ENTREVISTA

Daniel Fanego, el actor que no quiso ser Videla y ahora triunfa con "Akelarre"

El intérprete argentino está en el reciente estreno de Netflix, que viene de arrasar en los Premios Goya

Daniel Fanego en la película "Akelarre". Foto: Difusión
Daniel Fanego en la película "Akelarre". Foto: Difusión

A medida que avanza la charla el entusiasmo por su último proyecto cinematográfico va en aumento, hasta que Daniel Fanego reflexiona en forma de pregunta retórica: “Imaginate, ¿cuándo voy a tener otra posibilidad de hacer una película ambientada en el Siglo de Oro español? Era una oportunidad que no quería perderme”. Y tiene razón.

Akelarre, de Pablo Agüero y disponible en Netflix, se ubica en la última etapa del período para narrar la historia de seis chicas que son acusadas de practicar brujería, convirtiéndose en víctimas de un perverso genocidio en nombre de Dios, que trasciende su tiempo y conecta con discusiones actuales como el patriarcado, el rol de la mujer y la muerte. El guion se inspira en Tratado de brujería vasca: descripción de la inconstancia de los malos ángeles y demonios, del inquisidor Pierre de Lancre en el siglo XVII.

Con dos colaboraciones previas, la ópera prima Salamandra y Eva no duerme, director y actor reafirman con este film el compromiso virtuoso que los une desde hace más de una década y promete continuidad.

Con 65 años, Fanego es uno de los actores más reconocidos de Argentina. Tiene un larguísimo historial en cine, teatro y televisión, con hitos como la telenovela Resistiré.

—Hablemos de la profunda esencia feminista que tiene Akelarre...

—Pablo le da una vuelta de tuerca a la historia para llevarla más allá de lo que podría ser una película de género. Esos inquisidores, de los que forma parte también mi personaje son el patriarcado, de alguna manera simbolizan eso. Ellos son victimarios y las mujeres están del otro lado.

—Queda claro en frases como “No hay nada más peligroso que una mujer que baila” o “Los hombres temen a las mujeres que no temen a los hombres”, que pronuncia el juez Rostegui, artífice de los asesinatos.

—Es un poco como la frase de Eduardo Galeano: “El miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Habla claramente de una masculinidad que necesita el sometimiento de la mujer, de lo femenino. El personaje de Ana (la española Amaia Aberasturi) sale de ese lugar de la tragedia, se convierte en una mujer que se hace cargo de la situación, que toma las riendas aun a riesgo de su propia vida. Es entonces cuando aparece algo de otra naturaleza, narrativamente hablando. Pablo es uno de los directores más importantes de este momento. Es muy interesante para laburar porque hasta que no tiene lo que quiere no para, todo el tiempo va probando cosas nuevas. Es muy inquieto y te inspira a ser muy inquieto a vos también.

—Pasó con tu personaje de consejero del juez Rostegui, que terminó muy distinto a cómo empezó.

—Salazar es un burócrata que escribe y dibuja todo lo que ve a modo de testimonio. Originalmente el papel era mucho más pequeño, así que cuando Pablo me lo ofreció dudé. Tal vez percibiendo eso, me dijo que estaba dispuesto a que trabajemos juntos para que el personaje tuviera otro volumen dentro de la película y empezó a aparecer esa mirada un poco temerosa del consejero hacia el juez. Mi personaje no es una buena persona, no dudaría en quemar a nadie, pero necesita pruebas, y comienza a ver que no son suficientes.

Imagen de la película "Akelarre". Foto: Difusión
Imagen de la película "Akelarre". Foto: Difusión

—Después de tantos años de carrera, ¿cuál es la motivación a la hora de elegir un papel u otro?

—Elijo los roles a partir de la empatía que tengo con ellos, eso es fundamental, y luego también le presto mucha atención a la empatía que tenga con el director. Se trabaja muy cuerpo a cuerpo en este oficio, así que si no existe esta empatía en algún momento, vas a tener problemas. Eso es así más allá de las posibilidades laborales y de que uno trabaja de esto. Yo digo que a mí me gusta hacer lo que quiero hacer y trato de poner deseo en lo que hago, si no es muy difícil trabajar en algo tan subjetivo como es la actuación.

—¿No se dio esa suma de empatías cuando rechazaste interpretar a Jorge Rafael Videla en la película El almuerzo?

—En aquel momento dije que no porque sentí que no podía resucitar a ese monstruo. Sobre todo por cómo estaba escrito en el guion, era el Videla ganador, el que recién había tomado el poder. No me resultaba para nada atractivo.

—¿Y por qué a al general Pedro Eugenio Aramburu sí en el film Eva no duerme?

—Porque en el caso de Aramburu aparecían todas las contradicciones. Nos interesaba mucho revisar las distintas visiones que había de ese momento, en ese sótano, o en donde fuera que permaneció detenido por los montoneros. La idea fue trabajar a partir de eso, sobre todo alrededor de la sorpresa que era para ese hombre estar ahí, y ser enjuiciado por una juventud que tenía la voluntad de modificar las reglas del poder. Las miradas, para unos era un acto de justicia, y para otros un asesinato.

"Elijo los roles a partir de la empatía que tengo con ellos, eso es fundamental"

Daniel Fanego

—Terminaste el rodaje de Akelarre poco meses antes de comenzar la pandemia, y a finales del año pasado volviste a un set para El reino. ¿Qué diferencias encontraste?

—A toda la humanidad nos ha modificado mucho esto. Tengo muchos amigos en diferentes lugares del mundo y nos encontramos con los mismos sentimientos respecto de lo que ocurre. En El reino tuvieron cuidados maravillosos, me sentí absolutamente protegido. Si entrás a rodar y un tipo se te enferma es muy complejo. En el teatro podés parar 14 días a ver qué pasa, pero en un rodaje se cae toda la estructura. Las películas que yo hago no son como las de Hollywood, que tienen una espalda financiera para poder decir: “paramos”. Acá, si no la hacés en el tiempo que tenés fijado, con la guita que te dieron o conseguiste, estás en el horno.

—¿Y en lo personal?

—Mi relación con el afuera no es la misma que cuando comenzó la pandemia. Hoy he relajado un montón de cosas que tienen que ver con lo familiar, con salir a la calle, tomando obviamente los recaudos necesarios: el barbijo, la distancia, evitar llevarse las manos a la cara y lavarse las manos permanentemente, pero no paso a la exageración.

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