CINE

La difícil tarea de recomponer el espejo roto de la memoria

Luego del éxito de la novela La chica del tren (2015)de la británica Paula Hawkins (se vendieron cinco millones de ejemplares y durante varias semanas estuvo en la lista de los más vendidos del New York Times), se estrena ahora su adaptación cinematográfica dirigida por Tate Taylor (Historias cruzadas, 2011).

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Blunt: interpreta a Rachel. Foto: Difusión

El guión es de Erin Cressida Wilson, guionista de otras relaciones complejas en el cine como las de La secretaria (Steven Shainberg, 2002) y Chloe (Atom Egoyan, 2009).

En La chica del tren se combina el drama con el suspenso a partir de tres miradas femeninas en distintos tiempos. Lo que parece algo caótico, Taylor lo maneja presentando la trama policial de a poco, con una narración que se maneja en varios tiempos sin confundir.

La protagonista es Rachel (como siempre muy bien Emily Blunt), quien no ha logrado superar su divorcio y ahora deambula alcoholizada todo el día, mirando por la ventana del tren que la lleva a su trabajo. En ese sinsentido que es su vida actual, Rachel imagina que la joven pareja que ve solo unos segundos (cuando se detiene el tren frente a su casa) es el matrimonio ejemplar que ella ya no tiene. Por lo que Rachel deposita en esa pareja sus fantasías (él debe ser actor, ella dibujante, imagina), en los segundos que se detiene el tren frente a esa casa blanca.

Por otro lado está Megan, una joven que trabaja como niñera (aunque no soporta a los niños) y decide abandonar súbitamente su trabajo.

La tercera mirada es la de Anna, quien intenta ser feliz con Tom, su marido, a quien ve poco, mientras sobrevuela la sombra de la problemática exesposa de él.

Ese mundo imaginario que Rachel ha construido sobre la pareja de ensueño se destruye cuando ve a la joven en brazos de otro hombre y así decide enfrentar lo que ella idealizó.

Ese cambio en Rachel (dejar de ser espectadora para enfrentar la realidad) torcerá la historia, del drama de la mujer alcohólica al suspenso, cuando la joven desaparece y la protagonista despierte con sangre en sus manos y sin recuerdos.

De allí en más la película se vuelve un thriller interesante, donde los distintos involucrados pueden ser los culpables, incluida la protagonista. También es una crítica a la policía (como también lo era a su manera Perdida, David Fincher, 2014) que se queda de brazos cruzados y deja que la protagonista sea la que intente resolver el misterio, aunque las lagunas provocadas por el alcohol no se lo hagan fácil.

Por lo que La chica del tren es una historia con algunas vueltas de tuerca que consiguen mantener la atención.

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