Anomalisa

El curioso caso de Charlie Kaufman

Este jueves se estrena Anomalisa, el aclamado y emocionante regreso del guionista.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Kaufman vuelve de un casi anonimato a los premios Oscar. Foto: gentileza Paramount

Charlie Kaufman es uno de los mejores guionistas vivos, al punto que es uno de los pocos que logra que la gente se refiera a sus películas como "una película de Kaufman" y no mencionen a su director. Este jueves se estrena su última obra, la nominada al Oscar como Mejor Película Animada, Anomalisa, escrita por él y dirigida junto a Duke Johnson.

Sin embargo, desde 2008 no se estrenaba ninguna película escrita por él. Ese año estrenó Sinécdoque, Nueva York, con la que también debutó como director. El film era tan complejo, bizarro y difícil de entender que hasta los más fanáticos se sintieron desmotivados después de estar dos horas sin entender nada. Además recaudó sólo un quinto de su presupuesto, lo que también desmotivó a los productores, que dejaron de confiar en él.

Eso pareció echar por tierra el trabajo que realizó al escribir guiones geniales que terminaron siendo excelentes películas como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (que le valió un Oscar), ¿Quieres ser John Malkovich? y El ladrón de orquídeas. Sin embargo, Anomalisa es su gran regreso y una de las sorpresas de este año.


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Lo bueno es que ahora dirige junto a Duke Johnson, un cineasta experto en stop motion que sirve como moderador de las locuras del guionista y hace de Anomalisa una película relativamente sencilla pero brillante, conmovedora y atractiva. Esto lo logra sin perder la esencia de las películas de Kaufman, en las que los protagonistas son seres con imperfectos que se cuestionan el sentido de la vida, logrando que luego el público termine planteándose lo mismo acerca de su propia existencia.

Aunque claro: no deja de tener sus complejidades. En Anomalisa todos menos el protagonista, Michael Stone (David Thewlis), tienen el mismo rostro y la misma voz (la de Tom Noonan, tranquilizadora y suave). En eso hay un vínculo directo a la película ¿Quieres ser John Malkovich? Un detalle que los memoriosos sabrán apreciar.

Otro personaje distinto es Lisa —por eso el nombre Anomalisa, porque es la anomalía— interpretada por Jennifer Jason Leigh. También se confunden realidad y ficción y hay detalles extraños (como una muñeca sexual japonesa).

El guión fue escrito originalmente para una obra de teatro interpretada solamente con voces, que fue estrenada en 2005. Por suerte, decidieron llevarla al cine. Dino Stamatopoulos, de la productora especializada en animación, le propuso hacer un stop motion y después de una resistencia inicial, Kaufman aceptó.

De todas formas, la adaptación no fue un proceso sencillo. Hubo que recurrir a una campaña de financiación colectiva en la que pretendían recaudar 200.000 dólares y terminaron recaudando 406.000, un éxito atribuido a la cantidad de seguidores que tiene el guionista y director. El rodaje llevó dos años, filmando dos segundos por día. Seis meses fueron dedicados exclusivamente a la incómoda pero realista escena sexual.

Todo ese esfuerzo tuvo un increíble resultado: fue aclamada por la crítica en varios prestigiosos festivales como el de Toronto y el de Venecia, además de haber sido nominada a un Oscar, aunque es probable que pierda con Intensa Mente, que parece la gran favorita.

Estás loas no son injustificadas, sino que están más que merecidas. A nivel visual es casi impecable, los muñecos, con cuerpos de goma y rostros hechos con impresoras 3D, son muy expresivos, o por lo menos el de Michael Stone. Por la forma que fueron construidos los rostros están partidos en dos, algo que normalmente se corrige en postproducción pero los directores decidieron mantenerlos así. Ese toque imperfecto y artesanal los vuelve aún más atractivos.

El hotel donde se desarrolla casi toda la historia, llamado ingeniosamente Fregoli (se llama igual a un trastorno psicológico que causa que el afectado piense que todo el resto de los seres humanos son la misma persona), está lleno de detalles que lo hacen parecer un hotel real, parecido a casi todos los hoteles de cuatro estrellas (desde los enchufes hasta la ubicación del baño y de la tele), pero con sus singularidades (como los pasillos que se extienden al infinito).

La colaboración entre Johnson y Kaufman —con un gran trabajo del director de arte, John Joyce— probó ser el matrimonio perfecto entre una estética excelente y una historia compleja pero emotiva, que tiene como resultado una comedia dramática profunda y sensible.

Más allá de los premios, el verdadero ganador es Charlie Kaufman, que logra hacer un exitoso regreso después de estar casi diez años en el olvido de la industria, no de sus seguidores. "Estuve sentado en un cuarto durante los últimos siete años", dice medio en broma, medio en serio, Kaufman cuando le preguntan en dónde estuvo todo este tiempo. Estuvo luchando por colocar un guión, por hacer cine —como tuvo que hacerlo al comienzo de su carrera, al principio de la década de 1980— pero la industria le tenía miedo, porque creían que los haría perder dinero, o al menos no los enriquecería.

"Los estudios están haciendo películas muy previsibles y convencionales, y yo tiendo a hacer películas opuestas a eso, entonces se está volviendo todo más difícil", le dijo a The Independent.

Después de ver la cantidad de secuelas, reboots, spin offs y remakes, es imposible no darle la razón. Anomalisa es la prueba de que todavía quedan historias nuevas por contar y margen para ser original.


Crítica de la película


Una vida en pocos momentos

No hay nada como partir desde la crisis emocional de un personaje lleno de conflictos para que comience una gran historia, que interpele al público acerca del sentido de su propia existencia. Y si de algo sabe escribir Kaufman es de personajes truncos y agridulces que intentan encontrar un rumbo.

Anomalisa trata de la crisis de Michael Stone, un orador especialista en atención al cliente que viaja a Cincinnati para dar una conferencia. Desganado, aburrido y angustiado en su cuarto de hotel decide llamar a una ex novia, Bella, que vive en la ciudad para tratar de averiguar qué es lo que salió mal y por ende descubrir cuáles son sus fallas.

En ese mismo hotel, el Fregoli, conoce a Lisa, una telefonista que es la única mujer que tiene una voz distinta y con sólo escucharla sabe que es especial, lo que le da esperanza de que el problema no sea él, sino todo el resto del mundo.

Él cree enamorarse de ella, una muchacha de baja autoestima, sencilla y poco inteligente, pero por razones que no son demasiado profundas que pronto se derrumban.

"Cada una de las personas con las que te relacionas ha tenido infancia, un cuerpo, y cada cuerpo siente dolor", explica Stone en una conferencia, una ironía ya que para él todo el mundo es igual pero sus problemas —podría calificarse de depresión— le impiden ver la verdadera naturaleza del mundo.

Hecha con gran sensibilidad es, como dice el trailer, una de las películas "más humanas del año" en la que, paradójicamente, no aparecen humanos. Es la vida en pocos instantes, o por lo menos la vida de Michael, con la que probablemente todo el mundo se sienta relacionado.

Anomalisa es de esos films que desafían al espectador y que exigen una segunda visualización por estar llena de sutilezas y metáforas. Pero por compleja no deja de tener sus momentos cómicos, que la transforman en un catártico viaje de autodescubrimiento que dura 90 minutos.

Anomalisa [****]

Estados Unidos, 2015. Título original: Anomalisa. Dirección: Duke Johnson y Charlie Kaufman. Guión: Charlie Kaufman. Con: David Thewlis, Jennifer Jason Leigh, Tom Noonan. Dirección de Fotografía: Joe Passarelli. Música: Carter Burwell. Arte: John Joyce.

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