Premios Oscar 2018

Y la diversidad se hizo un lugar en Hollywood

La entrega del Oscar mostró una nueva industria del cine

Ashley Judd, Annabella Sciorra y Salma Hayek
Ashley Judd, Annabella Sciorra y Salma Hayek en la gala. Foto: Reuters

No fue una ceremonia espectacular, aunque rara vez los Premios Oscar se destacan por su teatralidad. Más que entretenidos, la 90º edición galardones de la Academia fueron necesarios.

Necesarios para establecer los primeros pasos en un camino que Hollywood demoró tiempo en reconocer: el de la igualdad y la diversidad.

La ceremonia de ayer estuvo marcada por la reivindicación de una industria del cine más igualitaria desde el primer momento, cuando el anfitrión Jimmy Kimmel pisó el escenario del Teatro Dolby para conducir los galardones por segunda vez en su carrera.

Kimmel —quien cumplió con su tarea de forma prolija pero no se destacó especialmente por su carisma— comenzó la noche con un tema que era inevitable tratar: la desigualdad de oportunidades para las mujeres y el acoso sexual en Hollywood.

El conductor tomó un tono más sobrio que humorístico ante esos problemas y desde el comienzo de los premios —que arrancaron con un montaje en blanco y negro en un homenaje a un Hollywood que ya no existe— cierta solemnidad pareció apoderarse de la velada, que se dividió sus espacios entre segmentos humorísticos poco memorables, homenaje fugaces a lo mejor del cine estadounidense y pequeñas instancias de activismo.

Si hace unos años la agenda de los Oscar estuvo marcada por la falta de diversidad en los nominados —un reclamo que se hizo oír entonces bajo la etiqueta #OscarsSoWhite—, este año fueron las mujeres quienes se volvieron el centro de atención, como sucedió en los Globos de Oro.

Fue Frances McDormand, la ganadora del premio a Mejor actriz principal por su papel en 3 anuncios por un crimen, quien tomó el trabajo de hacer una denuncia que cobró cada vez más fuerza en los últimos meses: las mujeres de Hollywood no están dispuestas a seguir en las sombras.

historias que contar y proyectos que necesitan ser financiados” resumió McDormand en su discurso mientras dejaba su estatuilla (un hombre) en el piso, y pedía a todas las mujeres del teatro que se paren.

Tan solo unos premios antes del emotivo discurso de McDormand, las actrices Salma Hayek, Ashley Judd y Annabella Sciorra —denunciantes de casos de abuso sexual por parte del productor Harvey Weinstein— fueron los rostros del movimiento de protesta “Time’s Up”, que tuvo su propio espacio bajo un compilado de testimonios de diferentes realizadoras actualmente en actividad. En él también participaron actores y cineastas como Kumail Nanjiani y Barry Jenkins, las nuevos rostros de una Academia cada vez menos blanca.

Aunque todavía es notorio que los cambios llevan tiempo —los actores ganadores fueron blancos y en la categoría a Mejor director solo hubo una mujer nominada—, la Academia parece haber sacrificado el espectáculo que antes solía asociarse a su ceremonia para abrir una puerta a hacia un debate que recién comienza.

Si los Premios Oscar desean volver a ser un evento memorable, deberán alcanzar un mejor equilibrio entre la celebración por la magia del cine y el reflejo de las problemáticas que preocupan a quienes están detrás de ese arte.

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