantes, Rapunzel y otros personajes célebres.

Finalmente una parte de ese material llegó a Broadway, en un musical titulado Into the Woods, con irónico guión de James Lapine (que le devolvió una dosis de negrura que está más cerca de los Grimm y de la tradición de la narrativa oral y anónima, que de las variantes más edulcoradas ofrecidas habitualmente por el cine de Disney) y melodías de Steven Sondheim, un hombre que ha estado vinculado al género desde Gypsy a Sweeney Todd.

Éxito.

La puesta de Broadway ganó en 1988 el Premio Tony al mejor libreto y a mejor partitura de teatro musical. Era inevitable que tarde o temprano alguien lo filmara. El resultado llega hoy a Montevideo bajo la dirección de Rob Marshall, quien ya estuviera vinculado al género en Chicago y Nine. El elenco incluye a Emily Blunt, James Corden, Anna Kendrick, Chris Pine y Johnny Depp, Mackenzie Mauzy, Lilla Crawford, Billy Magnussen, Daniel Huttlestone y varios más. Su principal celebridad es empero Meryl Streep, que obtuvo su candidatura anual al Oscar por su labor como bruja no tan malvada.

Es inevitable aplicar al resultado la etiqueta "revisionismo", que ha perdido prestigio desde que un montón de neonazis la emplean en el terreno de la historia pero que tiene su validez propia. No hay que sorprenderse de que el cine vuelva, una y otra vez, sobre ciertos temas, y que lo haga variando un poco o mucho el punto de vista. Alguien ha dicho ya que en el mundo existen solamente diez historias, y que todas las que se cuentan son variantes de ellas.

Una versión más cínica podría agregar que desde hace cuatro décadas a Hollywood no se le cae una idea, y de ahí que necesite volver a contar lo mismo, cambiando esto o aquello, para tener una nueva película que lanzar al mercado.

Los cuentos clásicos proporcionan un par de ventajas adicionales. La primera de ellas es, naturalmente, que por algo son clásicos: reflejan arquetipos muy metidos en el inconsciente colectivo de la gente, los miedos y las esperanzas que la experiencia humana ha ido acumulando a través del tiempo. Una segunda (si uno se pone adecuadamente cínico) es que son tan viejos que no hay que pagar derechos de autor por ellos. Y todavía cabe una tercera: su recuperación de mundos fantásticos y seres imaginarios es buen material para los efectos digitales, algo que la técnica de hace treinta o cuarenta años no permitía (de ahí también el salto de la animación a la acción viva que el género ha conocido en los últimos años).

Antecedentes.

Por supuesto, no se puede contar siempre lo mismo: hasta el cine de géneros requiere de cierta "variedad en la identidad". El espectador debe encontrar las convenciones que se supone el género debe proporcionarle, pero también alguna diferencia que justifique la existencia de una nueva versión. Esa idea está en la base de mucho cine fantástico basado en cuentos tradicionalesde que hemos visto en estos últimos tiempos.

Las diversas variantes de Blancanieves que se mencionan por aquí cerca son ejemplos de lo dicho. Pero es posible agregar otros: la relectura de La bella durmiente propuesta por Maléfica, Hansel y Gretel convertidos en cazadores profesionales de brujas, o la serie televisiva Once upon a Time, que los reúne a casi todos.

Y hasta empezaron los "spin offs" de las revisiones. Se anuncia uno con el cazador de Blancanieves, pero sin la princesa.

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