CINE

Dilma Rousseff: un tropezón que va a tener pantalla

Cuatro proyectos de películas sobre el impeachment en Brasil.

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Dilma Rousseff. Foto: Reuters

La democracia brasileña todavía gatea, como se suele decir, pero ya ha vivido traumas importantes, de los cuales poco se habla en el cine.

Un grupo de realizadores ha decidido que este no sería el destino de los brasileños ahora cuando el país vive su segundo proceso de impeachment y se ve inmerso en una crisis de dimensiones más allá de la política. Por eso han decidido, cada uno por su cuenta, tomar una cámara y dirigirse a Brasilia con la esperanza de capturar la historia mientras sucede. Aunque nadie se preocupe por salir de allí con un clásico.

Meses antes de que el proceso de destitución tomase forma, el documentalista carioca Douglas Duarte había planeado hacer una película que retratase el Congreso Nacional de Brasil. Incluso él, en cuya casa siempre se había hablado de política, no entendía el material del que estaban hechos aquellos parlamentarios que legislaban entre los bastidores del poder, y que crecía en importancia política a medida que Rousseff la perdía como presidenta. Excelentíssimos, que nació para responder a una inquietud compartida por muchos, acabó por crecer hasta convertirse en un documental sobre la crisis política y el proceso de destitución.

Para Maria Augusta Ramos, de Brasilia, que también prepara un documental sobre la crisis, la decisión fue aún más repentina. Su proyecto partió de cero, unas dos semanas antes de la fatídica votación del impeachment, en la que los diputados dedicaron sus votos a sus madres, a sus hijos y a otros parientes. La realizadora se dio cuenta del "momento urgente y traumático" y de que era necesario entender lo que estaba sucediendo en el país. "Mi película trata de la observación de la realidad y parte de cuestiones que me instigan y que despiertan una serie de sentimientos. Toda la sociedad es responsable de entender cómo hemos llegado a este momento, y mi película trata de contribuir a ello", dice la cineasta aclamada por Justiça (2004).

Ramos, que hace menos de un mes estrenó en las salas Futuro junho (2015), sale de un documental sobre el ambiente de Brasil a las puertas de la Copa del Mundo de 2014 y se sumerge en el turbulento escenario político que puede culminar con la salida definitiva de Rousseff a fin de mes.

Otras dos películas, ambas más cercanas al personaje más central del drama, la presidenta suspendida temporalmente, están en manos de celebradas realizadoras: Anna Muylaert, de São Paulo, y Petra Costa, de Minas Gerais.

Muylaert, directora del exitoso Que horas ela volta? y Mãe só há uma, dos largometrajes de ficción, esta vez es guionista y productora de un documental dirigido por Lo Politi, reconocida realizadora de publicidad, que trabajó en la campaña de Rousseff. Ambas han seguido a la presidenta y han hablado con sus aliados y asesores.

Después de sumergirse en el universo de la intimidad en sus documentales anteriores, Petra Costa, por su parte, decidió lanzarse al mar abierto de la política.

Desde principios de marzo, sigue a diputados, senadores y otros actores políticos, para establecer, mediante entrevistas y otros registros más distantes, los "acontecimientos históricos" y los "escenarios paralelos" que han culminado en la crisis actual. "Mi objetivo es investigar cómo hemos llegado a este ambiente tan polarizado, en el que el país se está poniendo patas arriba. Es como si descubriésemos que nuestra democracia está hecha de una estructura muy fina, que las ratas estaban corroyendo", dice la documentalista.

Un final difícil de escribir

Douglas Duarte todavía no ha previsto, ante un sufrimiento político y económico que se extiende y que no para de sorprender al país por sus giros, dónde terminará su película. Maria Augusta Ramos, Anna Muylayert y Petra Costa tienen la intención de apagar la cámara cuando el Senado emita su juicio final sobre el destino de Dilma Rousseff, que, por lo que todo indica, sufrirá la segunda destitución de la democracia brasileña, aunque de un modo controvertido y contradictorio, distante de lo que sucedió en 1992, en el caso de Fernando Collor.

En lo que todos están de acuerdo es en que una película sobre la crisis, aunque resulte imposible que sea imparcial, no debe ser partidista ni tiene que emitir opiniones. De tan compleja, la realidad brasileña está por descifrar. Después de todo, las preguntas les producen agonía a todos y, por ahora, nadie tiene respuestas.

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