ENTREVISTA

El director y los productores de "Toy Story 4" cuentan el desafío de continuar la franquicia

El País estuvo en San Francisco con los responsables de la nueva película de Pixar que se estrena hoy en Uruguay

toy story 4
Toy Story 4, una buena continuación de una saga entrañable

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En el primer piso del edificio Steve Jobs de los estudios Pixar, en una amplia mesa están sentados tres periodistas (entre ellos uno de El País) y tres de los principales responsables de Toy Story 4: el director Josh Cooley y los productores Jonas Rivera y Mark Nielsen, dos veteranos de Pixar.

“Nos dimos cuenta que Toy Story 3 no era el final de la historia de Woody, sino el final de su vínculo con Andy”, dice Cooley, ante la inevitable primera pregunta de por qué seguir con una historia que parecía cerrada de la mejor manera después de la tercera parte. “Y dimos con algo que valía la pena y decidimos seguir adelante”.

Uno de esos motivadores, confiesan, fue el regreso de Bo Peep, la pastorcita de porcelona que había aparecido poco en las dos primera partes y, por lo visto, había dejado como loco a Woody, el cowboy protagonista de la saga. “De hecho, el nombre en código de la película, era Peep”, dice Nielsen, quien está en Pixar desde 1996. “Y la idea de reunirla de nuevo con Woody y saber qué había sido de su vida, nos pareció muy cool”.

“Hacer Toy Story 4 estaba lleno de riesgos porque la actitud general era: ‘no lo arruines’”, agrega Rivera, quien llegó a Pixar para trabajar en la primera Toy Story y se llevó un Oscar por Up. “Por eso nos tomó tanto tiempo decidirnos a hacerla y mostrarla”.

—La responsablidad es mayor ante esas expectativas y esos riesgos porque meterse con Toy Story es meterse con toda la historia de Pixar.

Rivera: Toy Story es el origen de todo esto y sí, estás en lo cierto, sentí eso y como estuve ahí sentado atrás en aquellas reuniones con tanta gente importante, me siento un poco protector de esa tradición. Y eso pone el estandar muy alto. Quiero que el público sienta lo que yo sentí cuando llegué a Pixar. Hay gente que trabajó en Toy Story 4 que la primera película que fueron a ver al cine fue Toy Story...

Cooley: Y nos traían las fotos de cuando eran niños disfrazados de Buzz Lightyear en Halloween.

Nielsen: Algunos de los ilustradores nos contaban de que abrir la película con una escena con Buzz y Woody y animarlos era una experiencia religiosa. Ellos habían sido lo que los impulsaron a ser animadores.

Cooley: Yo comencé a trabajar en Pixar en 2003, así que las primeras Toy Story, las vi como fanático y creo que aporté ese punto de vista: el de recordar cómo era ser parte del público.

—Y, además, está llena de referencias a todas las películas, como una manera de meterse en esa tradición.

Cooley: Aún encuentro referencias (lo que nosotros llamamos “huevos de Pascua”). Alguien nos dijo que había unas 10.000 y solo en la escena de la casa de antigüedades hay muchísimas citas a otras películas de Pixar.

—Jonas, usted estuvo en la primera de las Toy Story, ¿Cómo recuerda aquellos días?

Rivera: Estuvieron buenísimos. Yo era un pasante y fui asistente de producción en la primera. Era una compañía totalmente diferente. Recuerdo como si fuera ayer ver la primera versión de la primera escena que quedó lista (la de los soldaditos y la llegada de Buzz al cuarto de Andy) y mi excitación al sentir que estaba siendo parte del futuro. Esto era una locura. Steve Jobs andaba en la vuelta y éramos unas 120 personas: fui muy afortunado. Y desde entonces he intentado mantener vivo aquel espíritu. En esta película hay algunos nombres de aquella época, así que en Toy Story 4 hay mucho tejido conectivo con la primera.

—Hoy, el cine se ve en plataformas de todos los tamaños. ¿Cómo esa multiplicidad influye en la creación artística?

Cooley: Trabajamos pensando en que es una película para ver en cines. Incluso en esta cambiamos el formato: todas las anteriores eran 1.85:1 (o sea la relación entre el ancho y el alto) y esta es 2.39:1 lo que deja una pantalla grande. Eso no lo hicimos solo porque nos gusta ese formato sino porque Woody sale de la habitación y va al mundo exterior. O sea que fue una decisión artística.

Nielsen: Cada escena la revisábamos en la sala principal en la pantalla grande. Así fue pensada y creada.

Cooley: No me gustaría ver esta película en un teléfono: los detalles son una locura y aún encuentro cosas que no noté en las millones de veces que la vi.

Rivera: La tecnología avanzó un poco desde 1995 (se ríe) y te das cuenta en la apariencia de la película. Los detalles de raspaduras en los juguetes o la cercanía de la cámara con ellos, son verdaderamente novedosos y están mostrados de una manera muy cinematográfica.

—¿Cómo llegó Forky a la historia?

Cooley: Un día estábamos reunidos y bromeamos sobre qué significa ser un juguete y qué es lo constituye un juguete. Y pensamos en nuestros hijos que cuando le llevamos un regalo, lo que hacen es jugar con la caja. Esa era una pregunta que nunca se hicieron las otras Toy Story y ahí surgió eso de que pasaría si Bonnie hace su propio juguete. Y eso fue lo primero verdaderamente novedoso que apareció en la historia.

—Jonás, ¿aún sigue viendo el futuro cuando llega todos los días a Pixar?

Rivera: Acá todos los días veo algo que no había visto antes. Siempre hay alguien que trae una idea nueva o una solución que nunca se me había cruzado. Pixar, además de un estudio es poco un laboratorio en el que se borran las distancias entre artistas y técnicos.

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