DANIEL HENDLER

“Esto del cine es bastante artesanal”

Charla con el actor que el jueves estrena su segunda película como director, El candidato.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Daniel Hendler estrena su segunda película como director: El candidato. Foto: Ariel Colmegna.

Daniel Hendler, el actor uruguayo que para algunos es “El Leche” de 25 Watts y para otros Andy de Graduados ha tenido un año ocupado. Y parece estar disfrutándolo.

En televisión estrenó Guía 19172 (desmorrugando la ley), una suerte de documental en episodios sobre la ley que legaliza la comercialización de marihuana en Uruguay. Y además de esperar el estreno de una serie web que dirige y actúa, este jueves llega a las salas uruguayas, El candidato, su segundo largometraje como director.

Es la historia de un grupo encerrado en una estancia para discutir la estrategia de lanzamiento de un candidato político. Allí hay una galería interesante de personajes, la mayoría con una agenda secreta, reunidos en una mansión que hace sentir su presencia.

Entre el suspenso (bien llevado) y la comedia (es muy graciosa), El candidato está muy bien: es imaginativa, bien actuada y llena de recovecos y guiños en forma y contenido. Hendler había tenido un debut promisorio con Norberto apenas tarde, pero acá confirma una personalidad y una capacidad muy destacadas.

Hendler tiene 41 años y ya hace casi 20 empezó con su compañía de teatro, Acaparael522 con un espíritu artesanal y un cariño que, dice, siguen intactos cuando encara eso de hacer películas. De esas cosas habló con El País.

-¿Cómo es tu momento en Argentina?


-Eso varía hasta de un día para el otro y debe tener que ver con cómo uno lo va llevando. Después de lo de Graduados, hice una obra de teatro, me puse más con la película y me alejé un poco de la tele. El primer año me ofrecieron hacer todos los programas posibles, al año siguiente algunos menos y ahora casi ya no me ofrecen. Pero también es porque saben que estoy en otra cosa.

-¿Te interesa volver a hacer algo como Graduados?

-Por un rato no, pero sí quizás más adelante. Fue una experiencia bárbara aunque suficiente por un tiempo. Cuando agarré Graduados medio que no me quedó otra, me vino bien y con eso tiré un rato y me dio espalda para poder hacer esta película.

-Ya pasó tiempo de tus primeras experiencias teatrales en Uruguay. ¿Cómo recordás aquellos días?

-Con mucho cariño. Ploteábamos la camioneta y salíamos a repartir vales de dos por uno en la calle. Y teníamos un altoparlante con la voz de mi abuelo o de Berto Fontana. A todo le poníamos mucho cariño. Eso lo mantenemos porque lo de las películas es bastante artesanal y cada paso te obliga a estar concentrado y ponerle cariño; y si no lo disfrutás es un embole.


-¿Aún hay gente que te recuerda como “El leche” de 25 Watts?


-Cada tanto me saludan como “El leche”. Sabés que por ahí te vio en otra cosa pero si eligió decirte Leche, es un reconocimiento que te hace sentir muy bien.

-El candidato tiene un tono bien claro. ¿Cómo llegaste a él?


-Al principio la película se llamaba El palomar porque había una canción de Violeta Parra, “Que te trae por aquí” que hablaba de un pájaro que llegaba y no se sabían sus intenciones. A mi me gusta mucho el clima de esa canción y a Matías Singer, a quien ya había invitado a hacer la música, le encantó, así que nos pusimos a conseguir los derechos. Pero justo es una familia difícil para negociar derechos, así que descarté esa idea pero el clima inicial tiene que ver con esa canción. Y me imaginaba siempre un comienzo con pájaros. La intención siempre fue la de hacer un thriller que se armara por debajo de una comedia aparente puesta en el detrás de la construcción de un candidato político. Al final, el thriller, sin llegar a ser oscuro, no fue tan gracioso...

-Pero es también una comedia alocada...

-En el fondo sí. Siempre está amenazando entre ser una comedia y un thriller y creo que sí, está tratado con un humor respetuoso del suspenso.

-En ese sentido maneja dos líneas en el humor. Por un lado los diálogos que son dichos en tono neutro y por otro lado hay algunos pasajes de comedia de enredos con puertas que se abren y se cierran, personajes que se cruzan...

-Sí, se vuelve más de enredos, es verdad. Eso apareció en algún proceso de la escritura. El problema de ser actor, muchas veces, es que a uno le cuesta planificar tu año, y ahí está la ventaja para esto de hacer películas: en un momento cuando tenía poco trabajo de actor o estaba entrando en una zona de angustia, vi que era ideal para escribir. La angustia era por ciertas cosas que uno ve como eso que antes solo sucedía en la publicidad donde no había ningún compromiso porque se caiga una verdad. Eso del discurso publicitario se trasladó a las campañas políticas y asusta un poco. Ya no se exige que los políticos digan nada de verdad. Y en esa combinación de cosas surgió el tono de la película.


-El trabajo del sonido, en El candidato es muy importante. ¿Cómo trabajaste eso?

-Además de que Daniel Yafalián es un sonidista exquisito, desde el principio -y al haber un músico sonidista entre los personajes que va a capturar sonidos de la naturaleza para la campaña- la idea fue que esa capa sonora de los pájaros y la naturaleza emergiera y se confundiera con la banda sonora volviéndose amenazante.

-El propio personaje de Roberto Suárez, ese sonidista/músico, lo anuncia cuando dice vengo a grabar sonido ambiente para hacer música.


-Ese personaje dice todo lo que va a hacer. Si bien todos los personajes están ocultando algo, él va de frente. Y tiene esa función de metalenguaje de estar hablando además sobre el sonido de la película.

-Lo otro es el trabajo de la imagen. El uso de los marrones, por ejemplo.

-La impronta de la locación terminó rigiendo mucho el trabajo de arte y en general la paleta de la película. Ibamos a filmar en otro lugar que se nos cayó dos semanas antes de empezar el rodaje. La producción entró en crisis y ahí salimos a buscar otro lugar y caímos en Florida en esta estancia. Así que todo lo que habíamos pensado tuvimos que adaptarlo bastante rápido y fluir con lo que nos ibamos encontrando. La madera es cálida y a la vez cruje, y nunca sabés si están pisando firme. Hay mucho crujido y mucha brasa.


-Es un personaje más.

-Y el entorno también. Porque hay algo de lo no dicho en la película y en los personajes que probablemente lo personfique la casa que está ahí, silenciosa con sus ruidos.

-La película está llena de individualidades y cada uno de los personajes es como un mundo en sí mismo. ¿Cómo trabajaste con los actores?


-Es una película con un entramado de tantos puntos de vista y que por debajo lo sostiene una trama con unos hilos tensos y tenés que ver que ninguno se suelte, y así fuimos encontrando el tono. Con algunos tuve que trabajar más y otros llegaban más naturalmente a eso. Y lo fui descubriendo filmando.

-¿Ensayás mucho?

-Con algunos actores más y con algunos personajes más que otros. Con Diego de Paula, el protagonista, ensayé más pero tampoco quise sobreensayar porque hay zonas donde aparecen los nervios y es mejor guardar una parte para tirarse a la pileta.

-Precisamente, la actuación de De Paula se ve muy controlada.


-Sí, pero él se sentía en el vacío y que no sabía lo que estaba haciendo. Para mí es un actor excelente, sensible, muy buena persona y es evidente que tenía una profundidad en la mirada que estaba jugando constantemente con lo que hacía pero el punto de vista del actor siempre es otro. Y a veces los directores usamos algo de ese estado del actor porque cuando hay una buena química y una entrega de repente vos mismo te exponés a cosas imprevistas.

-¿Y cómo trasladas tu experiencia de actor?

-Soy rompehuevos con todo y por lo pronto con los actores también, lo que no quiere decir que eso sea más efectivo, ni profundo. Y con las actuaciones hago todo lo que no estoy de acuerdo que haga un director conmigo. En la primera película, no, apliqué mi propio libro hasta la última semana que largué la chancleta e hice todo lo que no iba hacer. En esta arranqué mal haciendo todo lo que alguna vez prometí no aceptar como actor.

“De lo que menos se habla es de la función verdadera de la política”

Ocupado. Este año estrenó una serie y ahora una película. Foto: Ariel Colmegna.
Ocupado. Este año estrenó una serie y ahora una película. Foto: Ariel Colmegna.

-El personaje de la película es el hijo millonario de un empresario, su partido tiene tres letras. ¿Hay alguna referencia reciente de la política argentina en ese candidato?

-Me prohíbo decir nombres propios porque creo que sería injusto con el personaje. Aunque se nutrió, y en el encuentro con los actores nos nutrimos, de muchas referencias, es injusto hacer una comparación directa. Recorrimos muchos personajes de la región, así que si menciono a uno, siento que estigmatiza a un personaje que tiene costados que no lo identificarían con ninguno en particular. Es cierto que hay algo con el padre y está eso de los empresarios que llegan a la política para aportarse más a ellos mismos que a la sociedad. Y como hoy hay tanto doble discurso en la vuelta, no habla de un solo político.

-Pero hay una crítica a cierta clase política. Cuando dice que le gustaría ser de “extrema derecha o de extrema izquierda”...

-Es que de lo que menos se habla ahí es de la función verdadera de la política. Y eso lamentablemente cada vez lo vemos más y en más personajes. Vos mencionaste una clara referencia argentina pero en Uruguay también hay un par de referencias bastante claras que estuvimos mirando. Es un fenómeno que también excede a la región.

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