FRANTZ

Las delicadezas del amor, los secretos y las mentiras

La última de François Ozon, uno de los grandes directores franceses.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Frantz. Foto: Difusión

François Ozon, junto con Oliver Assayas representa cabalmente el concepto de "director de cine francés". Trabajan con constancia, no le temen a ningún género y en sus films consiguen transmitir una cierta trascendencia. Combinan además las ambiciones de la tradición del cine de calidad francés con algunos arrebatos (muy medidos eso sí) de la Nouvelle Vague.

A ambos, además, se los ha podido seguir desde Uruguay. Todas las películas de Ozon, por ejemplo, se han estrenado por acá, desde aquella irreverente Bajo la arena hasta Frantz que se estrena hoy y es su penúltima película. En el medio ha hecho cosas como 8 mujeres, La piscina, Mujeres al poder, En la casa y Joven y bella. Filma una película por año y acaba de estrenar en el Festival de Cannes, Lamant Double.

Frantz es una de sus mejores películas. Es la historia en blanco y negro del ex soldado francés Pierre Niney quien, después de la Primera Guerra Mundial, visita una tumba en un pequeño pueblo alemán. Allí se cruza con Anna (Paula Beer), la novia-viuda del muerto, Frantz. Intrigada por ese extraño visitante, lo invita a su casa donde vive con sus suegros en una suerte de duelo permanente. Resulta que el francés fue amigo de su hijo en una París de recuerdos en colores que son mencionados con una emoción exhorbitada que incluye llantos repentinos y algún vahído. A pesar de la inicial reticencia del padre, es recibido en casa como un hijo pródigo llenando de ilusión y haciendo olvidar el luto. Hay algo misterioso, sin embargo, en el vínculo del francés y el tal Frantz.

"Me gusta la ambigüedad", dijo Ozon en una entrevista a El País español. "Las cosas no son definitivas, ni nítidas, se pasa de una a otra sin cortes. Yo mismo soy muy dual. ¡Ese es mi problema!". Su cine está lleno de esas duplicidades.

Como la Rebecca de Hitchcock, la ausencia de ese Frantz es un invisible motor de la historia. Todo gira alrededor de él y aquí también hay verdades a medias que mellan a los personajes.

"No voy a hacer un elogio de la mentira", dijo Ozon a El País. "Pero en una época en la que hay que saberlo todo de todo, en la que se exige transparencia, sí que haría un elogio de la ficción para enfrentarnos a la realidad. Quizá para eso está el cine. Lo que intento mostrar en esta película es que a veces una mentira ayuda a vivir. Mi papel no es contestar si eso está bien o no, es dejarle espacio al espectador para que, si quiere, se lo cuestione".

Frantz es una remake libre de Remordimiento, una película de Ernst Lubitsch de 1932 y que no es de las mejores del maestro. Aunque con diferencias sustanciales entre sí, ambas están basadas en una obra de teatro de Maurice Rostand.

"No quería hacer una remake", dijo Ozon. "Pero cuando vi la película de Lubitsch, me di cuenta que quería hacerla diferente". Ozon le da un mayor protagonismo al personaje femenino y al punto de vista alemán. Es una película pacifista.

"Es una historia de secretos y mentiras; ese era mi interés en ella", le dijo Ozon al Financial Times. "Me percaté de que se pueden entender mejor los secretos y las mentiras durante tiempos muy duros porque la gente está sufriendo y hace cualquier cosa para sobrevivir y escapar de la realidad".

Todo eso para hablar de muchas cosas, entre ellas la construcción de la verdad, las mentiras del pasado y, principalmente, una reflexión sobre otros tiempos más actuales e igual de desafiantes para Europa. La película está hablada en francés y alemán, y está cargada de referencias europeas desde Rilke a Verlaine.

"Es europeísta", le dijo Ozon a El País español. "Una de las razones para llevarla a cabo fue el momento que vivimos: el auge de los nacionalismos, las mentes cada vez más cerradas, el miedo al extranjero".

Los nacionalismos tienen varios frentes en Frantz. El soldado francés la recibe de los alemanes pero también Anna la percibe de los franceses con dos canciones patriotas (una de ellas es "La Marsellesa", claro). Eran tiempos de recelos mutuos que, ahora se sabe, desembocaron en la Segunda Guerra Mundial.

"Tenía la impresión que hablando de aquel tiempo, era una manera de hablar también acerca del hoy, con el crecimiento del nacionalismo en Europa y algunos políticos reclamando un regreso a las viejas fronteras", le dijo Ozon al Financial Times.

Esa nota geopolítica está, pero más allá de eso, está esa historia de casi amor asordinado que se encamina más allá de los contrastes y de las diferencias insalvabales y un par de mentiras. Y al final, en el gesto de bondad inocente de esos padres, hay un mensaje inquietante, sí, pero también optimista.

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