JORGE NASSER

"Esto me hizo descubrir cosas"

El camino de siempre, el documental de Julio Sonino sobre el músico, se estrena hoy.

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Jorge Nasser. Foto: Difusión

Algún punto de un camino profesional que los hizo compartir muchas horas de trabajo en tiempos de Níquel, el entonces realizador audiovisual Julio Sonino (dirigió el videoclip de "Candombe de la Aduana") y el músico Jorge Nasser se hicieron amigos. Amigos de esos que ponen a prueba el tiempo y la distancia, algo que demostraron cuando el primero se radicó en Estados Unidos, a principios de la década de 2000, y el segundo se lanzó a recorrer el país como solista, con su guitarra y un estilo musical inquieto, entre rockero y criollo.

Tres años atrás, cuando Nasser superó un problema de salud bastante complicado, Sonino le prometió celebrarlo viajando juntos a Nashville. El cantante aceptó y puso sólo un par de condiciones: ir por carretera, y en un auto descapotable. Y a partir de ahí nació El camino de siempre —subtitulado como "De la Aduana a Nashville"—, este documental que es el debut cinematográfico de Sonino como director, y a la vez un aporte al escaso material filmográfico que ha llegado al circuito comercial sobre músicos uruguayos. Se estrena hoy en varias salas del país. La película toma como excusa ese viaje entre amigos, que también tiene una intención musical y sirve para recalar en referencias artísticas de la talla de Otis Redding o Johnny Cash (al que admira en la foto; el encuentro de Nasser con su vestuarista, el mexicano Manuel Cuevas, es de los tramos más interesantes). Pero termina dejando en segundo plano ese recorrido para centrarse en la figura de Nasser como persona y como personaje popular, desde su pasado como periodista en una complicada Buenos Aires hasta su consolidación con Níquel, sus amores, sus hijos y claro, River Plate. "Es una experiencia nueva", dice Nasser a El País.

—¿Qué sensación te dejó verte en el cine?

—Una sensación rara, nunca experimentada. Es una experiencia nueva, y a esta altura del partido tener una experiencia nueva está bueno.

—¿Aceptaste este proyecto sólo porque te lo propuso un amigo tuyo, Julio Sonino?

—Sí, obvio. Igual me costó muchísimo aceptar, pero la idea de exorcizar mis demonios, que fue como lo manejó Julio en su primer mensaje, me hizo sonar una campana. Y justo se daban una cantidad de circunstancias no planeadas, todas prácticamente. Nunca planifiqué enfermarme, tampoco viajar a Nashville. Otra vez, el instinto me guió.

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—Al margen de que hacer un viaje con una cámara encendida constantemente puede ser un tanto extraño, ¿cuál fue tu saldo personal de Nashville?

—Tengo el recuerdo de 10 días intensos, la intensidad de la jornada con un horario muy exigente, muy a la americana. Muy al alba y todo terminando temprano, y con la rigurosidad del equipo de trabajo. Yo me adapté a un sistema que ya estaba estipulado, era uno más.

—¿Disfrutaste de lo turístico?

—No sé si lo definiría como turismo, pero sí fue un viaje. Presté atención a dónde estaba, que en un punto era lo que se me pedía. Que si estábamos pasando por los campos de algodón tenía que sentirlo, y realmente se siente. Cuando estuve en Georgia me pareció percibir ese olor.

—De la música con la que te topaste en ese viaje, ¿cuál fue la que más te marcó?

—Es muy esencial y mínima la música en la película, comparado con mi quehacer musical y las obras que me importan. Pero son fundacionales en todos los aspectos; revisitar a Otis Redding 45 años después, o más porque mi primer disco lo tuve a los 13 o 14 años, fue muy conmovedor e intenso. Y reencontrarme de camino con Alfredo Gómez, poder tocar una canción que está en mi primer álbum, eso también fue removedor.

—Y la instancia de sentarte solo frente a la cámara, a contar cosas que en general no contás, ¿te dio miedo en algún momento?

—En algún momento no, en todos los momentos previos. Y en el momento era el compromiso que tenía con la película, ser honesto, era parte de lo que pedía Julio. Una vez más, la amistad fue fundamental porque si no, no me hubiera abierto así. Sabía que iba a estar cuidado y me expresé no sé si muy cinematográficamente, pero sí auténticamente.

—Más allá de tu voluntad de mostrarte, ¿tuviste en cuenta lo que al público le iba a interesar, lo que quería ver?

—Si quise hacerlo fue de un lugar que no era consciente. Julio quería contar la parte que él conoce de mí, a las personas que conocen otras partes mías. Y también apuntando a cierta universalidad, porque ver la película me hizo descubrir cosas. Yo vi el primer corte y demoré casi un año en ver el final, y lo que vi me hizo entender que a través de mi historia, estaba contando la de una generación. Yo creo que la historia puede interesar porque entretiene. Qué se yo; si me preguntás, a mí me gustó.

—¿Qué más descubriste?

—Que el camino del nunca más, en términos de lo que significa social y políticamente en el Río de la Plata, terminó siendo el camino de siempre. De alguna forma tuvimos la posibilidad de traducir ese drama en algo luminoso, todo fue un disparador para convertirme en quien soy ahora.

—Tu experiencia en la dictadura es una de las partes más reveladoras de la película porque no es un tema que hayas abordado, pero para mucha gente puede ser un descubrimiento tu faceta periodística.

—Y bueno, yo llevo un cronista adentro, eso se ve en las canciones. En ese momento el periodismo era una militancia por la libertad, con los fanzines y la contracultura. Tuve muy buenos maestros; también dibujé, o sea que hay un humanismo, que creo es la clave para entenderme.

—¿Te planteaste o te plantearon, más acá en el tiempo, reencontrarte con lo periodístico, con la entrevista?

—Y siempre uno fantasea con la idea de hacer… En realidad no sé, no sé si tendría el tiempo. A veces me gustaría hacer un programa de música, algo no muy profundo (se ríe). Lo que pasa con las entrevistas en algún punto, ahora me doy cuenta que, veladamente, escondían el deseo de entender a la música y a los músicos.

—Este documental se construye a partir de testimonios de amigos, y no haciendo un gran culto al Nasser artista.

—Es parte de lo que me parece fresco de la película, que no conduce a un panegírico mío, por suerte. Es realmente la mirada de un cineasta, de un gran amigo, que me conoce.

—Una mirada que deja la puerta abierta a una eventual vuelta de Níquel.

—(Se ríe) ¿Ah sí? La vi una vez sola, después te digo. ¿Dejé la puerta abierta? Mirá vos. Debería verla de vuelta.

Julio Sonino y su punto de vista hacia un amigo.

"Yo sentía que a raíz de la enfermedad lo había conocido todavía más, y pensaba este es un artista con muchos demonios, pero también es un gran hombre, un tipo inteligente, honesto, un gran padre, un hombre con ideales y con valores fundamentales, y le propuse filmar ese viaje y que me fuera contando su vida en el camino", contó hace un año Julio Sonino a El País, en pleno proceso de realización de El camino de siempre, que por entonces esperaba estrenar a fines del año pasado.

"Me planteé hacerle una especie de exorcismo de sus demonios", dijo Sonino en aquella oportunidad y agregó: "es mi punto de vista sobre la historia de Jorge Nasser, porque hablamos de todos sus quiebres".

La película fue producida por Clever y posproducida por U Films, y desde hoy estará en varias salas uruguayas. Tiene un relato en off a cargo de Wilson Negreyra y testimonios de Ruben Rada, Jaime Roos, el periodista de rock Claudio Kleiman y varios allegados al protagonista.

El camino de siempre pero visto de otro modo.

El viaje a Nashville que inspiró esta película termina siendo una excusa para hacer un documental sobre Jorge Nasser, que por momentos queda bastante desdibujada y no logra ensamblarse del todo con el otro hilo conductor, la historia de vida del músico desde su historia familiar hasta el festejo de sus 30 años de carrera. El relato es fragmentado y no logra aprovechar todo el potencial de la historia, pero cumple con su propósito de mostrar a Nasser desde otro punto de vista, sin hacer un culto exacerbado a su figura artística. De hecho, la música (a cargo de Fran Nasser) tiene una incidencia bastante sutil en el documental, y el cierre es con “Candombe de la Aduana”, obvio, pero en versión de Los Prolijos.

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