Entrevista

"Podemos hacer cosas que antes soñábamos"

El País charló en exclusiva con Brad Bird, el dos veces ganador del Oscar, que este jueves estrena Los increíbles 2

Brad Bird
Brad Bird ganó Oscar por "Los increíbles" y "Ratatouille" y ahora trae "Los increíbles 2". Foto: Difusión

Estoy a punto de hablar de cine con un director que ganó dos Oscar y eso no es cosa de todos los días. Además, estoy en la sede central de Pixar en Emeryville, un barrio de San Francisco, el reino moderno de la animación. Estoy subiendo al segundo piso del edificio Steve Jobs encontrarme con Brad Bird, que ganó premios de la Academia por Los increíbles y Ratatouille, dos productos de la casa. Bird, que es un tipo muy simpático y uno de los talentos del cine actual, no solo se dedica a los “dibujitos”: ha dirigido a Tom Cruise (en Misión imposible: Protocolo fantasma) y a George Clooney (en Tomorrowland).

Pero ahora tiene nueva película animada y esa es la excusa para hablar de cine con un tipo que ganó dos Oscar. Estamos para hablar de Los increíbles 2, la secuela de su primer gran éxito. Bird tiene una larga carrera y antes de ser uno de los revolucionarios de Pixar filmó quizá la última gran película de animación tradicional (la preciosa El gigante de hierro). Había estudiado cine en el Instituto de Arte de California, en la misma promoción de Tim Burton y John Lasseter, el presidente de Pixar que lo alentó para hacer Los increíbles. Su biografía oficial dice que a los 11 años, de recorrida por los estudios Disney anunció que algún día trabajaría ahí. Finalmente lo consiguió.

Los increíbles 2, de la que El País, accedió a ver los 30 minutos que estaban prontos y que en Uruguay se estrena este jueves 14, vuelve a la familia con superpoderes de la primera parte donde se había dejado y se centra, principalmente, en la nueva vida de los Parr, el clan integrado por Señor Increíble y Chica elástica y sus hijos Violet, Dash y el pequeño Jack Jack. Pero Bird no solo habló de eso en una entrevista exclusiva con El País a la que también se sumaron los prestigiosos productores Nicole Grindle (una histórica de Pixar) y John Walker, habitual presencia en las películas de Bird. Este es un resumen de esa charla.

Los increibles 2
Vea el tráiler de Los increíbles 2, la nueva de Pixar que llega este jueves

—Desde Los increíbles, la tecnología ha cambiado muchísimo...

—Cuando terminé la primera, Steve (Jobs) me pidió que hiciera Ratatouille así que volví enseguida a meterme en otra película. Y solo hubo una película entre Los increíbles y Ratatouille que fue Cars. Y en ese pequeño lapso, la tecnología había mejorado tanto que, por ejemplo, para Ratatouille, los humanos se veían como queríamos en la primera de Los increíbles y eso que entonces estuvimos abriendo camino todo el tiempo cuando lo hicimos. Agregale 10 años a eso e imaginate todo lo que podemos hacer ahora: los avances han sido tantos que pudimos hacer cosas que antes solo soñábamos. Ahora los personajes están más afinados porque los artistas tienen mejores herramientas: la iluminación es mejor, los efectos especiales son mejores. Y las cosas se hacen más rápido sin sacrificar calidad.

—Y qué viene ahora en tecnología...

—Cuando Pixar empezó a hacer películas, cada una tenía una novedad tecnológica. En Monster Inc. era: “¡pudimos hacer pelaje!”, en Buscando a Nemo: “¡hicimos el agua!”. Pero ahora es un medio más maduro así que las novedades o los avances son más sutiles y tienen que ver más con los procesos que con la forma en que se ven las cosas. En la primera teníamos toda una compleja estructura de luces para que se viera la iluminación básica, por ejemplo. No podíamos hacer reflejos pero ahora tenemos mejores herramientas.

—Cambiando de tema, ¿cuál fue la película que lo hizo meterse en este negocio?

—Para mí fueron las películas de animación. Es que algo resonó en mí cuando vi El libro de la selva. Me di cuenta que había alguien que imaginaba cómo caminaba una pantera autoritaria o cómo bailaba un oso. ¡Había gente que se dedicaba a eso! Así que, de repente, ser adulto pasó a ser algo más excitante porque en este mundo sí que había trabajos cool.

—¿Cuando está preparando un proyecto mira otras películas como referencia?

—Empecé en la animación siendo muy joven y cuando tuve que empezar a elegir ángulos de cámara porque aunque uno esté dibujando estás haciendo cine. Y ahí empecé a mirar las películas como una forma de arte. Así que mi manera de interesarme en las películas fue por la animación y empecé a entender por qué algunos directores consiguen transmitir emociones y otros no. Por qué Hitchcock es muchísimo mejor que otros en hacerte sentir ese frío recorriéndote la espalda y qué estaba haciendo para que pase eso. Y cuando empezás en eso, entrás a mirar a otros cineastas de todo el mundo que tienen éxito en eso de hipnotizarte y meterte en sus universos. Y entender por qué eso funciona. Siento que aún no sé la respuesta y lo más interesante es intentar descubrirlo. Si vos conocés ese secreto, decímelo ya.

Brad Bird Oscar
Vea el momento en que Los increíbles ganó el Oscar a mejor animación en 2005

—Usted ganó dos Oscar, se supone que lo debe saber...

—Para nada, sigue siendo un misterio para mí.

—El cine como arte está viviendo un momento de transformación. ¿Cómo lidia usted con las nuevas plataformas?

—La televisión está logrando unos cambios maravillosos en este momento porque tienen los mismos valores de producción que las películas y pueden hacer cosas para adultos o para niños y todo lo que hay en el medio y, lo que es aún más importante, permite contar historias más largas. Si uno tiene un buen libro, verdaderamente hay que llevarlo a su mínima expresión para hacerlo película pero ahora, realmente se puede hacer todo el libro. Dicho eso, en lo personal, amo la idea de desconocidos reunidos en la oscuridad de una sala frente a una pantalla y sin la posibilidad de apretar el botón de pausa. Empieza y uno queda encerrado allí: no podés mandar mensajes o atender una llamada. Eso es lo que a mí me gusta...

—La experiencia del cine...

—Que no se parece a nada. No se asemeja con verlo en casa que es donde, en definitiva, las películas tienen una vida larga. Pero en el corto plazo viven en el cine. Y una vez que estás en el cine, dejás a un lado todas las otras experiencias y te comprometés con un grupo de extraños y comparten juntos ese sueño. Hay un poder en eso que lo conecta con el teatro pero a la vez es distinto porque lo que te presentan son imágenes en el tiempo y eso es único y debe ser protegido.

—¿Y esa experiencia no está teniendo una fecha de vencimiento?

John Walker (productor): Todo el mundo habla hace años de la muerte del teatro pero no se termina nunca. Y la experiencia del cine no se va a terminar porque, por ejemplo, los adolescentes siempre van a tener citas y a dónde van a ir: al cine.

—Se dice que el teatro está muerto y de repente aparece algo como Hamilton y todos tienen que verla en el teatro para experimentar hay que levantar el culo de la silla, ir hasta ahí, pagar la entrada y darse cuenta que vale la pena.

Nicole Grindle (productora): Y el teatro al igual que el cine, no es como lo que se ve en televisión. Es una producción masiva en el que ponemos tanto esfuerzo en cada toma, que hay un diferencial.

—Y en el cine están pasando pila de cosas, aunque a veces pasan en los márgenes. Ahora hay una proyección digital increíble en los que el espectro de color y brillo no se puede creer y el sonido lo mismo. Eso no se puede repetir. Estamos en un tiempo donde el cine se está reinventando...

—Y el lenguaje cinematográfico sigue vivo.

JW: Me gustaría que se volviera a los ‘30 cuando los estudios eran los dueños de los estudios. No creo que eso vaya a pasar pero eso sería una buena manera de que la experiencia sea relevante.

Los cazadores del arca perdida estuvo en cartel un año en el que la gente la siguió descubriendo y recomendando. Si se estrena hoy y no es un éxito en el primer fin de semana, la sacan de circulación. Cuando Steve (Jobs) aún estaba involucrado con esta compañía solíamos ir a las presentaciones de los productos Apple y a Steve le decían que tenía que poner sus productos junto con las otras computadoras en las tiendas. Él odiaba esa idea. Todos le decían que estaba loco y él dijo: “Yo quiero controlar la experiencia”. Y ahora los estudios de cine deberían preocuparse en controlar la experiencia porque ahí es donde pierden al público. La industria del cine debería aprender de Steve porque ver películas sigue siendo también una experiencia única. Y en lo artístico, Hollywood debería apostar más por el riesgo y el cine debería abrazar nuevas ideas de la manera en que lo está haciendo la televisión y le va tan bien.

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