Intermitentemente, los amantes del género intentan resucitarlo

El eterno retorno del western

Es probable que el "western" se haya terminado el 13 de abril de 1962. Ese día se produjo en Los Angeles el estreno mundial de Un tiro en la noche de John Ford, que no es solo una de las (¿veinte, veinticinco?) obras maestras de su director, sino también el mejor "western" de la historia. 

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Una imagen clásica de cualquier western. Foto: Archivo El País

En esa película, James Stewart y Vera Miles asistían al funeral del personaje interpretado por John Wayne, y una de sus últimas imágenes era la de una flor de cactus, símbolo de rudeza y vida silvestre depositada sobre el ataúd. Se trataba, claramente, del fin de una época.

Lo que vino después podría denominarse "post western". Ford realizó una última incursión en el género (el alegato pro indígena de El ocaso de los cheyennes, 1964), y los itlianos inventaron el "spaghetti" (Por un puñado de dólares de Leone, que lanzó al estrellato a Clint Eastwood, es también de 1964), con elementos de ambigüedad, violencia explícita y hasta un toque de picaresca que los clásicos estadounidenses del género difícilmente se hubieran permitido.

Por supuesto, se siguieron haciendo "westerns" en los Estados Unidos después de esa fecha, pero su número fue descendiendo años tras año, y los mejores proporcionaron por lo general una visión desencantada y revisionista de un pasado que antes (no es siempre el caso de Ford, Wyler, Anthony Mann o el mejor Delmer Daves) el cine había mitificado.

Variantes.

Es un dato que los mejores films de Sam Pec-kinpah (Pistoleros del atardecer, 1962; La pandilla salvaje, 1969; La balada del desierto, 1969) ya no transcurran hacia 1870 u 80, la era de oro del vaquero, sino más acá, entrando incluso en el siglo 20 y sugiriendo que sus personajes eran sobrevivientes, individuos que pertenecían realmente de otra época (simbólicamente, en La balada del desierto el protagonista moría atropellado por el primer automóvil llegado al Oeste). El tirador (1976) de Donald Siegel, que fue la despedida del cine de John Wayne, transcurre en 1901. En dos de los cuatro westerns que Clint Eastwood dirigió, La venganza del muerto (1973) y El jinete pálido (1985), su personaje puede ser un fantasma. Eastwood no innovó gran cosa en su sobreestimada Los imperdonables (1992). Su visión antiheroica había empezado por lo menos con Mann, y Ford, Peckinpah y Arthur Penn, ente otros, habían agregado lo suyo.

Hay que entender que existen razones sociológicas para esos cambios. Jorge Luis Borges señaló alguna vez, agudamemte, que el "western" era el último avatar de la epopeya, y ésta es típicamente el producto (literario o cinematográfico) de una sociedad joven, que necesita inventarse un pasado para alimentar su presente. El mejor "westen" es leyenda, como lo denunciaba Un tiro en la noche, y la gente empieza a desconfiar de las leyendas cuando el presente se vuelve problemático. Los convulsionados años sesenta en Estados Unidos, los de la guerra de Viernam y la "contracultura", terminaron con el género que un célebre crítico francés definiera como "el cine estadounidense por antonomasia".

De hecho, lo que fue en su momento un cine típicamente popular se ha convertido, en los últimos treinta o cuarenta años, en cosa de élites. Los pocos "westerns" valiosos realizados luego de los años setenta han sido obras personales de enamorados del género (Eastwood, Kevin Costner, Ed Harris), excentricidades en la carrera de autores que generalmente hacen otras cosas (la interesante pero en definitiva innecesaria "remake" de Temple de acero a cargo de los Coen), o meras chifladuras (Johnny Depp haciendo gastar a la empresa Disney 250 millones de dólares en un intento de relanzar al Llanero Solitario.

De cualquier manera, una y otra vez algunos amantes del género intentan hacerlo renacer. Suelen hacer una o dos buenas películas, y luego se rinden. A Costner lo llenaron de premios Oscar por la corrección política de Danza con lobos, 1990, que no era gran cosa, pero nadie vio su espléndida Pacto de justicia (2003). Ed Harris pudo hacer la atractiva Entre la vida y la muerte (2008), pero no reincidió. James Mangold hizo en 2007 una decente "remake" de El tren de las 3:10 a Yuma pero no alcanzó el nivel del original de Delmer Daves. Ninguna de esas películas fue un "blockbuster". Por otra parte es interesante observar que la Academia nunca le hizo mucho caso al género: solo tres "westerns" ganaron el Oscar: Cimarrón, Danza con lobos y Los imperdonables.

Regreso.

Al parecer, este año va a haber otro intento de retorno del género. Hay varios ejemplos en rodaje o ya estrenados.

Uno de ellos es Jane got a gun, que avisa desde el título que es una revisión feminista de su tema. La protagonista es Natalie Portman, quien recluta a un ex novio para defender a su familia de una banda de forajidos. Dirigida por Gavin OConnor, actúan también en ella, entre otros, Ewan McGregor y Joel Edgerton.

Igualmente se encuentra actualmente en rodaje The revenant, el nuevo proyecto del mexicano Alejandro González Iñárritu (Amores perros, 21 gramos, Birdman). Ambientada en 1820, es la historia de un hombre (Leonardo DiCaprio) que emprende una misión de venganza contra los que lo abandonaron después del ataque de un oso.

También ha revivido The hateful eight, la nueva de Quentin Tarantino, quien ya homenajeara al "spaghetti western" en Django sin cadenas. El director había anunciado que abandonaba el proyecto cuando el guión se filtró por internet, pero al parecer cambió de opinión. El pasado 23 de enero comenzó en Colorado el rodaje del film, cuya trama transcurre un par de años después del fin de la Guerra de Secesión y muestra a ocho hombres, cada uno con su respectiva historia, que se encuentran en un refugio durante una tormenta de nieve. Actúan entre otros Chaning Tatum, Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Bruce Dern, Jennifer Jason Leigh, Michael Madsen y Tim Roth.

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