CINE

Enorme despedida de una gran actriz israelí

La narración va tomando forma de bucle, porque la situación se agrava y explota en caos, pero retorna al punto inicial una y otra vez, ante la determinación cada vez más ridícula del marido. De esta forma, el proceso va tomando un tono tragicómico.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cada uno de los actores se luce en su participación, se conforma un gran elenco. Foto: Difusión.

La actriz Ronit Elkabetz guionó y dirigió junto a su hermano Shlomi una trilogía acerca del lugar de la mujer en Israel: Tomar a una mujer (2004), Shiva o los siete días (2008) y Gett: El divorcio de Viviane Amsalem (2014). También la protagonizó con el actor francés Simon Abkarian.

Estas obras desarrollan la relación de una pareja israelí a lo largo del tiempo. Los Amsalem, criados en Marruecos e instalados más tarde en Israel, fueron casados por sus familias a los 15 años. Tres décadas después, en la última película de la saga, el matrimonio se enfrenta ante una corte religiosa por el divorcio. La que pelea por terminar la alianza es Viviane; Elisha, su marido, hace todo lo posible para retrasar el trámite.

Según las leyes judías es el hombre quien debe otorgarle el divorcio a la mujer. Como el matrimonio, el divorcio exige una ceremonia religiosa, por eso es una corte integrada por tres rabinos la que decide si la petición se aprueba o no. Sin el "gett", una mujer que estuvo casada no puede rehacer su vida o será acusada de adulterio. Tampoco será bien vista por la sociedad, por supuesto. Si el hombre no quiere separarse, la mujer deberá presentar pruebas y testigos que demuestren que es un mal marido hasta convencer al tribunal.

Como denuncia esta película, el proceso puede llevar años y convertirse en un verdadero escenario kafkiano.

El divorcio de Viviane Amsalem es una película brillante que recuerda, por el tratamiento humanista de los personajes (irónicamente, en un ambiente donde la religión manda), por su ensañamiento por girar únicamente en torno a una misma temática, y por la enorme entrega de sus actores, a La separación del iraní Asghar Farhadi.

El drama de este conflicto reside en la falta de entendimiento del entorno de la pareja, y en la falta de sentido común de los rabinos (y jueces) frente a una problemática aparentemente simple e íntima: una esposa que ya no quiere a su marido pretende vivir distanciada de él. Pero como no lo acusa de ningún delito, ni lo describe como una mala persona, la falta de amor y la mala convivencia son tomados como temas menores, caprichos. Lo que vale es conservar la apariencia de un buen hogar judío, y el resto se arregla puertas adentro, le dicen en un momento al personaje.

Para materializar la angustia de la protagonista, los cineastas rodaron únicamente en dos escenarios, usando luz natural y sin música. Todo ocurre en la sala de espera del tribunal y en la sala de audiencias, con sus paredes blancas y peladas, casi sin muebles, frente a tres rabinos que, a pesar del desgaste emocional de la mujer y de los esfuerzos de su abogado, aconsejan una y otra vez la reconciliación.

El abogado de Viviane (excelente Menashe Noy) no está casado ni usa kipá, lo que se considera una provocación. No así la defensa que elige Elisha: su hermano mayor, un hombre que improvisa argumentos domésticos para convencer a la esposa de volver.

La puesta de cámara no es tradicional. No hay una coreografía de plano y contraplano, sino que la cámara intenta mantener dos niveles narrativos: por un lado la situación general y por otro sigue las emociones de sus dos protagonistas. Lo hace mediante primeros planos, que suelen recortar sus rostros sobre las paredes blancas. De esta manera los cineastas logran preservar parte de la intimidad de la pareja, logrando un tratamiento cariñoso de sus personajes.

La atención está puesta sobre Viviane, magistralmente interpretada por Ronit Elkabetz. La actriz expone la frustración y la ira contenida en un rostro apretado, con la mirada cansada, y en pequeños movimientos tensos.

La burocracia se torna desquiciante, estado que los directores enfatizan notablemente a través de la participación de personajes secundarios que ofician de testigos ante la corte.

Al igual que sucede con los protagonistas, los testigos se vuelven rehenes de la situación y protagonizan testimonios que pasan de lo grotesco al drama y a la denuncia.

Esta fue una de las películas más premiadas del 2015. También es la última que realizó la enorme Ronit Elkabetz, que murió hace apenas tres días, a los 51 años, de un cáncer. Ya es uno de esos rostros que el cine se encarga de guardar en la memoria.

El divorcio de Viviane Amsalem [*****]

Israel, Francia, Alemania 2014. Título original: Gett. Dirección y guión: Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz. Fotografía: Jeanne Lapoirie. Montaje: Joel Alexis. Elenco: Ronit Elkabetz, Simon Abkarian, Menashe Noy. Duración: 115 minutos.

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