ESTRENO

"Criollo", el documental sobre la gastronomía uruguaya que es una historia de amor

El primer largometraje de Pablo Banchero cuenta con el chef Hugo Soca como hilo conductor, y se puede ver hoy y el miércoles 20 en salas de Movie

Hugo Soca en el documental "Criollo". Foto: Prensa Criollo
Hugo Soca en el documental "Criollo". Foto: Prensa Criollo

Es, ante todo, una historia de amor, como muchas, muchísimas de las películas que se han hecho a través de los años. Criollo, primer largometraje de Pablo Banchero como director, es un documental sobre la identidad culinaria uruguaya, pero más que nada es una historia coral de amor: de amor a la comida como elemento comunicador, conector; de amor a la familia, a la tradición, al legado. A lo que somos, a lo que nos gusta ser.

Eso se podrá ver de primera mano hoy en Movie de Punta Carretas Shopping, y el miércoles próximo en Movie Montevideo. Las dos funciones son a las 20.00, y el plan a futuro es poder llevar el film por el interior. Es una experiencia recomendable y, en parte necesaria, para todo uruguayo.

Criollo nació por el amor y porque tenía que nacer. Banchero, de larga experiencia en el mundo audiovisual, conoció al chef Hugo Soca en el rodaje de una publicidad, y el entendimiento entre los dos fue inmediato. “Él hizo que pasara la magia que yo precisaba que pasara”, dice el director en charla con El País, y entonces siguieron en contacto, un día se juntaron a comer, charlaron “y hablamos de cosas, de sueños de hacer cosas”. La comida estuvo metida entre esos sueños y esas ganas, y una vez que Soca le presentó a Banchero a la productora Karen Jawetz, la idea inicial de Criollo se puso en marcha.

Desde el inicio, Banchero tuvo claro que esta no iba a ser una película de Hugo Soca, sino que el cocinero —que conduce De la tierra al plato en Canal 4, edita libros premiados a nivel internacional y que tiene el restaurant Tona, con recetas típicas locales, entre otros proyectos— iba a ser un poco un representante de la identidad gastronómica nacional, y un poco el hilo conductor del relato.

De ahí que Criollo arranque con Soca recorriendo la casa de su infancia, ahora abandonada, en el campo, poniendo en palabras y gestos el marco que se irá llenando luego: la relación con el producto, el alimento, la receta, y la importancia de la comida en el funcionamiento humano desde el punto de vista más emocional posible.

“El hombre plantó su viña para él y las generaciones que vendrán, entonces no se va a ir”, dice en un momento de la película el vitivinicultor Reinaldo De Lucca. “Yo no me puedo ir, ¿a dónde voy a ir? Si acá hemos invertido la vida, ¡el tiempo! Lo invirtió mi abuelo, lo invirtió mi padre, lo invierto yo y lo están invirtiendo mis hijos”, agrega.

“Queríamos hablar mucho de hacer las cosas en comunidad; de la herencia, del valor de la herencia, de dejar un legado de información y cultura que nos dejaron nuestros abuelos y nosotros vamos a dejar, y una cosa de la imperfección de la naturaleza, de que la naturaleza es como es”, explica Banchero sobre las hipótesis sobre las que se basó Criollo, y que fueron comprobando en cada lugar.

"Queríamos hablar mucho de hacer las cosas en comunidad; de la herencia, del valor de la herencia, de dejar un legado"

Pablo BancheroDirector de "Criollo"

Fueron 38 locaciones en total; ninguna aparece nombrada en el film (a excepción de aquellas que son mencionadas por el propio relato de los testimonios), para darle un carácter más global, para transmitir esa sensación de atravesar todo el país y todas sus identidades. De ahí que los personajes a veces sean presentados con nombre y cargo, y a veces con sobrenombre, con nombre y sin apellido, y así. Pepe Mujica, por ejemplo, es presentado exclusivamente como “productor rural”.

Más allá de Soca, de la breve aparición de Mujica o del español Josep Roca, Criollo está lleno de cocineros y productores anónimos, de personajes, de hombres y mujeres que se parecen a otros tantos hombres y mujeres que conocemos, que nos hacen pensar en una tía, un amigo, un vecino, en la abuela. Sobre todo en las abuelas que, como figuras, acaparan el pasaje más emotivo de la película. Porque sí, este documental cubre casi que todos los frentes: hace reír, hace emocionar (y lagrimear), enseña y ofrece historias, y a todos nos gustan las historias. Eso no conoce de fronteras, edades, clases sociales o formas de hablar, igual que la comida.

El director de "Criollo", Pablo Banchero. Foto: Prensa Criollo
El director de "Criollo", Pablo Banchero. Foto: Prensa Criollo

En Criollo están los quesos que se reconocen por el sonido que hacen cuando se los golpea, la receta familiar de boniatos merengados, la mandíbula de un pescado que se guarda casi que como un tesoro, la señora que cocina para ganar un premio en la Patria Gaucha, el hombre que se emociona cada vez que ve la botella de la última cosecha de vinos que hizo con su padre. Están la música de Luciano Supervielle y Luis Angelero jugando un papel muy importante; una fotografía buenísima de Fernando Blanco, entre la luz natural y el recurso de la cámara lenta. Una historia personal central —la de Soca— de superación y éxitos. La parrilla repleta filmada de manera tal que no violenta a los no carnívoros. La herencia y sí, como la premisa del documental promete, el hallazgo del “alma de la cocina uruguaya”, que existe. Y por transitiva, está la identidad nuestra y está, claro, el amor.

Imagen de la película documental "Criollo". Foto: Prensa Criollo
Imagen de la película documental "Criollo". Foto: Prensa Criollo

“Estoy convencido de que hay una cosa de amor total”, dice Banchero hablando de Criollo, “que es eso que pasa con la cocina. Y hacer películas tiene lo mismo: es esto de cocinar para los demás, para que la otra persona se sienta reconfortada”.

PROYECTOS

El recorrido de Pablo Banchero, el director

Además de dirigir Criollo, Pablo Banchero fue productor ejecutivo, filmó, montó, guionó e hizo entrevistas. Y en sus travesías al interior, lo acompañaron fue Federico López como productor, Fernando Blanco como director de fotografía, Benjamín Silva como segundo cámara y Santiago Carámbula como sonidista.

Antes, Banchero dirigió publicidades, videoclips, fue director de fotografía en documentales de Luis Ara y Federico Lemos, y tras este buen debut, tiene varios proyectos en marcha. En camino están un documental sobre pacientes oncológicos que participan de estudios clínicos; otro sobre la gira por el interior que hizo Julieta Venegas, que significó para ella un giro drástico en su carrera; y una serie documental que es como un atlas del mundo.

¿Qué tienen en común todos esos proyectos? “La inquietud, nada más”, asegura.

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