Crítica

"El libro de la selva" y el eterno encanto del niño salvaje

Ya está en cartel, una nueva y formidable versión de Disney del relato de Rudyard Kipling.

La película se limita a contar de manera tradicional una historia tradicional. Foto: Difusión.

No pareciera haber nada más pasado de moda que Rudyard Kipling. A la velocidad que vivimos no es más que un fiel vestigio de un tiempo que se fue hace demasiado y del que ya no quedan sobrevivientes, ni cultores.

Es que no hay nada moderno en su obra, ni en su vida. Y sin embargo, uno de sus libros más famosos no solo se sigue leyendo, sino que intenta ahora convertirse en una nueva franquicia cinematográfica.

Así, el estreno de una nueva película basada en su El libro de la selva es la primera evidencia de la vigencia del más impensado de los fenómenos del mundo del entretenimiento: la supervivencia de Kipling.

Era inglés pero nació en la Bombay colonial de 1865, uno de los centros neurálgicos del imperialismo británico, un sistema en el que se sintió cómodo y alabó. Tiene una obra extensa y en varios géneros y probablemente sea el escritor inglés más popular después de William Shakespeare.

Ganó el primer premio Nobel de Literatura en 1907 cuando tenía 42 años (aún es el escritor más joven en haberlo ganado). Sus libros y poemas hablan de una prehistoria moderna en la que, junto con su humanismo, se glorifica la homogeneidad británica, al punto que se lo conoce aún como el "bardo del imperio", un epíteto que por entonces no tenía nada de la negatividad con que se lo podría asociar ahora. Murió en 1936, cuando el fin del colonialismo en su India natal aún eran solo una amenaza.

Escribió El libro de la selva, la que sería su obra más recordada (junto con "Si", ese poema que ha estimulado a tantas generaciones anteriores a los libros de autoayuda), en la primera mitad de la década de 1890 cuando vivía en Vermont, Estados Unidos. Todo indica que la serie de cuentos reunidos en ese volumen fue escrita para su hija Dorothy, quien moriría en 1899. Fue publicada en episodios en diversas revistas entre 1893 y 1894 y en 1899, publicó una secuela, El libro de la selva. Un segundo libro.

El secreto de su permanencia puede estar —más allá de sus méritos literarios que siguen ahí aunque intente hacérselo entender a un niño de 10 años— en la versión en dibujos animados que hizo Walt Disney en 1967. Era un material bien aprovechado que perpetuó la imagen que aún se conserva de Mowgli, ese cacho-rro humano criado por lobos y protegido por una pantera y el oso Baloo.

Aquella visita obviaba algunos costados más oscuros del texto original y el tono general estaba marcado por el ritmo de "Busca lo más vital", un dixieland muy simpático. Aún se ve y se disfruta como el primer día. Pruebe verla con los pequeños de la casa.

Muy buena versión.

Aunque Jon Favreau el director de esta nueva versión en 3D —que en Uruguay se estrenó ayer y en el hemisferio norte, el viernes 15— ha dicho que se basó a medias en el libro y la versión animada, lo cierto que acá hay más Disney que Kipling. No es un demérito: es una muy buena película de aventuras y una actualización que no pierde ni la gracia de sus antecedente, ni el corazón del relato original. Aunque tiene un actor humano (el debutante Neel Sethi como Mowgli) bien podría entrar en la categoría de animación porque todos los animales y los paisajes también fueron generados por computadora. Es muy difícil notar la diferencia.

"La tecnología disponible hoy es maravillosa y aprendí mucho sobre cómo usarla en las películas de Iron Man", le dijo Favreau al conductor estadounidense Jimmy Fallon. "Y cuando vi las cosas que se hicieron, por ejemplo con El planeta de los simios pensé en la posibilidad de recrear una historia que 50 años después aún tiene el corazón y el humor, darle un poco más excitación y hacerla más real".

Ya era sabido que Favreau, a pesar de ser el responsable de esa pirotecnia belicista de Iron Man, era un espíritu sensible. Su última película, Chef: la receta de la felicidad era una comedia muy agradable y llena de humanidad. Cierta inquietud por retratar personajes ya estaba en su primer guión para Hollywood, la hoy algo olvidada Swingers de Doug Liman en 1996. Favreau también es un actor reconocible.

Aquí queda claro desde el principio, que lo que intenta revivir es el viejo espíritu de los libros de aventuras con encuadres que funcionan como ilustraciones. Es una selva de libro generada en una computadora. Y le da el protagonismo a la aventura más allá de los efectos especiales.

Los intentos por separarse de otros blockbusters (el marco de expectativa donde se mueve esta versión), quedan explícitos cuando, ante la amenaza del tigre villano, el narrador dice "claro que los lobos podrían haber luchado... pero no es esa clase de historia". Y no lo es para nada. Y ahí está mucha de su gracia, el encontrar el rescate de una moral de aquellas viejas historias. Es divertida y visualmente muy imaginativa.

Aunque hay algunos guiños más o menos actuales (el Rey Louie convertido en el Kurtz de Marlon Brando en Apocalypse Now), este El libro de la selva se limita a contar de la manera más tradicional una historia tradicional. Es entretenimiento infantil clásico y para padres que están un poco hartos de tanta explosión y tontería multimillonaria.

Un libro clásico desde hace más de 100 años.

A pesar de que El libro de la selva fue escrito por Rudyard Kipling —ganador de un premio Nobel— hace 122 años, en las librerías lo siguen pidiendo, tanto los padres como los chicos, según coincidieron distintos vendedores de varias librerías montevideanas. Hay ediciones de todo tipo disponibles: ilustradas, para más chicos, tapa dura, de lujo y de bolsillo, la versión de Disney y la original de Kipling de 1894. La diversidad de ediciones se explica porque es un texto de dominio público desde hace varios años. "Nunca es el título más vendido del mes, pero siempre se vende alguno", asegura Gonzalo, de Puro Verso. El vendedor comparó la constancia en la demanda con otros clásicos de la literatura infantil como Alicia en el país de las maravillas (1865), de Lewis Carroll y El Principito (1943), de Antoine de Saint-Exupéry, que siempre están siendo solicitados.

LAS OTRAS MIRADAS.

Un cachorro humano que tiene muchas vidas.

La versión animada de Disney estrenada en 1967 es —a pesar de los casi 50 años que pasaron desde su aparición— la que más se asocia al libro de Kipling. A fuerza de las virtudes de la propia película (la banda sonora, por ejemplo, tenía canciones pegadizas de Robert Sherman) y también de las repeticiones de la película en televisión, la versión de 1967 no solo fue renovando su público. También dio pie para una franquicia, que tiene tanto películas animadas como de las "normales".

En 1994, Stephen Sommers dirigió El libro de la selva de Rudyard Kipling una versión con actores de carne y hueso y con Jason Scott Lee en el protagónico. Cuatro años después, Disney volvió a la historia, y otra vez con actores de carne y hueso, cuando Brandon Baker hizo de Mowgli en El libro de la selva: La historia de Mowgli.

Pero en 2003, Disney volvió a la animación. Ese año estrenó la propia secuela de la película de 1967, El libro de la selva 2, con dos actores de renombre para las voces de Mowgli y Baloo: Haley Joel Osment (el niño de Sexto sentido) y John Goodman.

Pero los personajes del relato también han dado pie para "spin offs" televisivos: TaleSpin y Jungle Cubs, ambas series emitidas a través de las señales de Disney en el sistema de televisión para abonados. La asociación entre el relato de Kipling y Disney es tan fuerte que muchos se sorprendieron cuando se anunció que Warner haría su propia versión del libro del escritor británico. Titulada Jungle book: Origins, la película dirigida por el actor Andy Serkis (y con un elenco en el que están Christian Bale, Benedict Cumberbatch, Tom Hollander y Cate Blanchett iba a estrenarse el año que viene, pero ayer se supo que el estudio decidió postergar su estreno hasta 2018, para abrir una ventana más grande con esta versión de Disney.

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