Cine uruguayo

Una experiencia sonora que alivia los males

Se estrena "Locura al aire", un documental sobre la Radio Vilardevoz

Las directoras Alicia Cano y Leticia Cuba (esq. superior derecha) junto a los protagonistas de "Locura al aire"
Las directoras Alicia Cano y Leticia Cuba (esquina superior derecha) junto a los protagonisas de "Locura al aire". Foto: F. Flores

Un viaje a México, a un encuentro de “radios locas”, fue la excusa que las directoras uruguayas Alicia Cano (El Bella Vista) y Leticia Cuba encontraron en 2014 para meterse, con una cámara, en el Hospital Vilardebó. Su mirada no estaba fijada en la institución psiquiátrica, sin embargo.

Lo que llamó la atención de sus ojos o más bien, sus oídos, era la Radio Vilardevoz. Durante dos meses, divididos en 2014 y 2015, Cano, Cuba y su equipo se adentraron en la vida de algunos de los pacientes participantes de la radio comunitaria, un proyecto de comunicación participativa iniciado en 1997.

El resultado de esa experiencia es el documental Locura al aire, que se estrena el jueves en cines. Previo a su partida a España, donde presentarán la película producida por Mutante Cine en el Festival de Cine de Málaga, las directoras conversaron con El País.

Imagen promocional de "Locura al aire"
Vea el tráiler de "Locura al aire"

¿Por qué tomaron un viaje como el puntapié narrativo del documental?

Alicia Cano: Nos enteramos que algunos miembros de Radio Vilardevoz se habían propuesto ir a un “encuentro de radios locas” en México. Se armaron reuniones específicas con los viajeros para contener esas emociones, y en los preparativos nos encontramos con que uno tenía miedo a perderse en un mercado o que había nacido una historia de amor. Sentimos que era el momento de hacer la película. Los quitaba del retrato sobre un manicomio y los ponía en la construcción de su camino.

¿Cómo impactó su llegada en la dinámica de la radio?

Leticia Cuba: Ellos lo hicieron muy fácil. Llevan adelante un medio de comunicación y están acostumbrados a recibir artistas y dar entrevistas. Son una radio que participa en organizaciones sociales que impulsan proyectos, como la ley de salud mental del año pasado. Se generó un vínculo de empatía y confianza, y decidimos que iba a ser un documental observacional. Pudieron fluir en su cotidiano y nosotros hacer los recortes que nos interesaban.

¿Cuál es la relación que tienen los protagonistas del documental con el hospital?

A. C.: Ellos son pacientes ambulatorios. No viven ahí y no están internados. Cuando tienen una crisis necesitan internarse. La radio trata de evitar la internación, porque a veces el deterioro es mayor. Vilardevoz es un espacio de rehabilitación y contención. Era interesante ver cómo se integra el manicomio al universo de la radio. Queríamos mostrar ese oasis, que no tiene que ver con lo otro, pero había que sugerirlo. Decidimos que los personajes lo fueran trayendo. Así surgieron discusiones sobre el tratamiento con electrochoque y la sobremedicación.

Con tanto material filmado, ¿cuándo encontraron la película?

L. C.: Teníamos claro lo que ocurría adentro de Radio Vilardevoz como un espacio de construcción de vidas. No fue un proceso fácil lograr ese equilibrio, con el viaje como un recurso narrativo que nos permite recorrer el proyecto, y esas historias personales que nos fueran trayendo la complejidades de sus vidas. Fue en el montaje cuando se cerró.

En el documental hay un tratamiento interesante sobre la palabra “loco” y su significado. ¿Cómo cambió para ustedes la definición de esa palabra?

A. C.: Nos ayuda mucho la radio que ya lleva años trabajando. Son ellos mismos que plantean la palabra “loco” para acercarse a la sociedad. Dicen que es una palabra muy transversal. Uno puede estar loco de amor, de ira. El decir “Estamos locos” es como jugar y romper con los estigmas. Vilardevoz trabaja con el humor. Reírse de sí mismos es su vida cotidiana para quitarle dramatismo a la dureza de lo que viven. Nos sumamos a este discurso y nos liberó mucho de nuestros propios estigmas. En el resultado de la película está implícito el aprendizaje, que es cuestionarnos qué tan cuerda es nuestra manera de lidiar con la locura.

¿Qué otros proyectos se encuentran desarrollando?

L. C.: Mi proyecto tiene que ver con mi familia y buscar rastros sobre un integrante que ya no está y justamente era loco, y fue desaparecido en la dictadura. Vengo filmando desde 2006 y llegó el momento de ver qué historia construyo.

A. C: Yo estoy con un proyecto experimental con el sentido del origen. Es sobre un pueblito en Italia de donde vienen mis abuelos, en el que hoy viven 14 habitantes y se lo está devorando el bosque. Es sobre la inmigración y cómo se palpitan las identidades migrantes que hoy están tan en discusión.

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