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Roma es la mejor película de un año lleno de cambios

La película de Cuarón es un documento bello sobre una historia personal que se hace universal

Roma

Qué más se puede decir de esta travesía cinematográfica que consigue Alfonso Cuarón con Roma. Hasta hoy uno pensaba que solo Terence Malick era capaz que filmar los recuerdos (ver El árbol de la vida) pero aquí el mexicano consigue transmitir un tiempo, una humanidad y un país, con un blanco y negro feroz y una historia contundente. Ya desde el comienzo con un plano quieto revelador, a las dos escenas finales, Roma es un viaje precioso sobre la vida de una empleada doméstica (la debutante Yalitza Palacios) que es puro amor, dedicación y silencioso sufrimiento. Verla en cine, a pesar de que es un estreno de Netflix, como se pudo hacer en Cinemateca Uruguaya, duplica el placer (a veces incómodo) de una película tan personal, tan universal.

The Florida Project
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La crónica de una clase olvidada que vive al otro lado del sueño americano, esta película de Sean Baker (el mismo de la destacada Tangerine) sigue la peripecia de un grupo de niños dejados a la buena de Dios en el patio trasero de los parques de atracciones de la Florida. Ese proyecto del que habla el título no sólo es una vecindad improvisada en el hotel que regentea un crístico Willem Dafoe, sino un proyecto fallido de sociedad. La única esperanza parece ser el de una madre demasiado joven, demasiado alocada, demasiado poco preparada, como para dar ese sustento a su hija pero esas carencias las remplaza con un cariño que muchas veces escasea en familias mejor constituidas. Esto es neorrealismo con los colores flúos de la decadencia. Una película importante que habla de cosas importantes.

el hilo fantasma

El cine de Paul Thomas Anderson es heredero de una tradición de grandes directores americanos, un linaje del que su antecedente más explícito es Robert Altman: sus películas son eventos, llenos de cinefilia, películas corales sobre crisis individuales con actores leales. Eso está presente en asuntos como Boogie Nights, Magnolia, Petróleo sangriento, por nombrar solo tres de sus películas más expansivas. El hilo fantasma es otra cosa: un detallista retrato de un diseñador de modas exitoso (Daniel Day-Lewis) que se deja llevar por la obstinación de su musa (Vicky Krieps) bajo la mirada recelosa de su hermana (Leslie Manville), en plan la ama de llaves de Rebecca, en el clásico de Hitchcock. Esto, es de hecho, puro melodrama de aquellos que los europeos solían hacer en Hollywood, presentado con cierto cinismo, un apuntes que rozan la comedia de enredos y un final que Luis Buñuel hubiera adorado. Y qué bien que está Daniel Day-Lewis

Amantes por un día

Si un cine puede reclamar la fidelidad a la nouvelle vague, el movimiento del que es heredero directísimo, es el de Philippe Garrel. En Uruguay, se han visto algunas de sus películas aunque de manera fugaz y desapercibida: aunque viene filmando desde 1964, la experimentación de sus primeras películas, lo convirtió en un secreto minoritario. Recientemente, sin embargo, su cine se ha vuelto más "accesible" y ha conseguido una distribución internacional que ha permitido un estreno con más despliegue que volvió a pasar inadvertidamente. Amantes por un día es el cierre de su trilogía sobre la infidelidad y cuenta la historia de una muchacha que tras un problema amoroso vuelve a la casa de su padre, quien, justo, está viviendo con una chica de su edad. Es una película nuevaolera (por el lado de Eric Rohmer) y de una austeridad y un origen que el blanco y negro no hace más que remarcar.

The Other Side of the Wind

The Other Side of the Wind es toda una historia: es el proyecto que Orson Welles dejó inconcluso y fue terminado con todo el material que filmó y las indicaciones que le dejó por su alumno, Peter Bogdanovich, quien, 47 años después y con la intervención de Netflix, pudo presentar una película bien cercana a las intenciones de su maestro. Y es toda una experiencia: un director (John Huston) presenta su nueva obra y la experiencia es filmada por un montón de cámaras. El resultado es experimental (como también lo era su más o menos contemporánea, F for Fake) y tan moderna que es difícil cómo hubiera sido recibida en su tiempo, los comienzos de la década de 1970. Lo que resulta es un collage de imágenes y declaraciones en distintos tonos, que, como en El Ciudadano, no consiguen armar del todo el rompecabezas de una vida y, en este caso, una obra.

Lady Bird

Greta Gerwig traza un fresco de su lugar y de su generación (Sacramento, California; la década pasada) con esta comedia sobre una muchacha que intenta descubrir el mundo que la espera mientras lidia con el mundo que le toca. Es una película sobre el vínculo con una madre aprehensiva que quiere mucho más de lo que dice (y su hija cree) y ese silencio queda bien patente en un primer plano de llanto que esconde todo que se ha callado. Con un ojo en el cine juvenil de la década de 1980 (La chica de rosa, es una referencia) y otro en el cine moderno e independiente del que proviene Gerwig (la actriz que aquí debuta como directora), Lady Bird es un encanto de película que además consiguió cinco nominaciones al Oscar.

The Ballad of Buster Scruggs

Combinando la tradición literaria que fundó el western, con preciosismos visuales y su habitual sarcasmo ante la peripecia humana, los hermanos Coen armaron una película de episodios (originalmente iba a ser una serie para Netflix) original, algo violenta y algo divertida. ¿Pero no es esa acaso esa la fórmula de todo su cine? Aquí despliegan esos ingredientes en seis relatos cortos que muestran la crudeza del oeste y, como hacían en ¡Salve César! homenajean y parodian un género. Hay episodios mejores que otros (los más conseguidos quizás sean el unipersonal de Tom Waits como un minero paciente y perpicaz, o el deselance a lo Dino Risi del de Liam Neeson y su número de circo) pero todo está en su lugar. A eso ayuda la fotografìa digital (una novedad en los Coen) de Bruno Delbonnel y un guion juguetón que sabe ser gracioso y cruel cuando la circunstancia lo amerita.

Infiltrado en el KKKlan

Es un regreso a la mejor forma de Spike Lee después de ejemplos recientes que lo mostraron cinematográficamente errático (y eso incluye Chiraq y Da Sweet Blood Of Jesus) aunque siempre firmemente crítico de algunas cuestiones que él mismo ayudó a llevar al cine. En Infiltrado en el KKKlan afina ese cruzamiento entre sus ideas cinematográficas y políticas, incluyendo comedia, comentario sobre los vínculos raciales en Estados Unidos, una intriga policial y una historia real que parece de ficción: la de un oficial negro que con la complicidad de un colega judío logran infiltrarse en el Ku Klux Klan y desmantelar una célula de esa organización racista. El tono está al servicio del disparate que es toda la historia y en el medio compara racistas de hoy con los de antes. La película comienza con la escena clásica de Vivien Leigh caminando entre los muertos con la bandera del Sur flameando sobre ellos en Lo que el viento se llevó, como una demostración de que Hollywood ha sido cómplice de las conductas discriminatorias que —Lee lo alerta hace 30 años— nunca se habían ido del todo.

Belmonte

En un año cargado de buenas películas uruguayas de ficción (La noche de 12 años, Las Olas, La noche que se repite), permitáseme  destacar Belmonte, la prontamente penúltima película de Federico Veiroj, un director en crecimiento que tiene un universo propio en su cine, una herencia de la generación Control Z a la que perteneció y de la que en Belmonte figuran viejos camaradas. Fiel a ese Dogma 95 local que nunca nadie suscribió pero que marcó a fuego al cine uruguayo, Veiroj ha hecho películas personales, inquietas y cinéfilas, en una carrera en ascenso que se inició con Acné, siguió con La vida útil, la española El apóstata y ahora con esta Belmonte que es puro cine. Una historia generacional sobre un artista dividido entre su obra y los requerimientos de ser padre divorciado y con una niña a cargo. Cercana a La vida útil en su tono y en algunos recursos como el uso de actores no profesionales, la música uruguaya de comienzos de la década de 1980 (esta vez es "Imaginate m’hijo" de Leo Masliah), el encuadre expresivo. Gonzalo Delgado conoce el método y compone un Belmonte que resume la duda de muchos de sus cogeneracionales. Gracias a Veiroj además, descubrí algo del cine de Gerard Blain y eso, vale aclarar, alienta cualquier buena disposición para este ranking.

Tren a París 15:17

Pudo haber sido un error aventurar, ya que tiene una nueva película, que 15:17 Tren a París era el cierre del devenir del héroe americano que ha marcado la carrera como actor y director de Clint Eastwood desde los tiempos de su RowdyYates de la televisiva Rawhide. Un personaje que había acompañado los cambios sociales y políticos de su creador y su país con la apariencia de entre otros, Harry “El Sucio” Callahan, el William Munny de Los imperdonables y se cerraba con el martirio y el legado a las nuevas generaciones de su Walt Kowalski de El Gran Torino. Además de construir su díptico sobre el heroísmo de dos bandos enfrentados en la Segunda Guerra (en sus dos obras perfectas: La conquista del honor y Cartas desde Iwo Jima), Eastwood se concentró en retratar a verdaderos héroes famosos (Nelson Mandela en Invictus, J. Edgar Hoover) y anónimos en Francotirador y Sully. 15:17 Tren a Paris  17 es el cierre radical de esa, hasta ahora, trilogía sobre el heroísmo de ciudadanos comunes. Es la historia, protagonizada por los mismos tres muchachos que la pasaron en la vida real, de cómo consiguieron frenar un atentado con bomba en un tren de Amsterdam a París, el 21 de agosto de 2015. Eastwood consigue así su película más nuevaolera: se limita a reconstruir unas rutinarias vacaciones de tres americanos promedio que ven todo lo que hay que ver de Europa aunque parecen no ver nada más que su cámara. Que eso funcione como esas tediosas reuniones familiares de “vamos a ver el video del paseo de los tíos en España,” respalda la idea de que el heroísmo es una cuestión cotidiana y sorpresiva. Ni siquiera la escena de acción es espectacular: un terrorista nervioso es  presa demasiado fácil para los marines. Pero esa austeridad es lo que hace así de interesante 15:17 Tren a París: Eastwood hace una película de tesis sobre los nuevos héroes, el nuevo cine, el nuevo mundo. Y lo hace desde una mirada humanista y nuevaolera y eso, vaya que es una novedad.

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