ARTURO VALLS

El conductor que siempre cae bien

En exclusiva con un español presente en la tele uruguaya.

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Arturo Valls, conductor de "Ahora caigo". Foto: Atresmedia.

Cada semana, cuando las empresas dedicadas a la medición de rating presentan sus números, ¡Ahora caigo! está siempre arriba, sea dominando o figurando entre los tres programas más vistos del día en la televisión uruguaya. Así ha sido desde principios de 2014, cuando Saeta lo estrenó y convirtió en un clásico de sus noches, un caballito de batalla que se fue moviendo en la grilla manteniendo un lugar de privilegio.

Hoy, el programa español de entretenimientos se puede ver lunes, martes y viernes a las 21:00 y los domingos a las 20:30 en Canal 10, eso sin contar la repetidora del interior, que lo emite a diario cada tarde. Y su conductor ahora también aparece en La Tele los miércoles a las 22:30 con Me resbala. ¿Qué quiere decir? Que excepto jueves y sábado, Arturo Valls está siempre en prime time en la televisión abierta uruguaya.

Quiere decir también que explicaciones al éxito de ¡Ahora caigo! se podrán buscar muchas y cada uno encontrará la que crea más apropiada, pero algo tiene que ver este hombre que se ha vuelto omnipresente en Uruguay casi tanto como en España, donde es una estrella.

"Yo disfruto muchísimo, me la sigo pasando muy bien y al final es una de las claves. Eso y el atractivo del presentador", dice un poco en broma y un poco en serio Valls, cuando atiende la llamada de El País en el descanso de la jornada de grabación "del ¡Ahora caigo!, como lo nombrará siempre.

"El programa nace en verano no con idea de morir en otoño", publicaba el diario El Mundo en 2011, antes de que Antena 3 pusiera al aire esta adaptación de un formato israelí. El programa se instaló en las tardes españolas con muy buena audiencia, y se quedó hasta ahora. Ese suceso hizo que a Valls lo convocaran a cada rato para oficiar de presentador de shows de entretenimiento: desde 2011 estuvo en Splash! Famosos al agua, Me resbala, Atrapa un millón (acá fue Salven el millón, con Jorge Piñeyrúa), La ruleta de la suerte, Los viernes al show y ¡Boom!, todos en la misma cadena televisiva. Ninguno duró tanto como ¡Ahora caigo!.

"Pues encantado, ¡que dure mucho este programa y este sistema! Porque la gente ve el programa a diario pero yo trabajo dos días a la semana y el resto descanso, disfruto de la familia. Pero cuando vengo me doy la paliza", dice en uno de esos días que le toca ir a grabar.

Estilo.

"Creo que hemos complementado muy bien el estilo de programa con mi manera de conducir. Tengo como un cheque en blanco para la tontería, para ser idiota, y eso se combina muy bien con el concurso en sí y con el elemento de la caída", explica Valls sobre la fluidez con la que todo se da en ¡Ahora caigo!, un programa en el que al juego se le presta tanta o menos atención que a él, que hace de todo por robarse miradas pero sin hacer el ridículo.

—¿Y cuánto de esa tontería tenés cuando no estás haciendo ¡Ahora caigo!?

—Pues la verdad, te puedo decir que muy poca. Sé que a veces decepciona, pero es un poco por la sobredosis que te decía. Cuando uno lleva dos días grabando sin parar, lo último que te apetece es contar un chiste o tener ese tono tan elevado y tan cachondo. Con los amigos sí me gusta la diversión, pero no a ese nivel. Pero es la cruz que tenemos los que hacemos comedia, que cuando te subes a un taxi poco menos que ya te piden un chiste.

—¿Creés que la crisis sociopolítica contribuye al éxito del programa, a que la gente lo mire buscando distraerse?

—Puede ser que sí. El humor y la comedia son una medicina, te sirven para olvidarte de los rollos del día a día, de la política tan pesada, de los políticos tan aburridos. Ahí tienes una válvula de oxígeno: en tiempos de crisis la comedia siempre ha funcionado mejor.

—¿Es normal que en la televisión española, un programa dure cinco temporadas?

—No es lo regular. Cada vez la audiencia es más exigente y sobre todo las cadenas hacen caso a esta audiencia, con lo cual hay una tiranía absoluta. En el momento en que no cumples con lo esperado, te mandan al agujero (se ríe). Yo pediría un poco de calma; hay programas que tienen que rodar para encontrar el tono. Y luego, lo que siempre he reclamado y no llega, es el poco riesgo que asumen las cadenas. Sé que en Uruguay o Argentina se prueban fórmulas un poco más locas; en España lo que esté probado fuera es lo que hacemos. Hay casos excepcionales como Tu cara me suena, que es un formato español que se ha exportado.

—En Uruguay el año pasado se invirtió en una versión uruguaya de Me resbala, y ahora se está emitiendo la española. Tenés mucha presencia en la televisión uruguaya.

—¿Ah sí? Pues qué fuerte. ¿Tendría que hacer unas vacaciones por ahí entonces? En Punta del Este tal vez.

Historia.

Valls estudió periodismo y llegó a la televisión como notero de Caiga quien caiga, donde empezó a saborear el cruce entre la noticia y el humor irónico. Para cuando llegó a la mesa del programa, como conductor, ya tenía claros los beneficios de ese tipo de formatos. "Pero tampoco te creas que antes me interesaba el periodismo de redacción, el periodista de despacho en busca de la noticia. A mí me gustaba más el magazine", se sincera.

Ahí se mostró como un hombre de comedia, y fue convocado para protagonizar la serie Cámera Café, que en España fue un éxito. Su curriculum ha quedado repartido desde entonces entre la conducción y la actuación en tele y en cine, donde incluso se ha probado en drama aunque no por "la obsesión del actor", aclara. Ahora acaba de terminar el rodaje de una comedia de Nacho G. Velilla y en febrero estrenará Los del túnel, película que lo tiene como productor.

"Fue un poco estresante ese trabajo, porque pocas veces ocurre que el protagonista también esté en el set de rodaje y esté mirando desde cuántos bocadillos traen hasta los focos. Pero he disfrutado muchísimo ver desde adentro cómo se fabrica una película", cuenta.

En cada terreno que ha pisado, Valls ha conseguido triunfar y ser valorado por sus pares, y da la impresión de que lo consigue por buen tipo: una charla con él es muy disfrutable. "Mi caso es un poco excepcional, gozo de un privilegio que es poder pasar de una cosa muy mainstream a que te llame gente del underground a trabajar. Parece que cuando haces tele es menos importante, y sin embargo gozo del respeto y me siento muy orgulloso", menciona con total humildad.

"Y poco a poco acabé imitando a Shakira en Tu cara me suena. No sé qué ha pasado por el camino. Pero tampoco es que tenía un objetivo, me lo he ido encontrando todo", reconoce Valls, un omnipresente de la televisión uruguaya actual.

"Tu cara me suena": el personaje y la falta de vergüenza de Arturo Valls.

Por si están dudando, el de la foto es Arturo Valls, interpretando al youtuber Aless Gibaja. Esto lo hizo en una participación especial en la final de Tu cara me suena de este año, pero en 2012, en la segunda temporada, fue uno de los participantes estrella. Terminó en el tercer puesto.

En esa edición le tocó imitar a varias cantantes de esbeltas figuras, como Rihanna, Miley Cyrus o Britney Spears. Pero una de sus actuaciones más memorables fue la de Shakira cantando "Loba", de la que por supuesto hay imperdible registro en YouTube.

—¿Hay algo que te dé vergüenza?

—Mi hijo y mi mujer son los que a veces me censuran (se ríe), pero la verdad es que he tenido muy poca vergüenza de pequeño. También es heredado, mi padre era el que en una comida familiar aparecía disfrazado. Lo que es innato son las ganas de ver a la gente disfrutar, y si es con una peluca y medio desnudo... (se ríe).

El misterio de una caída cautivante.

¡Ahora caigo! es un programa de preguntas y respuestas en el que un concursante va enfrentándose mano a mano con distintos oponentes en un duelo de conocimiento, que como premio tiene 100.000 euros. Hasta ahí es normal, pero la diferencia es que el que pierde cae por una especie de compuerta que se abre de par en par, y hace que la persona desaparezca del estudio.

Hace poco, ¡Ahora caigo! celebró sus mil programas al aire y, para festejar, el conductor se animó a probar la caída.

"Es como una atracción de feria, el suelo se abre a tus pies y hay un momento...", cuenta Valls, al que le cuesta explicar la sensación. "Más que la caída en sí es el suspense, porque la caída son dos o tres metros que caes en colchoneta. Pero cuando se abre y caes al vacío... uf".

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