CRÍTICA

Crítica de "Rocketman": Hay vidas que solo pueden ser un musical

Crítica de la película Rocketman que protagonizan Taron Egerton y Jamie Bell, y dirige Dexter Fletcher

Taron Egerton en Rocketman
Taron Egerton en la película "Rocketman", sobre la vida del cantante Elton John. Foto: Difusión

A diferencia de Bohemian Rhapsody que era un drama con números musicales, Rocketman es estrictamente un musical sobre la complicada relación entre Elton John (Taron Egerton) y los excesos en su camino a la fama universal. También es la historia de amor platónico entre Elton y su letrista, Bernie Taupin (Jamie Bell, o sea Billy Elliot), la mitad menos conocida de tantos y tantos éxitos.

Acá, las canciones, interpretadas por los propios actores, intervienen en la acción, en una tradición un poco anticuada.

Taron Egerton como Elton John en la película Rocketman. Foto: Difusión
Tráiler de la película "Rocketman"

Es, cierto, una forma apropiada y arriesgada de retratar una vida que parece de fantasía y que para el caso cubre el período en el que Elton John pasó de ser un tímido adolescente a una estrella de rock adicta a todo (hace una lista y es abrumadora). Ese tramo de su biografía (la película es un flashback desde una sesión de rehabilitación a la que llega disfrazado como el demonio más glamoroso del mundo) es una sucesión de números musicales coloridos. Quizás haya sido así en verdad.

El director Dexter Fletcher (que sacó adelante Bohemian Rhapsody) hace un uso interesante de la puesta en escena aunque la originalidad aparece irregularmente. La escena en el Trobadour, el boliche de Los Angeles que impulsó su carrera, y un montaje de tiempo en medio de un número musical están muy bien; otras no tanto.

ficha
Taron Egerton como Elton John en Rocketman
Rocketman [***]
DirectorDexter Fletcher
GuionLee Hall
ConTaron Egerton, Jamie Bell, Richard Madden y Bryce Dallas Howard

Reino Unido/Estados Unidos, 2019.
Fotografía: George Richmond.
Música: Matthew Margeson.
Duración: 121 minutos
Estreno: 30 de mayo.

La decisión de convertirlo en un musical tiene sus contras. Es difícil identificarse con las canciones: hubo funciones de karaoke de Bohemian Rhapsody, algo que acá se va a dificultar. Aunque están los éxitos (al menos del período que va de “Your song” a “I’m Still Standing”) y Egerton está muy bien, las versiones pueden incomodar a quien va por las originales.

La participación del propio Elton John como uno de los productores ya deja claro por dónde pasa la mirada. No se esconden los excesos (sería imposible) pero el tono de musical gana sobre sobre cualquier profundidad

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