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Daniel Hendler: "Estoy en una etapa mucho más calma"

El actor de Graduados está en pleno rodaje de su segunda película como director, un thriller político titulado La emboscada, una coproducción entre su productora Cordón Films y Ruda Cine de Argentina.

En esta entrevista, realizada días antes de empezar la filmación, repasa sus métodos de trabajo y preferencias como realizador cinematográfico, desarma teorías acerca de cómo dirigir a otros colegas y revisa las obras que marcaron una nueva etapa en su camino actoral. Pasado, presente y futuro de ese artista inquieto en que se convirtió "El Leche" de 25 Watts.

—La emboscada es una película que te permite construir la personalidad de un personaje, algo similar sucedía con el rol de Norberto en tu film anterior (Norberto apenas tarde, 2010).

—Cuando armé "las notas del director" para la carpeta del proyecto que presentás a los fondos de financiamiento, se me ocurrió que esto podría ser algo que atraviese los dos proyectos y también mi vínculo con la actuación. No estoy tan seguro de que trate sobre eso, pero sin dudas hay un universo construido alrededor de la personalidad de este líder político, Martín Marchand, un universo donde se vislumbran titiriteros a su alrededor. La gran pregunta es quiénes son los titiriteros y quiénes los títeres. Las intrigas de la película pasan por ahí, porque uno no sabe bien los verdaderos roles que están jugando en esta supuesta cofradía que es el escenario de la película, y que no es tal.

—¿Hubo algún candidato político que te haya inspirado?

—Varios, pero quise cuidar al personaje de toda comparación y traté de no estigmatizarlo, porque hubiera sido cómodo ponerlo en un lugar de tipo tarado o malo. Es un personaje que puede incomodar porque tiene zonas interesantes, en las que él cree, donde se puede ver cierta verdad mientras que al mismo tiempo está inundado de discursos importados.

—¿Sos de discutir las películas con alguien de confianza?

—Es una mezcla. Tengo una parte muy abierta a las opiniones y una parte muy cerrada; no podría darme cuenta qué tipo de director soy en ese sentido. El cine es un ejercicio colectivo y más que opiniones son acciones: cada uno desde su rol participa activamente en cada decisión además de mi supervisión. A veces se entiende que director es una persona que da órdenes, que tiene una autoridad, y en realidad es un rol que conduce el proceso y es el responsable de las decisiones estéticas, pero es todo un entramado colectivo.

—Entre cineastas de distintas generaciones hay diferentes posturas frente al sistema de financiamiento de fondos, ¿cuál es la tuya?

—Creo que lo complejo es entender que los fondos públicos están fomentando una cinematografía nacional y a veces esto se confunde y se personaliza demasiado en los directores que se premian, cuando en realidad todas las películas incluyen a un equipo y generan un montón de trabajo y servicios. Son tan pocos los premios que terminan muchas veces jugando estas decisiones personalistas, a veces perdiendo el foco en ver que hay muchas propuestas diferentes que estaría buenísimo que pudieran hacerse. Deberíamos ver de qué manera hacer que estos fondos se dividan un poco más, aunque lo ideal sería que crecieran económicamente porque están congelados desde el 2008.

—Por tu formación se podría suponer que en el rodaje te ocupás sobre todo de los actores.

—Te diría que es al revés. Si ser actor me da alguna ventaja como director es embocar bien en la elección de los actores y en qué cosas ensayar para asegurarme que las cosas marchen bien durante el rodaje en ese aspecto. Igual después sucede que el trabajo termina siendo más arduo de lo que uno imagina.

—¿Podrías dirigirte a vos ?

—Quizás tenga que hacerlo, porque son demasiados actores para una producción muy apretada. Si alguno falla, lo haré; estoy en el banco de suplentes. Además estoy encantando con el elenco, quiero disfrutar del privilegio de dirigirlos.

—Vas a trabajar por segunda vez con Roberto Suárez.

—Es un placer. El actor tiene que tener un grado de inconsciencia y cuando se mezcla con una inteligencia como la de Roberto, la de César Troncoso y la del resto de los que están en esta película, es un lujo.

—Troncoso dijo que le gusta ser "un poco hijo de puta" en sus personajes, al estilo de lo que hizo en Norberto apenas tarde.

—Acá también hay algo de esa maldad y está contento justamente por eso, porque lo llevo a hacer esos personajes que no le tocan tanto.

—Los personajes que solés interpretar son álter egos de los directores que te dirigen, ¿dirías que ponés en ese lugar a tus personajes?

—Sí…Norberto se concentra en algunas pesadillas en cuanto a mis miedos a los caminos equivocados que a veces temo tomar en la vida, y a ciertas personas cercanas donde proyecto esos miedos. Entonces sí hay algo ahí reflejado, pero no sé si es un álter ego, ojalá que no (se ríe)sí tiene cuestiones de mi personalidad. En La emboscada también hay algo de eso. En todos los personajes siento que hay algo que se proyecta de uno, esto se lo he escuchado decir a muchos escritores. Por Martín Marchand (personaje central de La emboscada) siento una mezcla de cariño y de rechazo.

—Este es el segundo guión que concretás, ¿desechás mucho?

—No escribo tanto. Participé como coguionista y colaboré en guiones ajenos, escribí muchas obras de teatro que sí quedaron guardadas. En cuanto al cine no tengo ningún guión desechado; en el caso de Norberto apenas tarde sucedió que extraje al personaje de un guión que descarté y construí otra historia.

—¿Sos de los cineastas que disfrutan más el montaje?

—Lo más disfrutable es el fin de un buen día de rodaje o cuando aparece la química, la inspiración o la magia durante un rodaje. La postproducción también me genera bastante ansiedad, porque en el rodaje uno ve las cosas en tiempo real y en el montaje las ideas pasan por los tiempos de la técnica. Pero sí, disfruto mucho de la escritura y del montaje.

—Pablo Stoll me contó que en el rodaje de 25 Watts (2001) además de actuar eras una especie de consultor de dirección.

—Yo ahí me mandaba la parte. Era "el que sabía de actuación" porque era profesor de arte escénico y estaba estudiando mucho. En el cine hay una parte que es más intuitiva y yo veo que es mentira que los actores sabemos dirigir mejor a los actores. Fue una época en la que aprendí mucho…

—25 Watts, Los paranoicos (Gabriel Medina, 2008), Graduados (2012), se transformaron en obras de culto, ¿esas fueron bisagras en tu carrera?

—Tu selección no es la más corriente, por ejemplo no incluye El abrazo partido (Daniel Burman, 2004), con la que sucedieron muchas cosas a nivel internacional. Una bisagra supone una apertura, me quedaría con 25 Watts porque Los paranoicos es una película por la que siento un profundo cariño pero no tengo tan claro que me haya provocado un salto de etapa. 25 Watts sí, porque había muchas cosas que estaban en plena formación en mí y encontraron un lugar en forma de cine.

—En alguna entrevista dijiste que creías que siempre es bueno sentirse en una cuerda floja.

—Seguramente me refería a que uno tiende a encontrar lugares cómodos y está bueno someterse a visitar ciertas fronteras de la comodidad, buscando no adormecerse uno ni sus ideas, pero tampoco buscar un caos que te haga perder la lucidez. La cuerda floja para mí es esa zona donde uno está alerta y se propone ir a un lugar desconocido pero manteniendo algunas convicciones. Me parece que en este sentido, tiene que ver con decisiones que uno toma desde el guión, donde uno tiene entre todas las opciones una que es la más fácil y otra que es la más arriesgada y no siempre una u otra es la correcta. La cuerda floja es tratar de agudizar ciertos criterios para elegir lo que uno quiere contar mejor.

—¿Para dónde querés llevar tu carrera?

—El término carrera tiene algo muy de esta época, me suena a ¿Carrera hacia qué?, ¿hacia el éxito?, ¿abarcar más espacios?, ¿ganarle a otro? Prefiero pensarlo como un camino. Estoy en una etapa mucho más calma con respecto a los lugares que me toca ocupar o a los que se me invita a participar, y lugares que yo también puedo abrir y forjar e invitar a otra gente a participar. Esa calma viene porque me doy cuenta que es posible hacer cosas que me gustan, trabajar con gente interesante. Esa es mi prioridad hoy: tener esa continuidad de ir creciendo en las propuestas.

—¿Cómo se siente poder elegir?

—Es muy relativo porque cuando uno empieza a tener muchas posibilidades de elegir es cuando empieza a decir más "no", y esos "no" pueden repercutir en un silencio posterior de otras propuestas que te dejan de llegar. No es algo tan fácil de manejar. Cuando hice Graduados era un período de pocas propuestas y fue bárbaro y eso me abrió un montón de propuestas, pero no es algo fijo: no es que recibo una convocatoria cada mes y decido si participo o no.

—Graduados te permitió un relacionamiento familiar con el espectador, ¿hay un tipo de diálogo en especial que te interese como creador?

—Va variando. Soy un actor que tengo una parte un poco renegada. Si bien mi deseo de ser actor tiene que ver con una necesidad de ser querido y aprobado, descubrí que lo que me interesa de actuar es otra cosa y que el cariño lo tengo que buscar en otro lado. Me gusta ser actor como parte de un equipo, y cuando descubro en mí esa cuestión de querer lucirme o agradar ya no me gusto tanto. A través de lo que elijo hacer intento fomentar que el actor sea parte de un todo y evitar toda clase de competencia de lucimiento; no me interesa estar ahí.

Un equipo de viejos y nuevos amigos.


"No me parece fundamental trabajar entre amigos, pero por otro lado sí es bueno trabajar con gente en la que uno confía y quiere", comenta Daniel Hendler cuando se le hace notar que entre los actores de La emboscada hay varios nombres que se repiten del elenco de su primera película, Norberto apenas tarde. Entre ellos están César Troncoso, Roberto Suárez, Matías Singer y el protagonista de la cinta: el arquitecto y actor argentino Diego De Paula. El reparto se completa con la participación de la pareja de Hendler -la reconocida cineasta- Ana Katz, Mirta Busnelli, Alan Sabbagh, Néstor Guzzini, José Luis Arias y miembros del equipo de producción como Rodrigo Gils; "los estoy poniendo a actuar porque es una producción muy chiquita con demasiados personajes", explicó.

En cuanto al equipo técnico, la única cabeza de área que se mantiene de su realización anterior es la vestuarista Nicole Davrieux. El director de fotografía es el experimentado fotógrafo argentino Lucio Bonelli, y trabaja por primera vez con Daniel Yafalián en la dirección de sonido y Mariana Pereyra como directora de arte. El rodaje se está desarrollando en una estancia ubicada en el departamento de Florida, que se mantiene ocupada por la familia propietaria mientras el equipo filma la película. Un aspecto novedoso es que habrá un interesante trabajo de postproducción -en Argentina- para mejorar el simbolismo que algunos pájaros tienen en la narración.

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