Obituario

Cronista de varias revoluciones

Falleció Bernardo Bertolucci, uno de los grandes directores de la historia del cine

Bernardo Bertolucci
Bernardo Bertolucci, 1941-2018

"Te gustó el nuevo Bertolucci’”, cantaba Luca Prodan en “La rubia tarada” allá a mediados de la década de 1980. Es un gran certificado del nivel de popularidad y significación cultural de Bernardo Bertolucci, el director italiano que falleció ayer a los 77 años.

Surgido como la franquicia italiana de la expansión mundial que provocó el surgimiento de la nouvelle vague francesa, Bertolucci pasó de ser un irreverente niño prodigio a una de las figuras más establecidas del cine de su tiempo. Ganó dos Óscar (por El último emperador), premios por su carrera en Cannes, San Sebastián y Venecia, una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y un juicio por pornógrafo.

Para conseguir tanto firmó algunas de las grandes películas de su tiempo, en un catálogo en el que habría que incluir El conformista, Novecento, El último tango en París, La luna, Refugio para el amor y Los soñadores. Su carrera abarca (y resume) 50 años de la historia del cine y de la historia de Europa, incluyendo algunas cuantas revoluciones (la sexual, entre ellas).

Su obra combinó las inquietudes sociales y políticas propias de su generación (Bertolucci se afilió al Partido Comunista Italiano en 1961) con preciosismos visuales y complejidades narrativas propias del cine europeo de la década de 1950. Sin embargo, sus movimientos de cámara y cierta tendencia a la grandilocuencia calzaron cómodos con los presupuestos holgados de las superproducciones de Hollywood.

Incluso allí, en lo que podría ser terreno hostil para un comunista italiano, Bertolucci se las ingenió para ubicar alguna de sus preocupaciones principales: la dualidad moral de personajes que no siempre están a la altura de las circunstancias que lo rodean y el sexo como una presencia constante y un motor de las maravillas y las mezquindades humanas.

En El conformista, por ejemplo, el personaje de Jean-Louis Trintignant se convierte en un funcionario fascista para reprimir su homosexualidad y en Antes de la revolución, el protagonista debe decidir entre el compromiso político o la comodidad burguesa.

En los servicios de streaming no hay casi nada de Bertolucci para ver. La única plataforma que tiene algo en su catálogo es QubitTV: allí están "El último tango en París" y "Refugio para el amor".

Nacido en Parma, el 16 de marzo de 1941, la primera inquietud fue la poesía (incluso ganó un premio importante siendo adolescente). Su padre, Attilio Bertolucci, fue profesor y poeta y le presentó a su hijo a su amigo Pier Paolo Pasolini, con quien el joven Bertolucci compartía dos pasiones: la literatura y el cine. Fue asistente de producción en Accatone, un muchacho de Roma , la ópera prima de Pasolini, y al año siguiente, 1962, dirigió su primera película, La commare secca, basada en un cuento de, precisamente, Pasolini.

Aunque es claramente el trabajo de un joven en formación (tenía solo 20 años), La commare secca tiene algunas de las características de su cine posterior: preciosismos visuales y narrativos, sobre una historia que tiene una lectura política. Al igual que en el primer Pasolini, hay también un sesgo neorrealista inevitable.

Aunque los elogios le llegaron tempranamente (y en el medio hizo películas como El conformista y La estrategia de la araña) su fama mundial la alcanzó con El último tango en París, un relato explícitamente sexual con Marlon Brando como un atormentado americano que atormenta a una muchacha francesa (María Schneider). La película se convirtió en un fenómeno global, con acusaciones de misoginia y pornografía como principal combustible. Fue prohibida en todo el mundo (en Uruguay se estrenó recién en 1984) y llegó incluso a hacerle perder los derechos de ciudadano italiano a su director pero también lo convirtió en una celebración mundial.

Su mayor trascendencia, sin embargo, la conseguiría en 1987 con El último emperador, su obra más mainstream en la que cuenta la historia de Pu Yi, el emperador chino que derrocó la revolución de Mao. La película ganó nueve Óscar: mejor película, dirección, guion, fotografía, dirección de arte, vestuario, sonido, edición y música original. Fue además, la comprobación de que Bertolucci era capaz de manejar un presupuesto de 21 millones de dólares y 19.000 extras. Aunque en algunas de sus películas se parecía a Godard (en Partner, por ejemplo), Bertolucci se sentía bien cómodo jugando en la categoría de David Lean.

Junto con Refugio para el amor sobre novela de Paul Bowles y El pequeño Buda, Bertolucci completó lo que él llamó su “trilogía oriental”. Y cierra, justo es decirlo, la parte más importante de su carrera.

Del resto (que incluye Belleza robada y Cautivos del amor) lo más destacado parece ser Los soñadores, la historia de un menage a trois en tiempos de mayo de 1968 y que mezclaba tres intereses bien notorios en Bertolucci: la política, el sexo y el cine.

Mucho del mérito visual de su cine se debe a la presencia del fotógrafo Vittorio Storaro que siempre fue capaz de encontrar el tono ideal ya sea a una épica comunista (Novecento) o un monocromático mundo en decadencia moral (Último tango). Las películas que hicieron juntos son vistosas y coloridas.

Obligado a estar en una silla de ruedas por problemas crónicos de espalda, recientemente apenas filmó Io e te, en 2012, su primera película italiana desde 1981.

Quizás alcancen para entender algunas de las preocupaciones de un director que supo marcar su tiempo. Deja, así, una obra vasta, inquieta, popular y llamativa, un mérito que lo convirtieron en una personalidad del cine gracias a escándalos, carisma y una media docena de obras maestras.

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