En Punta del Este

Crítica: así es "Somos una familia", la japonesa que podría llevarse un Oscar

Lo nuevo de Hirokazu Kore-eda inauguró el Festival de Punta del Este

Somos una familia. Foto: Difusión
Somos una familia. Foto: Difusión

El Festival de Cine de Punta del Este tiene un pasado de gloria, eso ya se sabe. Para escribir un futuro luminoso y mantener su moderado prestigio en la región, apuesta a exhibir una programación escueta, pero valiosa. Ese es el plan de esta edición que comenzó el domingo, y por eso la inauguró con una película inolvidable: Somos una familia (Shoplifters, Hirokazu Kore-eda), ganadora de la Palma de Oro en Cannes y nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera.

Del maestro del cine japonés, Kore-eda, sigue en cartelera Nuestra hermana menor, un bello y optimista drama familiar que tiene su sello personal, pero es apenas un fisgoneo al impresionante talento que demostró en sus mejores trabajos, entre ellos Nadie sabe (Nobody knows, 2004) y Somos una familia, que se estrenará en salas comerciales este jueves.

La familia —el significado de sus vínculos, su desmoronamiento, su reconstrucción— ha sido, desde el legado de Yasujiro Ozu, Kenji Mizoguchi y Akira Kurosawa, tierra fértil para el cine nipón, tal vez la cinematografía que más sensibilidad demostró en retratar sus claroscuros. Kore-eda, un especialista en la temática, propone a la familia como un núcleo que se elige. Sin importar su aparente disfuncionalidad, lo que prevalece es la comunión del cariño, el compromiso del querer, la ternura del cuidar.

Somos una familia
VIDEO | Tráiler de "Somos una familia"

Él, optimista empecinado, confía en que la compasión es la llave para la reconversión del abandono y del descuido, para torcer el destino triste que forjan esos padres que no saben cómo cargar como la responsabilidad de la crianza de sus hijos.

Frente a un acto egoísta, Kore-eda ofrece la otra mejilla y elige contar a los que se quedan, a los que arropan, acarician y harían lo que fuera para cuidar de su manada.

Somos una familia dialoga con la brutal Nadie sabe, en la que una madre abandonaba a sus cuatro hijos en un apartamento diminuto del que les prohíbe salir, dejándoles un poco de dinero y prometiéndoles regresar. El hermano mayor, de apenas 12 años, carga con el peso de sostener —desde todo punto de vista— a los menores.

Mientras que en esta película los niños son ayudados por otros niños, en Somos una familia la propuesta se amplía a una extraña pareja de adultos marginales y a una abuela con su nieta adolescente, que deciden criar, todos bajo a un mismo techo, a un niño de 12 y a una pequeña de cinco que encontraron, en distintos momentos de la trama, en situación de abandono por sus padres.

Para subsistir a sus trabajos precarios, en una sociedad donde un trabajador es un número prescindible, todos en esta familia improvisada cometen pequeños robos en tiendas, sin sentir por ello ningún remordimiento.

Los padres que presenta Kore-eda son inútiles y egoístas. Los niños, en cambio, son víctimas a las que les fue arrebatada la infancia. Son serios y maduros, no van a la escuela aunque les gustaría, pero, inevitablemente, encuentran un respiro en el que logran abstraerse de sus obligaciones y jugar, hacer amigos, divertirse: soñar con ser niños convencionales. Son, aún en la más cruda miseria, niños libres que se esfuerzan por estar alegres.

Kore-eda repite su habitual estrategia narrativa, pero esta vez con una admirable claridad para enhebrar una crítica política. Las acciones transcurren en dos universos. Uno doméstico, que disecciona al hogar como un vientre materno, reconfortante, donde todo sucede superpuesto en un mismo ambiente, y en el que los vínculos entre los personajes se informan mediante actividades como comer, lavar la ropa, bañarse y dormir. El otro universo es callejero, un espacio del que sus personajes se adueñan y utilizan para concretar acciones prácticas.

La esencia del toque de Kore-eda, eso que lo hace un director excepcional, es su dominio para deslizar los conflictos —terribles, realistas— en escenas cariñosas, disfrutables y sobre todo cotidianas.

Las suyas son películas vibrantes, enérgicas, alegres, y al mismo tiempo tristes. Su truco es esparcir el drama por finas grietas mientras la vida fluye, sin detenerse en clímax ni en maniobras forzadas. El tiempo siempre pasa deprisa, y él lo muestra con elipsis invisibles —el pelo que crece, nuevos hábitos incorporados, una ropa en mal estado— que dejan en evidencia un equilibrio que está a punto de romperse.

En Somos una familia, aunque el amor esté, hay una estructura demasiado débil que atenta contra la perdurabilidad del bienestar. Mientras en Nadie sabe parecía muy fácil abandonar a cuatro niños sin consecuencias legales, aquí la buena acción de los marginales no deja de ser un secuestro que puede ser descubierto en cualquier momento.

Siguiendo la dicotomía entre ambas obras, si en Nadie sabe las autoridades están completamente ausentes, en Somos una familia, cuando aparecen, son incapaces de empatizar con la excepcionalidad de este vínculo. Es la soledad del que está en los márgenes contra el conservadurismo, el protocolo, la norma de los que son funcionales al sistema. En el medio, otra vez, son los niños los que ven con claridad en un mundo de adultos tuertos.

Ficha

Somos una familia [*****]

Japón, 2018. Título original: Shoplifters. Dirección y guion: Hirokazu Kore-eda. Música: Sebastián Escofet. Fotografía: Ryûto Kondô. Música: Haruomi Hosono. Con: Lily Franky, Sakura Andô, Kirin Kiki, Mayu Matsuoka, Jyo Kairi, Miyu Sasaki. Estreno: jueves 21 en salas comerciales. La premiere fue en el Festival de Cine de Punta del Este.

Oscar

Las otras nominadas

Somos una familia es una de las aspirantes al Oscar a mejor película extranjera, que se entregará el domingo próximo. Y es la que parece tener más posibilidades de pelearle el premio a Roma, la elogiada obra de Alfonso Cuarón, que sigue en Cinemateca y en Netflix, y tiene 10 nominaciones.

Además, es candidata la polaca Cold War, la otra que ya se estrenó en Uruguay y sigue en cartel en salas comerciales. Está nominada a mejor fotografía y mejor dirección, por el trabajo de Pawel Pawlikowski. Completan la categoría la libanesa Capernaum y la alemana Never Look Away (también nominada a mejor fotografía), sin fecha de estreno acá.

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