CINE

Un director que pintó su aldea y mostró un mundo

Murió Abbas Kiarostami, uno de los más grandes cineastas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Abbas Kiarostami. Foto: AFP

Abbas Kiarostami fue de los últimos grandes directores de cine, consciente de la capacidad de un arte al que revolucionó desde la más aparente de las simplezas. Ayer Kiarostami, el más importante y relevante de los cineastas iraníes, murió en París a los 76 años.

"Ha muerto Abbas Kiarostami, quien había viajado a Francia por un tratamiento", informó ayer la agencia de noticias semioficial iraní, Isna. En marzo de este año, el director había sido diagnosticado con un cáncer gastrointestinal, lo que lo había llevado varias veces al quirófano, informó The Guardian.

Al mismo periódico, el director Asghar Farhadi (el de La separación), le dijo que Kiarostami "no fue solo un cineasta. Fue un místico moderno, tanto en su cine como en su vida privada". La trascendencia mundial del cine iraní (que permitió conocer otros grandes directores como Mohsen Makhmalbaf, Jafar Panahi y el propio Farhadi) se debe al reconocimiento del trabajo de Kiarostami, su más grande maestro.

De los 40 títulos de su filmografía oficial, en Uruguay se estrenaron 11 desde La vida continúa de 1991 a Copia certificada de 2010, que fuera su primera película occidental.

El estreno local de ¿Dónde está la casa de mi hermano?, A través de los olivos y, principalmente, El sabor de la cereza fue un pequeño festín para los cinéfilos uruguayos en la década de 1990.

Fue una pasión compartida con el resto del mundo. El sabor de la cereza —una historia mínima sobre hombre con intenciones suicidas que sale a buscar alguien que lo entierre cuando muera— ganó la Palma de Oro en Cannes en 1997.

Desde entonces, fue un número puesto en todas la ediciones del festival.

Sus dos últimas películas, Copia certificada, una reflexión sobre el arte a partir del encuentro de dos personajes estereotípicamente europeos (Binoche y William Shimell) y Like Someone in Love (que transcurría en Japón) lo mostraron como un cineasta en plena forma y con un enorme dominio de su lenguaje.

Larga carrera.

Kiarostami había nacido en Teherán el 22 de junio de 1940. Estudió arte y fue diseñador gráfico antes de ingresar al Kanun, el Centro para el Desarrollo Intelectual de Niños y Adultos Jóvenes, donde fundó la sección de Cine. Allí empezó a desarrollar su carrera como director; los niños tendrían siempre un lugar en sus películas. Conservó el puesto cuando llegó la revolución liderada por el ayatollah Khomeini pero con el tiempo y más dedicado a un cine más personal, tuvo enfrentamientos con los censores; cuando asumió Mahmoud Ahmadinejad, el ambiente se puso hostil para su cine pero su trascendencia mundial le permitió desarrollar su carrera en el extranjero. Su prestigio crítico y su reconocimiento en festivales, siempre crecientes desde la década de 1970, fueron inversamente proporcionales a su suceso en taquilla.

Es que su cine, a menudo percibido como árido, es de un minimalismo poético en el que debate sobre asuntos como el arte, el cruce entre ficción y realidad, las relaciones humanas y cierta pérdida de la inocencia. Sabía del poder de las imágenes para transmitir ideas sobre el mundo y sobre el cine mismo.

Para confirmar su estatura de artista, por ejemplo, está la larga toma final de A través de los olivos, con esa muchacha alejándose en el campo; es uno de los finales más bellos del cine.

Y toda la obra de Kiarostami, ese director que escondía su mirada tras unas gafas oscuras, está llena de momentos de luz.

También murió Michael Cimino

El fin de semana murió Michael Cimino, el director estadounidense ganador del Oscar por El francotirador, responsable de uno de los grandes fracasos del cine (la desmesurada La puerta del cielo que fundió United Artists) y una promesa que no pudo concretarse. Supo ser el más prometedor de una generación que incluía a gente como Coppola, Scorsese y Brian De Palma. Pero solo dirigió una media docena de películas y se convirtió en un personaje raro: un ermitaño con demasiadas cirugías estéticas. Pero en su mejor momento, consiguió dos clásicos ineludibles del cine de Hollywood.

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