Crítica - Cine

Elegante ejercicio de terror gótico

La cumbre escarlata [***]Estados Unidos 2015. Título original: Crimson Peak. Director: Guillermo del Toro. Guión: Guillermo del Toro, Matthew Robbins, Lucinda Coxon. Elenco: Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston, Charlie Hunnam.

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Terror: un universo poblado de amenazas, enigma y sobresaltos.

Es posible que Guillermo del Toro sea el último cineasta del planeta que todavía tiene idea de lo que es hacer una película gótica. Cuando el noventa y cinco por ciento del cine de terror actual, incluyendo al bastante interesante James Wan, insiste una y otra vez con mutilaciones o el encuentro de videos perdidos que registran paranormalidades, el realizador mexicano cree todavía que una película del género debe contar una historia, poblarla con personajes con los que es posible identificarse, y apostar a los climas y la suntuosa presentación visual que al despliegue de sangre que salpica.

La cumbre escarlata no es tal vez la cumbre de del Toro, pero se ubica en un plano de suficiencia que corresponde agradecer, un poco por debajo de El laberinto del fauno (2006),que debe ser lo mejor que el director hizo en su vida, y un poco por encima de El espinazo del diablo (2001), que es otra de sus películas a las que más se parece.

El principal handicap (pero no es muy grave) que el film enfrenta proviene de su libreto, tan arquetípico que corre el riesgo de convertirse en un estereotipo: joven norteamericana (Mia Wasikowska) que se casa con enigmático aristócrata británico (Tom Hiddleston) y es arrastrada a su aislada mansión que conoció sus tiempos de esplendor pero ahora es una ruina. El hombre puede ser un arribista, tiene una hermana (Jessica Chastain) de comportamiento por lo menos ambiguo, y hay alguna muerte y algunas amenazas (¿o advertencias?) fantasmales, aunque es posible también que la heroína corra también peligros provenientes del "Más Acá".

Si los horrores de El espinazo del diablo y El laberinto del fauno metaforizaban los de la Guerra Civil española y la dilatada dictadura que la siguió, La cumbre escarlata recupera el período histórico por antonomasia de la narrativa gótica, sobre todo en cine: el siglo XIX anglosajón. Para ello el film se sirve de un despliegue de imágenes digitales que recrea un universo sugestivo, y se beneficia del pulso de narrador de del Toro, que dosifica sobresaltos, mueve con destreza la cámara y a lo sumo se tambalea levemente con un par de apariciones "baratas" (el mejor terror es el que muestra poco o nada).

Se ha podido objetar que el film asusta poco. Tal vez sea cierto, pero no es necesariamente una objeción. La cumbre escarlata es una película hecha con gusto y cariño por el género, y apela menos al miedo desencadenado que a una dosis de nostalgia por un cine que hoy casi no se hace. Para un espectador veterano que cree que el Drácula (1958) de Terence Fisher es mejor, por menos redundante y menos obvio, que el de Francis Coppola (1992), eso no es un demérito.

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