CRÍTICA - CINE

Drama judicial de escaso alcance

El abogado del mal [*]. Estados Unidos, 2016. Título original: The Whole Truth. Dirigida por Courtney Hunt. Escrita por Nicholas Kazan. Fotografía: Jules O’Loughlin. Música: Evgueni Galperine, Sacha Galperine. Montaje: Kate Williams. Con: Keanu Reeves, Renee Zellweger, Gugu Mbatha-Raw, Jim Belushi, Gabriel Basso. Duración: 93 minutos. Estreno: 29 de noviembre.

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Keanu Reeves

Esta película es un misterio. Tiene un elenco de estrellas (Keanu Reeves, Renee Zellweger), una directora que venía de un debut auspicioso y hasta con un Oscar (Courtney Hunt, la de Río helado) y termina teniendo menos pretensiones que un capítulo de La ley y el orden.

Es un drama de corte que apenas se anima a salir de la corte para contar una historia de parricidio, abogado que lucha contra todos los inconvenientes de un caso que tiene todo para perder y una madre que tiene esposo muerto e hijo acusado de matarlo. No hay ninguna intención desde lo cinematográfico o desde el libreto (firmado por Nicholas Kazan, hijo de Elia Kazan) de ir más allá de eso.

Es una pena porque podía haber servido para un drama policial un poco más arriesgado que esta serie de argumentos legales disparados con el habitual letargo de Reeves, un actor que ya había sido abogado del diablo y le puso el mismo entusiasmo.

El principal misterio no es si el muchacho (el poco dúctil Gabriel Basso) es o no el asesino, sino porque gente tan importante acepta trabajar en esto. Para la directora Hunt es más comprensible, ya que a pesar de los buenos augurios de su ópera prima ha terminado dirigiendo televisión, incluyendo capítulos de alguno de los spin off de La ley y el orden, precisamente. No es fácil ser un director inquieto en la industria.

Lo de Reeves y Zellweger es más difícil de entender. Los dos tienen carreras importantes y un par de franquicias en activo (él, John Wick; ella, Bridget Jones) como para andar necesitando un cansino ejercicio de tribunales que se va agotando a medida que avanza, al punto de que cuando se llega a la vuelta de tuerca final, es difícil seguir con el interés intacto.

En el fondo no es tan espantoso si se lo pone en el nivel de cientos de capítulos de series de este tipo. Está más cerca de una innecesaria pérdida de tiempo para los actores, una directora y un público que, con esos nombres, estaba en su derecho de reclamar algo mucho mejor.

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