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Un día infame a través de la lente de un gran director

Está en Netflix 22 July del realizador Paul Greengrass

"22 de julio" de Netflix
"22 de julio" de Netflix

Cando Carly Simon cantaba “You’re so vain”, le decía al destinatario “piensas que esta canción es acerca de tí”. Y seguramente Anders Behring Breivik piensa que 22 july (está desde el jueves en Netflix) piensa que esta película es sobre él, pero no es así. Breivik, el violento narcisista que atacó un campamento de verano del ala juvenil del Partido Laborista de izquierda noruego. Hasta allí fue para matarlos.

Breivik no es el centro de la película, sino un mero personaje que desencadena la acción, y eso es uno de los puntos más fuertes de esta película de Paul Greengrass.

El director, quien también se encargó del guion, explora esas vidas que se alteraron cuando Breivik desató su ira contra el mundo, en Noruega en 2011, dejando como resultado 77 víctimas fatales.

Con sus dos horas y media de duración, la película está dividida en tercios. En el primero, presentado como un documental, donde se retrata el horror de ese fatídico día, dejando al resto de la película para mostrar cómo un sobreviviente, Viljar Hanssen (Jonas Strand Gravli), y el abogado del asesino, (Jon Øigarden) viven las distintas consecuencias, de víctima y defensor del asesino.

Tráiler 22 de julio
Mirá el tráiler de 22 de julio

Greengrass vuelve a crear una película basada en hechos reales, como antes lo había hecho en Vuelo 93 (por la que fue nominado al Oscar a mejor director) sobre el secuestro y posterior caída del avión de United Airlines el 11 de setiembre de 2001, y Capitán Phillips, sobre el secuestro de un barco por piratas somalíes. Aquí utilizó un elenco noruego y el libro One of Us de Asne Seierstad.

El escritor-director muestra un verdadero arte al enmarcar tanto al asesino, como a sus víctimas, como opuestos. Las secuencias iniciales muestran a Breivik solo y en silencio, preparando su ataque con una horrible meticulosidad. Mientras, sus víctimas llegan a un campamento de verano, se ríen, abrazan y arman sus carpas. Más tarde, Greengrass revelará el destino del hombre armado, una celda cerrada con luz artificial, mientras los sobrevivientes están afuera en el crepúsculo, la cámara gira 360 grados para mostrar el glorioso paisaje nevado noruego. Así se contrapone la belleza con el horror, en una yuxtaposición magnífica.

En ese fatídico día, Breivik primero disparó un coche bomba fuera de la sede del gobierno en Oslo, matando a ocho personas e hiriendo a decenas. Luego se dirigió a la isla de Utoya, donde abrió fuego en el campamento lleno de chicos. Greengrass no filma las secuencias de manera melancólica, sino brutalmente, logrando traspasar el miedo por la pantalla.

La película se centra en los sobrevivientes y las consecuencias de los ataques, para hablar en las experiencias y traumas de las víctimas, su enfrentamiento en el juicio, así como el camino que inició Noruega para curarse de ese brutal ataque.

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