Crítica

Drama de superación demasiado cercano

"La noche de 12 años" es un drama emotivo que se apega al género más allá de las cuestiones políticas

Antonio de la Torre como José Mujica en "La noche de 12 años"
Antonio de la Torre como José Mujica en "La noche de 12 años"

V a a ser difícil que los uruguayos vean La noche de 12 años con objetividad cinematográfica. La historia que se cuenta es reciente, conocida y la protagonizan tres destacadas figuras de la coyuntura política nacional de los últimos 60 años. Sus dichos y sus maneras resultan tan polarizantes que podría ser difícil aislarse de esos datos para ver lo que consigue Álvaro Brechner en su tercera película (las otras son Mal día para pescar y Mr. Kaplan) basada, entre otras fuentes, en Memorias del calabozo de los tupamaros Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof.

Es imposible —más allá de banderías políticas solo como personajes de una película— no sentir empatía por lo que están viviendo Mujica, Fernández Huidobro y Rosencof, los tres rehenes de la dictadura en cuya travesía se centra La noche de 12 años. Después de presentar el contexto histórico de una manera concisa y algunos flashbacks, la película se concentra en las penurias de sus personajes que pasan esa eternidad aislados, humillados y que van, en distintos grados cayendo en el espesor de la locura.

Brechner va por el lado de la emoción y el sentimentalismo, dos opciones muy válidas cuando se intenta hacer un drama de superación personal. Los géneros suelen tener reglas estrictas y Brechner (un director cinéfilo) las conoce. La escena de la madre de Mujica esperando noticias de su hijo en la puerta de un cuartel y bajo la lluvia o el encuentro de Rosencof con su hija reja mediante, funcionan en ese sentido. 

Brechner, a su vez, tiene un pulso de cine que sabe aprovechar, también, los recursos visuales: los planos cenitales que revelan círculos que revelan encierros o una cámara fija que va girando desde el panóptico de una cárcel. Aunque una parte del largo segundo acto se hace repetitiva, las actuaciones son intensas más allá de unos apliques capilares de dudoso realismo.

Algunos verán propaganda política, sí, pero La noche de 12 años es una película comercial bien contada. El resto, es otra cosa.


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