Cuenta por qué estaría más cómodo en la década de 1940

Un director que añora el viejo cine

En su nueva película, Puente de espías el director Steven Spielberg regresa a lo que para él ha sido una fuente inagotable de inspiración: la historia de Estados Unidos.

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Steven Spielberg. Foto: Archivo El País

Esta vez, empero, su héroe no es una estatuaria figura nacional, como en Lincoln (2012), sino más bien alguien cuyo nombre apenas es conocido: James Donovan, interpretado por Tom Hanks. Abogado originario del Bronx, Donovan defendió a un vituperado espía soviético, Rudolf Abel (Mark Rylance), en lo más álgido de la guerra fría. Posteriormente negociaría el intercambio de Abel por Francis Gary Powers, piloto de un avión espía U-2 derribado en territorio de la Unión Soviética, y un estudiante estadounidense que se encontraba detenido en Berlín Oriental. Spielberg consigue, sin estar entre las mejores de su filmografía, una película interesante, visualmente implacable y con dos actores como Hanks y Rylance entregados totalmente a la causa. Puente de espías se estrenó el jueves pasado en Uruguay.

Pero, en esta charla, Spielberg muestra su lado más cinéfilo, el del hombre al que además de intentar vender su película, le encanta hablar de cine. Y del viejo cine, del que se siente un heredero al punto de reconocer que se sentiría mucho más cómodo en el viejo Hollywood, una añoranza que comparte con su gran amigo, Clint Eastwood, dice. Además arma su propia lista de películas de espionaje y cuenta por qué está orgulloso de su nueva película.

Hace poco, Spielberg estuvo en Tribeca, Nueva York, para hablar con The New York Times de la influencia del mundo posterior a los atentados del 11 de septiembre en su nueva película, de lo que Hollywood podría estar haciendo por las mujeres y las minorías y de, justamente, por qué siente que nació muchos años demasiado tarde. Una charla con Spielberg sobre cine, un rubro en el que es uno de los grandes maestros de todos los tiempos.

—¡Considera usted que la industria cinematográfica es saludable?

—La industria del cine siempre ha sido competitiva con la televisión y, en las primeras etapas de la televisión, algunos de los mejores escritores trabajaron en la televisión. Paddy Chayefsky, Stirling Silliphant, Rod Serling. Después la televisión se volvió demasiado apegada a las fórmulas. Pero algo ha sucedido en los últimos siete u ocho años. Ahora, algunos de los mejores libretos son para televisión. Mire series como Transparent, Bloodline, Wolf Hall y Downton Abbey. Y una serie de la que soy adicto, Homeland. La televisión ha permitido que el espectador corra más riesgos a la hora de decidir dónde gastar su dinero al ir al cine. Pues si pueden ver eso en una sala de cine, donde esa historia en particular se está representando en el cine, podría hacer que más gente vaya al cine.

—¿Así los cineastas pueden correr riesgos?

—Sí, los estudios pueden correr más riesgos y permitir que los cineastas narren historias autónomas que no prometan una secuela. Pienso que la televisión ha ayudado al cine independiente y que el cine independiente ha inspirado a la televisión de formato largo. Ésta es la segunda edad de oro de la televisión, indiscutiblemente.

—El punto de vista de las mujeres ha sido un tema muy importante últimamente. ¿Piensa usted que alguien en su posición tiene la responsabilidad de cultivar a mujeres cineastas jóvenes?

—Yo he cultivado a las mujeres en el cine desde que decidí que mi secretaria fuera mi productora y formar mi propia compañía, Amblin. Yo estoy mucho más cómodo en compañía de mujeres. Estoy hablando de mujeres en funciones creativas, no administrativas. La primera película a la que le di luz verde en Dreamworks fue El pacificador (1997), y Mimi Leder la dirigió. Las mujeres están en puestos ejecutivos en toda la industria: la presidenta de Universal, la de Fox 2000. La ex presidenta de Sony. Lo que no entiendo es la falta de diversidad y de color en las filas ejecutivas de las empresas cinematográficas, y eso es algo que pienso que debemos de examinar con cuidado y preguntarnos por qué.

—Y también directoras. ¿Por qué piensa que es eso?

—Debe de haber una inyección de más mujeres directoras, así como también de hombres y mujeres de color.

—¿Cómo podríamos hacer eso?

—Eso lo hacemos viendo las películas que están haciendo todos, ya sea que estén en YouTube o en Vine. Simplemente hay que estar abiertos a eso pero también hay que buscarlo. Tenemos que salir a buscar dónde está el talento y básicamente cultivar ese talento.

—Usted parece lograr grandes actuaciones de los actores.

—Trabajar con Daniel Day-Lewis me hizo subir muchos, muchos puntos. Yo estuve acosando a Daniel Day-Lewis y después de 10 años finalmente aceptó interpretar a Abraham Lincoln. Eso elevó mi calidad. Creo firmemente que hice parte de mi mejor trabajo en Lincoln principalmente debido a este actor.

—¿Qué hace él que provoca que se enciendan nuevos focos?

—No podría explicarlo. Trato de remontarme en el tiempo, ¿cómo le hizo Howard Hawks para lograr esa actuación de Montgomery Clift y John Wayne en Río rojo (1948)? Yo tengo la sensación profunda de que soy más adecuado para trabajar hace 70 años. Yo habría sido un buen caballo de faena, bajo contrato y con historias asignadas, y me hubiera ido bien. Paso más tiempo mirando películas hechas hace 60 o 70 años que películas de ahora. Con Clint Eastwood somos muy amigos y siempre hablamos de esto. A él le gustaría regresar en el tiempo y vivir lo que hubiera sido que productores como Darryl Zanuck, Harry Cohn o Louis B. Mayer, nos entregaran una tarea a través de un intermediario, y después de leerla, decirles: "¿Saben qué? La aborrezco, pero estoy seguro de que puedo arreglarla."

—Donovan estaba empeñado especialmente en la idea de que ese hombre merecía toda la defensa. ¿Hay en ello algo de nostalgia por una especie de creencia y principios? Pienso en los prisioneros de Guantánamo. ¿Tenía eso en mente al estar haciendo la película?

—Tengo muchas cosas en mente en el mundo contemporáneo. Las misiones de los drones. La bahía de Guantánamo. La piratería cibernética, pues eso es una forma de espionaje. Muy al principio de la tecnología de espionaje, a fines de los años cincuenta, con los vuelos del U-2, nuestro miedo era que el Sputnik fuera un satélite espía, cosa que, por supuesto, resultó que no era. Y también había muchas sospechas y miedos del holocausto nuclear. Yo crecí en esa era. Lo que estaba en juego era muy, muy importante. Y todavía a la fecha hay mucho más miedo y temor de quién nos está mirando por encima del hombro. En las décadas de 1950 y 1960 había un enemigo específico, la Unión Soviética. Pero ahora no conocemos a nuestro enemigo. El enemigo no tiene un rostro específico.

—¿Encuentra usted solaz mirando personas heroicas en la historia? ¿Es eso un consuelo en comparación con lo que está ocurriendo en el mundo actual?

—Mire, la cosa es esta: ahora es un poco más difícil. Donovan pudo trabajar en medio de un tremendo secreto en un tiempo en que no había medios sociales. Hoy en día sería mucho más difícil encontrar a un hombre que defendiera sus principios y padeciera las diatribas y las críticas de sus enemigos en los medios sociales. A Donovan le fue mal: alguien disparó una bala por la ventana de su departamento a fines de los años cincuenta. Imagínese la cantidad de daño que podría infligírsele a la familia de Donovan si todo este incidente hubiera ocurrido en nuestros tiempos.

Los agentes secretos favoritos de tío steve

Cinéfilo impenitente, a Spielberg le gusta un cine muy variado, y ello incluye las películas de espionaje, que son en sí mimo un mundo que admite infinitas gradaciones. Cuando se pone nostálgico el cineasta recuerda las películas del género que llamaron su atención en los años sesenta, desde los primeros dos 007 (El satánico doctor No, 1962: Desde Rusia con amor, 1963) hasta la paródica Flint, peligro supremo (1966), que exageraba con humor los recursos de Bond. Pero también menciona películas más serias: Archivo confidencial (1965), con Michael Caine en el papel del intelectual espía Harry Palmer , o la espléndida Alto espionaje (1965), con Richard Burton, inspirada en John Le Carré.

Iron Man y Batman son sus superhéroes favoritos

—Usted ha aclarado sus comentarios sobre las películas de superhéores que, dijo, tienen una vida finita comparada con los westerns. ¿Hay películas de superhperoes que le gusten?

—No le voy a bajar el pulgar al género pero voy a todas las películas. Mis películas de superhéroes favoritas son las de Iron Man. Amo los Batman de Tim Burton y —un gran salto hacia el futuro— todo lo que Chris Nolan le tocó a Batman, por la oscuridad de lo que motiva a a un personaje como ese, un personaje muy rico, a hacer el tipo de servicio público que hace.

—Y Iron Man porque...

—Hay mucho de Joseph Campbell las películas de Iron Man. Todos queremos volar. Y sabemos que no podemos volar sin alas a excepción de en los sueños. Yo solía soñar acerca de volar en un traje y cuando salió Iron Man pensé: "Escribieron esto para mi. Es mi sueño hecho realidad".

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